|
QUE NO SE
INSTITUCIONALICE LA IMPUNIDAD
Homilía de monseñor Jorge Lozano, obispo auxiliar de Buenos Aires en la misa por
las Víctimas de Cromañón (Catedral de Buenos Aires, 11 de setiembre de 2005)
Hace
algunos domingos venimos leyendo pasajes del Evangelio que nos enseñan acerca
del perdón y la misericordia.
Comenzamos contemplando al
Buen Pastor cargando en sus hombros la oveja perdida, que fue buscada con
insistencia, aún dejando a las noventa y nueve en el corral.
La semana pasada Jesús mismo
nos animaba a no dejar de lado a ninguno en la comunidad cristiana, a querer
“ganar” al hermano. Pero también nos hablaba de que ese hermano puede mantener
cerrado el corazón pese a los esfuerzos individuales y comunitarios.
Ante estas insistentes
enseñanzas de Jesús, Pedro se anima a hacer una pregunta que habrá estado en
muchos de los discípulos. (y también en nosotros) “¿Señor, cuántas veces
tengo que perdonar?”. Como aprobando una parte: “perdonar está bien, pero
todo tiene un límite”.
Sorprende la respuesta de
Jesús: “setenta veces siete”, lo cual en lenguaje oriental es “siempre”.
Y enseguida Jesús lo
ejemplifica con una parábola muy expresiva. Un hombre que debe diez mil
talentos, unos sesenta millones de denarios. Si tenemos en cuenta que un denario
era la paga que correspondía a un día de trabajo, esa cifra equivale a dos mil
setecientas cuarenta personas trabajando sesenta años de lunes a lunes y
dedicando el salario sólo a pagar la deuda. Imposible de pagar. A este hombre se
le perdona esta cantidad imposible de juntar. Por eso iba a ser vendido con toda
su familia y sus bienes.
Este hombre sale de la
presencia del rey y no es capaz de perdonar a un compañero suyo que le debe una
cantidad mucho menor, el equivalente a unos cien días de trabajo. Los otros
compañeros indignados, acuden al rey para que haga justicia.
Esta desproporción absurda es
lo que Jesús quiere usar para enseñarnos acerca del perdón. En otro pasaje
evangélico unirá el perdón y el amor: “a quien se le ha perdonado mucho,
demuestra mucho amor”.
El servidor que no perdona
merece el nombre de “miserable”.
La desproporción en el perdón
que Dios nos regala está en el amor.
Por amor dio la vida Jesús
por nosotros. Sólo del amor se pueden decir los títulos de “siempre”,
“absoluto”, “total”, “eterno”, “infinito”.
¿Esto significa que tenemos
que perdonar siempre” Sí. ¿Esto significa que no hay que buscar verdad y
justicia? De ninguna manera. El perdón del cual nos habla el Evangelio no es un
manto de olvido o la institucionalización de la impunidad.
La falta de justicia es
atropello y avasalla la vida débil e indefensa, que es la que más tenemos que
cuidar socialmente. La justicia busca que cada uno se haga responsable de los
propios actos y sus consecuencias, además de tener un valor educativo. La
ausencia de valores, la falta de justicia, la impunidad y la mentira, nada
tienen que ver con el perdón que nos enseña Jesús. Ni siquiera se parece un
poco.
Mons. Jorge Eduardo Lozano,
obispo auxiliar de Buenos Aires
|