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Cuando nos alejamos de la justicia,
perdemos la libertad
Homilía
de
monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo auxiliar de Buenos Aires,
en
la
misa
por
los familiares y víctimas de Cromañón
(Catedral metropolitana,
9 de
octubre de 2005)
Todavía guardamos en nuestro corazón, en nuestra memoria, imágenes
emotivas de la Peregrinación a
Luján
del sábado y domingo pasados. Tantos abrazos y gestos de cariño que
son caricias para el alma y consuelo para el dolor. Tantos Jóvenes
pidiendo “Madre, enseñanos a cuidar la vida”.
Esas
multitudes de jóvenes peregrinos nos alientan en la esperanza y nos
dan ganas de volver a soñar con que un mundo mejor es posible, en el
que no todo está perdido. Y así, con este ánimo dispuesto a recuperar
nuestros sueños más hondos, escuchamos el mensaje del Evangelio.
Las
imágenes que hoy usa Jesús en la parábola nos hablan de los que están
invitados a una fiesta de casamiento del hijo de un Rey.
Nos
cuenta que los que fueron invitados primero prefirieron seguir en sus
cosas, en su mundo. No quisieron reconocer a Jesús como Mesías (figura
que expresa el “hijo del Rey”).
La
segunda parte de la parábola hace referencia a la salvación ofrecida a
los paganos, a todos (salgan a los caminos e inviten a todos).
Dios
nos habla de los “últimos tiempos” como tiempos de fiesta numerosa.
Todos son llamados al banquete. Un amor grande, que no tiene límites
para incluir y abarcar en un abrazo a todos. Está en nosotros la
respuesta de sí o no, de querer entrar o no.
Pero
el Reino futuro no será sólo para más adelante. Es para construir hoy,
para adelantarlo hoy.
Cuantos más hermanos participen en el mundo de la fiesta de la vida,
más cerca de nosotros está el Reino de Dios. En la fiesta de Cristo
Rey, el Reino de Dios se describe como Reino de paz, de justicia, de
libertad, de amor. En la medida en que estos valores fundamentales
están afianzados en la sociedad, más cerca está el Reino de Dios, más
cerca estamos de experimentar la fiesta de la vida.
Cuando
nos alejamos de la paz, la justicia, la verdad, perdemos la libertad y
no encontramos el amor. Entonces se van cerrando las puertas de la
sala del banquete excluyendo y discriminando.
Hace
poco tuve la ocasión de celebrar Misa con argentinos residentes en
Alemania. Les conté que una noche vi en el barrio de Belgrano a una
mamá jovencita con sus tres hijos –dos nenas y un varón de entre 6 y
10 años– subiendo barranca arriba un carro cargado de papeles y
cartones: ella tiraba para adelante, los nenes empujaban con fuerza
desde atrás. Pensé con dolor: no hay igualdad de oportunidades; no
todos somos iguales ante la ley; no todos somos iguales ante el
futuro.
Y
repito: el futuro del Reino de Dios no es sólo para más adelante. Es
para construir hoy, para adelantar hoy. Y esta imagen de esta mamá con
sus hijos empujando un carro no son la imagen del Reino de Dios
adelantado. Son un presente que huye hacia adelante que no es lo
mismo.
Estamos hoy también compartiendo esta Misa con familiares de los 16
chicos que perdieron sus jóvenes vidas en el incendio de la discoteca
Kheyvis un 20 de diciembre de hace casi 12 años. Sus emociones, sus
ausencias no nos son ajenas. Sientan ustedes hoy nuestro abrazo
espiritual y sincero.
A los
pocos días del 30 de diciembre que enlutó a nuestra ciudad y nuestro
país, escuché una canción que expresaba muchos sentimientos: “Con las
alas del alma desplegadas al viento / ante cada noticia de estupor, de
injusticia / me desangro por dentro y me duele la gente / su dolor,
sus heridas, porque así solamente interpreto la vida”. (Eladia
Blázquez)
Una
vida que tenemos que cuidar juntos. Muchos en Luján se comprometieron
en este camino. Pidamos que todos en nuestra Patria asumamos ese
cuidado. Cuanta mayor responsabilidad, más energía hay que dedicar.
Recemos por quienes surjan electos legisladores en las próximas
elecciones, para que no claudiquen en la búsqueda del bien común.
Que la
búsqueda de la verdad y la justicia abra las puertas al banquete de la
vida a tantos hermanos nuestros excluidos.
Rezamos también por el Congreso de Laicos que durante este fin de
semana ha convocado a hombres y mujeres de diversos lugares del país
“Hacia la Argentina del Bicentenario”.
Algo
nuevo es posible. Dios vuelve a invitarnos a su Reino. Su amor es
eterno.
Mons. Jorge Eduardo Lozano,
obispo auxiliar de Buenos Aires
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