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MISA POR FAMILIARES Y VÍCTIMAS DE CROMAñÓN


Homilía de
monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo auxiliar de Buenos Aires, por los familiares y víctimas de Cromañón
(Catedral metropolitana,
13 de noviembre de 2005)
 

Jesús nos enseña con esta Parábola acerca de la necesidad de ser responsables con todo lo que somos y tenemos. Ser “responsables” significa que por ellos tendremos que “responder”.

“Un talento” equivalía al dinero que se obtenía por 6.000 jornales; algo semejante al salario acumulado por 20 años de trabajo. Prácticamente lo percibido en toda una vida. Una vida que  está destinada a dar frutos abundantes, y frutos que sean buenos.

Esconder cobardemente lo que puede beneficiar a otros, merece el reproche de ser llamado siervo perezoso y haragán. Podríamos recordar otra imagen utilizada en el Evangelio, que nos habla de la hierba silvestre que malgasta la tierra fértil. Gasta, consume, deteriora y no da nada bueno.

La parábola advierte en primer lugar a quienes se encierran y refugian en su mundo de “seguridades religiosas”.

 El culto, la Ley, los lugares sagrados eran vistos como dones de Dios que debían ser custodiados para que no se contaminaran en el contacto con los paganos. Esto les había llevado a no ofrecer el amor de Dios a los demás pueblos e incluso a los más pobres del propio pueblo.

¿Qué bienes tenemos nosotros  hoy?

La Iglesia, los Sacramentos, la Palabra de Dios, los ejemplos de los Santos.

Las cualidades personales, las posibilidades que tenemos en la vida y la vida misma. Desde las cosas aún más triviales y pasajeras, hasta aquellas verdaderamente importantes y permanentes.

La tierra, el agua, la Patria. Los bienes materiales de cada uno y el conjunto social.

De todo esto se nos pedirá cuentas. Deberemos responder. Nos dice San Gregorio Magno: “Cuando venga el Juez, a cada uno de nosotros nos exigirá tanto cuanto nos ha dado. Para que cuando vuelva el Señor podamos estar seguros en el momento de rendir cuentas, que cada uno piense diariamente con temblor cuánto ha recibido”.

Callar sería enterrar el talento.

Cómo nos duele que la vida no sea siempre valorada. La vida de 193 jóvenes no está en juego. Hay miles de familiares de los que murieron y sobrevivientes para quienes jugar ya no será lo mismo. Nos duele que frente a temas tan importantes algunos se comporten como mercenarios de la política privilegiando intereses personales o especulaciones acerca de futuros equilibrios de poder. Cuando se pone la conveniencia por encima de lo que corresponde, ¿no es como enterrar el talento que Dios nos dio?

¿Puede una supuesta disciplina partidaria estar por encima de la conciencia personal y limitar la libertad de cada uno? ¿Es legítimo mirar para otro lado diciendo “yo no fui”?

¿No son esas actitudes merecedoras de enojo y reproche?

Esconder cobardemente lo que Dios puso en nuestras manos para el bien común merece el reproche de ser llamado perezoso y haragán. Con un lenguaje más actual, le agregaríamos corrupto.

La corrupción es echar a perder lo que puede ser bueno. Es dejar que se pudra un alimento noble sin llegar a ser consumido.

La Democracia, la función pública, la responsabilidad ciudadana, son talentos nobles. No dejemos que se corrompan y se pudran.

Que el gusano de la impunidad no pudra nuestra convivencia social.

Pidamos y construyamos los frutos que nos merecemos: verdad, justicia, comprensión.

No más.

Tampoco menos.


Mons. Jorge Eduardo Lozano,
obispo auxiliar de Buenos Aires


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