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CUARESMA DE 2003


Mensaje de Mons. Jorge Rubén Lugones S.J, obispo de Orán,
para la Cuaresma de 2003

 

“Este es el tiempo propicio,
este es el día de la salvación”
(2 Cor. 6,2)


Cuaresma es tiempo de gracia. Por eso el apóstol nos llama la atención: como un tiempo propicio, es decir favorable. Y la Iglesia cada año al comenzar el tiempo cuaresmal nos exhorta con este texto. Tiempo favorable para la oración, meditación de la pasión del Señor, el ayuno y la atención a los necesitados. Tiempo favorable que se ofrece a todo cristiano en el camino de preparación para la Pascua. Camino que invita a pedir la gracia y a poner los medios para salir de nuestro egoísmo, cerrazón, postración, indiferencia y desesperanza.

En cuaresma sobre todo escuchamos la palabra conversión, que implica una atención especial a mi testimonio de vida, si vivo los valores del evangelio, si desde el discernimiento, a la luz de la palabra de Dios, me dejo corregir por el Señor, y me propongo vivir el mandamiento del amor.

El ayuno es un medio, pero un medio excelente para pedir la virtud de la caridad. Pero debemos estar atentos para que no sea algo externo aunque riguroso como lo entendían los fariseos; una interpretación externa de la ley, lo dice Jesús en el Evangelio: “Cuando ayunen no hagan como los hipócritas, que desfiguran la cara para mostrar a todos que ayunan. Les aseguro que ya recibieron su recompensa… porque no son los hombres los que deben darse cuenta de que tú ayunas, sino tu Padre que está en lo secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará” (Mt. 6,16 ss.).

El ayuno material nos hace atentos a dar lo material al que no lo tiene. Es una práctica muy antigua en la iglesia para pedir perdón por nuestros pecados o para alcanzar alguna gracia del Señor. El ayuno espiritual es unir al otro ayuno lo que nos cuesta para vencernos a nosotros mismos: el ayuno de palabras ociosas, el ayuno de la murmuración o de la difamación, el ayuno de los juicios apresurados, el ayuno de los sentidos: miradas, escucha de lo que no nos ayuda, deleites, conversaciones, y el tacto, que podríamos traducir por: acortar las distancias de la indiferencia, acercarnos bien a los demás, tender la mano, hacer el bien sin mirar a quien… El ayuno entonces es un medio agradable a Dios para alcanzar de El la interior ley de la caridad.

El Papa en su mensaje de cuaresma nos dice: Aunque lograra mejorar factores sociales o políticos importantes, cualquier resultado sería efímero sin la caridad. La misma posibilidad de darse a los demás es un don y procede de la gracia de Dios.


Tiempo de dialogar con Dios: la paz del corazón

La oración nos abre a Dios. Dialogar con el Señor implica darme un tiempo para Dios, aún en la falta de tiempo y en las mil ocupaciones… Hacerme un tiempo para escuchar su Palabra, con quietud, con atención, y desde esta escucha poder dejar que el corazón se derrame ante el Señor, como se derramó el perfume sobre los pies de Jesús. Animarnos a esa actitud del espíritu que es un ponerse a los pies de Jesús, ponerse a tiro de Dios, y dejar entonces que ese encuentro nos haga más hijos, más necesitados, más hermanos.

El encuentro con Jesús y su Evangelio nos conduce a la paz del corazón. No es una paz eterna ni inocente, es una paz que debemos pedir y cuidar: “porque el espíritu esta presto, pero la carne es débil”. Es una paz en la lucha contra la tentación, y sabiéndonos acompañados, contenidos y cuidados por el Señor.


Tiempo de dialogar en familia: la paz en familia

No es fácil la convivencia familiar, no es fácil no sentirme con todos los derechos en casa, aún cumpliendo mis deberes la convivencia familiar requiere esa cuota extra de comprensión, silencio, respeto y sufrimiento que son, con la gracia de Dios, imprescindibles para la paz familiar. Es fácil el reclamo, el reto desmedido, la impaciencia, la indiferencia, el cada uno haga lo que quiera, o el portazo; pero cuánto nos cuesta valorar al otro, animar, poner limite con cariño, cuidar del más débil, crecer en la generosidad y en la tolerancia.

La oración en familia nos atrae la bendición de Dios, la comunión. La comunión siempre se verá amenazada por la tentación de la división, es la estrategia tan antigua y tan nueva del maligno. La familia que se une a la Palabra no puede quedar indiferente, o cercada en sus faltas de perdón, la familia que se abre a la escucha de Dios, descubre caminos nuevos y distintos para el diálogo, es decir para vivir la comunión.


Tiempo de dialogo en la comunidad: la paz social

En la fiesta de San Ramón del Año Santo invitaba al encuentro, al diálogo, y al trabajo en común de todos los sectores y actores de nuestra comunidad. Se han dado pasos, pero demasiado lentos para los tiempos dolorosos que vivimos.

Los problemas que vivimos los argentinos y en particular los salteños de este postergado norte de Salta, en los diversos niveles públicos y privados, son el reflejo de una profunda crisis moral de las conciencias.

La moral se refiere a la conducta humana, a las acciones humanas, al comportamiento de los hombres.

Jesús en el Evangelio nos recuerda que es del interior del corazón del hombre de donde sale la maldad en sus variadas formas: egoísmo, corrupción deshonestidad, mentira, robo, violencia etc.

Los obispos decíamos el año pasado que: Conocer los valores no es suficiente para reconstruir la Nación. De hecho, no siempre cumplen la ley los que mejor la conocen. Es más quienes conocemos y predicamos los valores del Evangelio no siempre los encarnamos en nuestro compromiso social. Si la labor educativa de la sociedad y de la Iglesia no pudo hacer surgir una Patria más digna es porque no ha logrado que los valores se encarnen en compromisos cotidianos (La Nación que queremos. 28-9-02).

Sabemos que es la democracia, la forma de gobierno posible para todos, todos debemos aportar, hacer valer nuestros derechos como ciudadanos mandantes y no subordinados, es parte del ejercicio de la democracia en una sociedad de derecho, es decir, respetando los derechos de las demás personas y aportando al bien común. Nos preocupa como cristianos en muchos casos no sentirnos ciudadanos, tal vez hemos delegado mal, pero el único camino de recuperar nuestros derechos es desde lo posible, y lo posible en esta instancia es el diálogo y el compromiso de todos los sectores de la sociedad.

En la visita de los obispos al Santo Padre nos dijo: Aún cuando la misión de la Iglesia es de orden puramente religioso, ello no impide que ofrezca su colaboración para favorecer un diálogo entre todos los responsables a fin de que cada uno pueda cooperar activamente para la superación de la crisis (12-02-02).

La iglesia diocesana de la Nueva Orán haciéndose eco del pedido de los obispos argentinos de extender el diálogo a cada rincón del país, queremos brindar un ámbito espiritual para el diálogo abierto y responsable entre los distintos actores sociales. Somos conscientes de sus dificultades, sinsabores, malentendidos, y hasta posibles manipulaciones con intereses corporativos, pero no podemos evitar el riesgo si es para el servicio de dignificar a la persona humana y aportar al bien común.

Pido a todos mis hermanas y hermanos en Cristo su apertura al diálogo, oración, ofrecimiento de las obras de misericordia y penitencia por este servicio que la Iglesia diocesana esta dispuesta a ofrendar.

La Madre de Dios desde sus distintas advocaciones: Virgen del Carmen, Virgen de la Peña, Nuestra Señora de Fátima, Virgen del Milagro interceda por nosotros y por nuestros hermanos mas necesitados: los más pobres, débiles y sufrientes y nos alcance de Dios el consuelo, la esperanza y el respeto mutuo para escuchar y ser escuchados.


San Ramón de la Nueva Orán, primer domingo de cuaresma de 2003

Mons. Jorge Rubén Lugones, obispo Orán.



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