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TEDÉUM
En
el 210° Aniversario de la Fundación de la Ciudad de San Ramón de la Nueva Orán y
Solemnidad de San Ramón Nonato
Ustedes
son la sal de la tierra, y si la sal se vuelve desabrida, ¿con qué se le puede
devolver el sabor? Ya no sirve para nada sino para echarla al camino para que la
pise la gente.
Ustedes son la
luz para el mundo. No se puede esconder una ciudad edificada sobre un cerro. No
se enciende una lámpara para meterla debajo de la cama, sino par ponerla en un
candelero a fin de que alumbre a todos los que están en la casa. Así pues, debe
brillar su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen al
Padre que está en los Cielos. (Mt. 5, 13-15).
Ustedes son la
sal de la tierra:
sabor, gusto en medio de una rutina insípida, sin atractivo; la sabiduría es el
gusto que plenifica, da el verdadero sabor que no pasa, si la pedimos como don,
la valoramos como recibida de Dios y la compartimos con la misma gratuidad.
Ustedes son la
luz para el mundo.
Ser luz en tiempos en que la mediocridad de lo gris nos invade, en que las
urgencias nos hacen olvidar la importancia de ser luz del mundo, esta luz que no
es nuestra pero que nos toca conservar, fortalecer, acrecentar y que no se puede
esconder sino que debe iluminar a todos los que están en la casa.
La Eucaristía es
ese alimento que nos ayuda a saborear la vida y descubrir la luz con horizontes
de eternidad. La Eucaristía se hace pan partido y entregado, pan de la
comunidad, que nos interpela continuamente desde Jesús hacia el hermano, es pan
de los peregrinos, es pan solidario: dado para dar y darse entero, por amor.
Nos convoca la
acción de gracias a Dios Padre Providente, por permitirnos celebrar un nuevo
aniversario de nuestra ciudad; son ya doscientos diez años de su fundación.
Jesús en el Sermón
de la montaña, después de presentarnos como ideal de vida las Bienaventuranzas,
nos propone con las dos alegorías, la de la sal y la de la luz, cuál debe ser
nuestro testimonio cristiano en el mundo.
La tarea de la
Iglesia desde el Magisterio Social, consiste en aplicar los principios morales
del Evangelio, a la sociedad entera, y de ahí sacar las conclusiones. Porque la
Iglesia a recibido de Cristo el encargo de proyectar la luz del Evangelio sobre
todo el mundo, sobre todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Y difundir
la doctrina, no solamente de la salvación individual, sino también los
principios que hacen al ordenamiento de la convivencia, de la justicia, de la
caridad ejercida con el prójimo. La Iglesia ha recibido esa misión de hacer
brillar la luz del Evangelio a todos los hombres y llevar la verdad de Jesús a
todos, y no se puede ocultar esa luz, ni callar esa verdad, porque sería
traicionar aquella misión para la cual fue fundada.
Escuchamos hablar
de la Pastoral Social, y no nos ocupamos de saber qué decimos, o como los
neófitos que opinan que “la Iglesia no se meta en política”. La pastoral social
es la acción orgánica por la cual la Iglesia, como Pueblo de Dios, se hace
presente, en la sociedad, en las personas y estructuras, para orientar y
promover, a la luz del Evangelio, y de la Doctrina Social de la Iglesia, el
desarrollo integral del hombre y de los hombres.
Por eso no podemos
dejar de advertir una y otra vez sobre la problemática de la tierra, en nuestra
zona, donde los más pobres que quieren trabajar, que desde hace tiempo viven de
lo que producen, son engañados, amenazados, golpeados por los nuevos señores
feudales.
Las desigualdades
en la distribución de los bienes y posibilidades de desarrollo de las personas,
causados por la concentración de la tierra, en manos de unos pocos, genera daños
en el tejido social y deterioro del medio ambiente.
No podemos dejar de
hablar de la realidad social excluyente, que vive el norte de Salta. No podemos
dejar de ver la realidad, el problema habitacional que padecemos: en el país hay
un treinta por ciento total de déficit habitacional, cifras del último censo, y
la provincia de Salta tiene más del cincuenta por ciento.
El concepto de
habitabilidad esta dado por las condiciones materiales de las viviendas,
viviendas no adecuadas, precarias o irrecuperables. Nuestra provincia esta
dentro de las cinco del país primeras en déficit de habitabilidad, con casi el
cuarenta y nueve por ciento. También tenemos uno de las mayores carencias en
cuanto a tenencia de la vivienda, Salta evidencia uno de los mayores niveles de
déficit de tenencia de la vivienda. Es una de las provincias donde no se posee
legalmente el terreno, pero sí la vivienda con valores superiores al treinta y
cinco por ciento.
No tenemos un
control de explotación de los recursos naturales y del medio ambiente. La tala
indiscriminada de nuestras yungas y nuestro monte en el chaco salteño, traen
aparejado el beneficio de la madera para unos pocos sin ningún tipo de
forestación, ni reforestación de la zona. Fenómenos climáticos atípicos como los
sufridos recientemente en Orán, son consecuencia de esta devastación y se van a
repetir.
El negocio del
monocultivo, trae aparejado la contaminación del suelo por los agroquímicos,
genera en los recién nacidos malformaciones; la más común: neonatos con labio
leporino. Una discapacidad que no siempre es posible solucionarla, aún después
de múltiples y traumáticas cirugías.
Cuando el hombre
convierte al pedemonte de las Yungas en una zona prácticamente desértica, es
también un ecosistema propicio para la transmisión de la leshmaniasis y otras
enfermedades endémicas.
Cuando el proceso
de agresión a las Yungas se acentúa, desmontándose cientos de miles de hectáreas
con modernas tecnologías, se produce el desalojo de los habitantes de la región
que se ven forzados a migrar al periurbano de los pueblos. Esta es,
posiblemente, una de las causas fundamentales de la aparición de la leshmaniasis
en la región. Otro fenómeno recurrente en los últimos años en la misma zona es
la aparición del hantavirus, entre otras enfermedades endémicas que también se
constatan actualmente.
Se nos pide ser sal
de la tierra y luz del mundo. La sal para no perder el sabor, pero también sirve
para que los alimentos no se corrompan y duren. Es el sentido del Antiguo
Testamento (Num.18,19) de fidelidad a la alianza, se la llamaba la “alianza de
sal”, era la alianza de Dios con Israel, alianza duradera. Jesucristo sellará
con nosotros una alianza nueva y eterna, en su sangre, en la Eucaristía.
Pidamos al Señor
por medio de nuestro Santo Patrono, San Ramón, que nos muestra en su mano la
eucaristía, que nos libre de la injusticia y exclusión social, que padecemos en
nuestro olvidado norte salteño; esta corrupción de favoritismos sectoriales, que
deja a tantos fuera del sistema.
Que la luz de Dios
nos ilumine para iluminar a todos, y no solamente a los que nos son mas
cercanos, a los que hablan bien de nosotros, a los que nos adulan; no tengamos
miedo de que esta luz ilumine nuestro interior y nos haga corregir el rumbo,
porque se puede corregir lo que se hizo mal, pero no, lo que se ha dejado de
hacer. Luz que se recibe para dar, ella será antorcha inextinguible, que debemos
dejar como herencia de fe, a las futuras generaciones.
Que nuestra Madre,
la virgen del Carmen, que ha recorrido todos estos años con nosotros, nos anime
a hacer de nuestras vidas, un Magnificat, un canto nuevo, desde el compromiso
concreto con nuestros hermanos.
San Ramón de la Nueva Orán, 31 de agosto de 2004.
Mons. Jorge
Rubén Lugones S. J.,
obispo de
Nueva
Orán |