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¡SAN RAMÓN NONATO,
RUEGA POR NUESTRAS FAMILIAS!


Reflexión para la novena de San Ramón Nonato
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de Mons. Jorge Rubén Lugones S.J., obispo Orán - 21 de agosto de 2002


Ante los terremotos de 1862 y 1871 en la ciudad de Orán, el último durante nueve horas, tembló la tierra cuarenta veces, pero sin registrarse ninguna muerte, el pueblo de Orán se vuelve agradecido por intercesión de San Ramón Nonato a Jesucristo crucificado, en acción de gracias al Señor Supremo por haberles conservado la vida.

Ante el temblor de la incertidumbre familiar. Pedimos por intercesión de San Ramón en este año de la “Prioridad Familiar Diocesana”, por todos los padres y madres de familias que tienen la responsabilidad de formar en la fe y en el amor, en el respeto, en la escucha del dialogo, y dar contención a nuestro niños y adolescentes; pedimos por las familias que no se perdonan, las que están en crisis, las marginadas, etc.

En la novena a San Ramón el primer tema de reflexión es: la Vida. El respeto por nuestra vida, el respeto y la responsabilidad común por la vida del otro; especialmente del niño, del anciano, del enfermo, del marginado, etc...

El Evangelio nos hace preguntarnos, Señor ¿Cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber, o, en la calle y te socorrimos, o sin ropa y te vestimos, o enfermo, o en la cárcel y te visitamos?. El responderá: Cuando lo hicieron con alguno de estos más pequeños, que son mis hermanos, lo hicieron conmigo (Mt. 25, 37ss.).

Jesucristo, Señor de la historia, puede otorgarnos las gracias que necesitamos, para que cada uno de los habitantes asuma con grandeza de espíritu las responsabilidades que le competen, a fin de recrear los lazos de amistad social que hagan posible anteponer el bien común a los intereses particulares y sectoriales.

Hoy vivimos los temblores permanentes de la exclusión social, nos preguntamos ante los “mesianismos” que surgen para salvarnos del terremoto, “mesianismos” que se prometen megaprogramas para la Nación, cuando en nuestro postrado norte salteño no hemos dado una atención prioritaria a la emergencia social. Nos hemos evadido del problema de la salud como derecho inalienable para priorizar la prevención y promoción de la salud, a  luchar decididamente contra la desnutrición y la mortalidad infantil, nos evadimos inaugurando hospitales muchos vacíos por falta de medicamentos y toda clase de insumos; o puestos sanitarios que sirven de vivienda a docentes rurales por falta de agentes sanitarios.

No nos hemos hecho cargo de la educación como política de estado, no hemos logrado una educación de calidad para todos, formadora de personas y que las capacite para el mundo del trabajo. No tenemos a esta altura del año  supervisor de religión. Tenemos docentes a cargo de puestos directivos en nuestro Chaco, asumiendo la responsabilidad, pero no el sueldo jerarquizado.

Tenemos una Patria que decimos soberana, a pesar de cada entrega, libre a pesar de tantas esclavitudes… pero no es el momento para seguir lamentándonos pese a la inequidad que desilusiona y a la iniquidad instalada.

Que la dureza de las dificultades acreciente nuestra esperanza en Dios y arraiguen aún más nuestro compromiso con los hermanos más necesitados.

Que desde la familia hasta la comunidad entera se levante la plegaria confiada de un pueblo que reconoce a Dios como fuente de toda razón y justicia.

Tenemos en la primera ciudad de la provincia, después de la capital, una historia común con una fe común legada por nuestros mayores, tal vez como el paralítico del Evangelio (Lc.5,24), está postrada, pero Jesucristo Señor de la historia es el único que puede decir con verdad, ¡Levántate, levántate y camina! No te arrastres más, aunque camines vacilante, la generosidad de tus hijos te sostienen, la honestidad no contaminada de muchos de tus hijos pueden acompañarte. El ejemplo de nuestros mayores, la buena voluntad de los que quieren trabajar y ganarse el pan con dignidad, es un desafío.

El día de la fundación de nuestra ciudad, ante la imagen de San Ramón: protector de la Vida, pedimos que se  nos devuelva este deseo de grandeza, de encuentro, de ser atalaya del norte, una región que necesita no grandes cosas, sino pequeños gestos con gran amor, defender la verdad, creatividad y trabajo constante y perseverante, y respetarnos, para abrirnos a la esperanza, una esperanza ardua, pero que nos devuelve la dignidad de personas amadas por Dios, es una esperanza que no defrauda porque es regalo del corazón de Dios para nuestro pueblo.

Hoy más que nunca nos convoca la esperanza en la vida y por la Vida. San Ramón interceda ante el Señor de la Vida, por nuestras familias. Que nos dé fuerzas para levantarnos y dejarnos recrear por Dios, para comprometernos en la generosidad del servicio y convertirnos en hombres y mujeres para los demás.

San Ramón Nonato, ruega a Dios por nuestras familias.


San Ramón de la Nueva Orán, 21 de agosto de 2002.

Mons. Jorge Rubén Lugones, obispo Orán.


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