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FESTIVIDAD DE
LA DIVINA MISERICORDIA
Homilía de
monseñor Juan Carlos Maccarone, obispo de Santiago del Estero, en ocasión de la
Festividad de la Divina Misericordia (Iglesia catedral, 3 de abril de 2005)
El saludo de paz de Jesús no es simplemente un gesto de gentileza y de buena
educación. Para oídos judíos como lo eran los de los discípulos, la palabra paz
resuena de una manera inconfundible y significa mucho de lo que puede significar
para algunos cristianos que sin querer vamos perdiendo el sentido profundo de lo
que es la paz. Para un judío y para Jesús la paz es la obra perfecta, el origen
de la palabra paz es un verbo que significa completar una obra, perfeccionar una
acción. La paz de Cristo es justamente la obra perfecta y ésta es aquella que él
pretendía, que es el perdón de los pecados. Todo el misterio de Cristo es el
misterio de la Redención, que justamente por un acto misericordioso de Dios
destina a su hijo para cumplir la obra de la Redención, haciendo de su
obediencia el camino de la reconciliación de los hombres con él y permitir que
en él todos los hombres se reconcilien y por lo tanto la paz de Dios que nos
viene por Cristo es algo más que el ajuste de cuentas según la justicia, sino
que rebasa la misma justicia justamente por el perdón.
Justicia
La justicia lo único que hace
es quitar los obstáculos para la paz, pero no hace encontrar a las personas
nunca, son como caminos paralelos, a cada uno lo suyo, pero que nunca llega a
ser nuestro. Definitivamente la paz necesita sobreabundancia del don más allá de
lo justo y tiene como raíz inconfundible en el misterio cristiano y en la
revelación de Dios justamente su misericordia.
El Papa impuso este domingo
como Domingo de la Misericordia, por eso ante el don de Cristo reconozcamos el
costo de la sangre que nos redimió, que es el gesto sobreabundante de Dios con
la cual nos reconcilió con él y nos pone en el mundo para también ser agentes de
paz, por lo tanto tendrá que pasar por la sobreabundancia del don de nuestra
propia vida para que la consigamos y un solo camino es dar el perdón y pedir
perdón.
Una sociedad o una familia
que no sabe perdonar tiene el principio de la disolución; cualquier sociedad que
no tiene los principios del perdón también tiene el principio de la disolución.
El mundo sin el ejercicio abundante del perdón no tendrá nunca paz.
Papa
El Papa fue un maestro de la
misericordia y gestor de la paz, porque fue más allá de la justicia. El gesto de
dar el perdón a aquel que lo quiso matar, aquel gesto también de pedir durante
el jubileo perdón a la humanidad por los pecados de la Iglesia. La obra de la
paz es fruto a su abundante amor que va más allá de lo justo y que exige
justamente la fortaleza del perdón, la humildad del perdón. Dios se humilló
hasta la muerte en la cruz para que todos alcancemos el perdón.
Mons. Juan Carlos Maccarone,
obispo de Santiago del Estero |