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NAVIDAD 2002
Mensaje de los obispos de Río Negro y Neuquén para la Navidad de 2002
Queridos hermanos y hermanas
1. Año tras
año, aprovechando la situación siempre más difícil y complicada que
estamos viviendo, con facilidad aparecen personas que se
presentan a sí mismas como profetas y salvadores, anunciando
cambios audaces. A menudo son las mismas personas de siempre que
vuelven una y otra vez a prometernos una nueva vida con recetas
mágicas. Vida y recetas que, en realidad, son sólo algo de lo que ya
nos han hecho vivir y sufrir.
La
historia de la humanidad, la historia de nuestra patria está llena de
esos falsos profetas y salvadores.
2. Los
invitamos a recordar la vida de un hombre cuya figura destacamos en el
tiempo de Adviento y que fue “más que un profeta”: Juan el Bautista.
Mirando y escuchándolo a él será posible distinguir si los profetas
actuales son falsos o verdaderos.
En
el tiempo de Juan el Bautista la gente esperaba un salvador porque la
opresión política y económica había creado innumerables pobres y
situaciones de verdadera injusticia.
Juan comienza hablando de una exigencia básica para el tiempo
de espera: “Cambien de vida y de corazón“ (Mt. 3,2). No
se puede esperar un cambio si ante todo no estamos dispuestos a
arrepentirnos y a cambiar nuestras actitudes personales y
comunitarias.
*
El grito de Juan tiene eco entre el pueblo porque él lo realiza
desde Dios, desde la experiencia del encuentro personal con el
Dios de la Vida.
Es
esa, entonces, la primera característica que diferencia al verdadero
profeta del falso: hablar desde el encuentro con el Creador, encuentro
que nos obliga a tener una vida plenamente coherente entre lo que
decimos y proclamamos.
* “Preparen el camino del Señor. Allanen sus senderos”
(Mt. 3,3) es luego la primera actividad que Juan propone a los que
querían seguirlo. No es fácil el programa que él presenta, no
propone nada mágico, ni el cambio se podrá dar sin esfuerzo.
Es
esta la segunda característica de un verdadero profeta: no presentar
ilusiones, sino pedir una colaboración y un trabajo que puede costar
fatiga y sacrificio.
*
Por fin llega el mensaje central, el corazón de la predicación de
Juan, que podemos resumir en tres palabras:
Compartir: A los ricos los invita “el que tenga dos túnicas, dé una al que no
tiene y quien tenga que comer haga lo mismo” (Lc. 3,11).
Justicia: A los recaudadores de impuestos les dice que no sean corruptos “No
cobren más de lo debido” (Lc. 3,13).
No violencia:
A los guardias les recuerda “No molesten a nadie” (Lc. 3,14).
Juan no
era ciertamente el profeta que la mayoría de los contemporáneos de
Jesús esperaban y mucho menos las autoridades. Por eso lo mataron,
perdiendo la vida por la palabra dada por un rey borracho a una
jovencita que sólo sabía danzar voluptuosamente.
3.
Así mismo ese pueblo esperaba un Salvador muy distinto del que Dios
envió. La gran masa esperaba a alguien que los liberara de la
esclavitud política y económica; un caudillo que manifestara poder,
fuerza y una gran riqueza; alguien que dominara sin implicar al pueblo
en la liberación; alguien que tuviera un proyecto muy humano de
liberación aunque, en realidad, fuera sólo un proyecto de una nueva y
distinta dominación.
¿Y a
quién envía Dios? A un “niño envuelto en pañales y acostado en un
pesebre” (Lc. 2,12); a un hombre “en todo idéntico a nosotros,
menos en el pecado ”(Hec. 4,15); a una persona que fue “manso y
humilde de corazón” (Mt. 11,29) y del cual Pedro, el amigo más
cercano, resumió la vida con estas simples palabras “ pasó haciendo
el bien”.
4.
¿Cuál es el Salvador que nosotros esperamos
en esta Navidad para salir de la crisis que estamos viviendo? ¿Es
Cristo o estamos soñando y nos dejamos deslumbrar por un salvador
totalmente distinto?
Siempre Dios obra en la misma forma, no se deja condicionar por
nuestros sueños y deseos, nos regala profetas y guías que fácilmente
no tienen las características que podemos desear.
Basta mirar a nuestro alrededor para reconocer esta verdad:
*
es mucho más eficaz la obra silenciosa y callada de muchas mujeres
que cada día se esfuerzan para llevar adelante un comedor comunitario
o una cocina solidaria, que los grandes planes de ayuda social que son
ampliamente publicitados y que también son usados para crear
clientelismo político;
*
tienen un resultado más efectivo las reuniones perseverantes de
unos vecinos en una asamblea popular para estudiar soluciones a
los problemas cotidianos, que las grandes declaraciones o las
reuniones sin sentido, que tienen mucho más prensa;
*
es más oportuno el trabajo de una huerta comunitaria o familiar
o la actividad esforzada en un micro-emprendimiento, que el plegarse
fácilmente a lo que un puntero ordena, con lo que se pierde no sólo
la capacidad de trabajar, sino la misma dignidad personal;
*
es más verdadera la solución buscada en común entre los
miembros de una familia o entre los vecinos de un barrio, que la
receta mágica que un charlatán cualquiera puede presentar, aunque esta
última sea a menudo publicitada con una gran propaganda radial y/o
periodística.
5.
Es por esa constante presencia del Salvador entre nosotros que
afirmamos con certeza que la esperanza no está muerta, como no
la estuvo en María, José y los pastores reunidos alrededor del Niño
Jesús. Ninguno de ellos estaba a la espera de alguien que salvara sólo
de palabras, sin tener una verdadera coherencia de vida, ni interés
para lograr una vida digna para todos los que estaban acuciados por la
indigencia y la opresión.
Esa
misma esperanza debe brillar en nuestra vida. En efecto nos recuerda
el Card. Pironio: “ La esperanza cristiana es esencialmente
actividad y compromiso. No es espera pasiva y ociosa de felicidad
supramundana, de liberación futura. No es evasión del tiempo, sino
construcción efectiva de la historia” (Escritos Pastorales Pág.
80, Ed. BAC).
6.
Es esta esperanza que nos hace ser suficientemente optimistas
delante de este nuevo año 2003. Las próximas jornadas electorales nos
deben encontrar como activos partícipes: es este un compromiso social
que no podemos dejar de lado.
Es
por eso que además de un llamado a la conversión personal, nos parece
necesario insistir en un cambio de estructuras que nos ayuden a ser
“una nación cuya identidad sea la pasión para la verdad y el
compromiso para el bien común” (Oración por la Patria, CEA
9/7/01).
Creemos estar interpretando a la gran mayoría de los habitantes de
esta región, si afirmamos que muchos quieren participar en la
realidad local y nacional y que, por eso, se están buscando nuevos
caminos y se está, siempre con más fuerza, afirmando que no es verdad
que el neo-liberalismo sea el único camino posible para resolver los
problemas de un mundo globalizado.
7. La venida de Cristo en la simplicidad y la pobreza, en una
forma totalmente distinta de la que se podría haber esperado, nos hace
comprender que esta esperanza cristiana no está fundamentada sobre el
sueño quimérico de falsos profetas o mágicos salvadores, sino sobre el
proyecto salvífico de Dios Padre:
*
el Dios que nos ama,
*
el Dios que nos llama a tomar en serio la historia y a poner en juego
nuestra vida,
*
el Dios que está a nuestro lado en todo momento para alentarnos,
sostenernos y consolarnos.
Feliz Navidad,
entonces, a todos los que, sin dejarse engañar por falsos profetas y
salvadores, saben descubrir al Dios de la Vida en las pequeñas
realidades y en los pequeños actos solidarios de cada momento.
Diciembre de 2002
Mons. Fernando Maletti, obispo San Carlos de de Bariloche
Mons. José Pedro Pozzi,
obispo del Alto Valle Río Negro
Mons. Esteban Laxague,
obispo de Viedma
Mons. Marcelo Melani,
obispo de Neuquén |