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PASCUA 2004

Mensaje pascual de los obispos de Río Negro y Neuquén
 (abril de 2004)


 “A aquel que pasó haciendo el bien
–a Jesús de Nazaret … Dios lo resucitó” (Hech. 10, 38.40)


1. Cristo ha resucitado

“¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? ¡No está aquí, ha resucitado!” (Lc 24, 5-6), esta es la buena noticia que resuena con fuerza en esta Pascua.

Contemplando a Cristo Resucitado se confirma en nosotros la certeza inconmovible de que el amor de Dios es fiel, de que el Padre nunca abandona al hombre: se abren así horizontes insospechados a la esperanza. El futuro se presenta luminoso.

Contemplando a Cristo Resucitado se confirma en nosotros que Él es “el camino, la verdad y la vida”(Jn 14,6). Su vida y su mensaje se transforman en el verdadero camino para una humanidad nueva. En Cristo Resucitado el Padre recrea todo lo que había creado; de modo que siempre otro mundo mejor es posible.

Hoy como ayer Cristo Resucitado sale a nuestro encuentro con un mensaje de vida: “La paz esté con ustedes” (Jn 20, 19); “Levántate y camina” (Lc.5, 23-24); “Vengan a mí todos los que están cansados y afligidos y yo los aliviaré” (Mt.11, 28).


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Signos de resurrección

Cristo Resucitado, nuestra esperanza, se manifiesta hoy en nuestra historia en tantos signos de vida. Basta mirar a tantos jóvenes que sueñan algo distinto y llevan adelante con seriedad sus estudios y su trabajo. No se dejan engañar por falsas propuestas, sino que se juegan por lo que vale, y dan parte de su tiempo a los más pobres en barrios o en misiones rurales. Basta contemplar a tantas mamás que siempre tienen un tiempo para los demás en los comedores, en los pequeños talleres, en la catequesis, en la visita a los enfermos y ancianos, en Caritas, y todo esto sin descuidar sus hogares. Basta mirar a los pequeños productores que se unen para no dejar de sostener su familia con los frutos de la tierra, siempre generosa para quien la trabaja, y a tantos hombres y mujeres que diariamente llevan a su hogar el pan, fruto de su trabajo sacrificado y silencioso. Y cómo no adherir a todos aquellos que no aceptan pasivamente tantas injusticias, sino que luchan pacíficamente por sus derechos. Cómo no valorar también la intención manifiesta de nuestros gobernantes para que el peso de la deuda externa no recaiga sobre los más pobres. Cómo no ver a Cristo Resucitado en tantas familias que caminan unidas educando a sus hijos. Y también en tantos sacerdotes, diáconos y consagrados que cuidan las comunidades cristianas con sencillez y entrega.


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Nuestra historia, una historia desafiante 

Mirando el mundo con los ojos de Cristo Resucitado descubrimos su belleza y sus posibilidades, pero también sus miserias, todo lo que se opone al ideal del evangelio.

Y así esta Pascua nos lleva a decir nuevamente “no” a todo lo que atenta contra la dignidad del hombre. No queremos repetir aquí todas las situaciones de injusticia que claman algo nuevo.  Solamente recordamos en esta Pascua algunas: los pobres cada día más pobres; “planes sociales” que no llegan a todos ni a los más sufridos; la insuficiente atención a la educación; los aumentos injustos de sueldos de algunos, frente a tantos otros sueldos que han quedado totalmente fuera de la realidad y que siguen esperando mejorar; la imposibilidad para muchos en tener un techo; la salud sin todos los recursos necesarios para que el enfermo recupere adecuadamente su salud; favoritismos en detrimento de una sana convivencia propia de una sociedad pluralista; la inseguridad que amenaza día a día la vida de muchos; la despoblación del campo; el problema serio de las  “tierras” en el ámbito urbano, rural y aborigen.


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Esta Pascua nos pone en  marcha hacia el encuentro Eucarístico

Como pueblo de Dios en Argentina este año estamos convocados a vivir el acontecimiento del 10º Congreso Eucarístico Nacional,  a celebrarse en Corrientes en el mes de septiembre.

Cristo Resucitado se nos manifiesta de una manera especial en la Eucaristía. En el documento “Jesucristo Señor de la historia” los obispos de la Argentina decíamos: “Esta presencia especial de Jesús en la Eucaristía es una permanente invitación al encuentro con Él, que ha querido entrar en nuestra historia para hacernos partícipes de su vida divina. Saber que allí está nuestro Redentor, el que nos amó hasta el fin, no puede dejarnos indiferentes. Él está allí para encontrase con nosotros, para ofrecernos un abrazo de amistad que colme nuestras angustias y alivie nuestros  cansancios. El está allí para escuchar aquello que con nadie podemos conversar. Está allí para decirnos lo que más necesitamos escuchar. Está para alimentarnos en el camino y derramar su Espíritu de vida en nuestros corazones porque El quiere sanar nuestra debilidad, impulsarnos a la lucha por la verdad y la justicia, y preservarnos de las atracciones del mal que nos seduce y enferma” (JSH 13).


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Esta Pascua nos convoca

. A una profundización en la vida interior. Él está vivo y quiere escucharnos, consolarnos, hablarnos. Vivir en comunión con Dios conduce a vivir en comunión con los otros. Cuanto más nos acercamos a Cristo y a su  Evangelio, más nos acercamos unos a otros. Cuanto más uno se convierte en hombre de oración, más se vuelve un hombre de responsabilidad. Para la Cuaresma que acabamos de vivir el Papa Juan Pablo II nos decía que: “Llamando a Dios Padre nuestro, nos daremos cuenta que somos hijos suyos y nos sentiremos hermanos entre nosotros”. Que esta Pascua nos lleve a recorrer decididamente los caminos de la oración personal, en familia y como comunidad.

. A ver la realidad lo más objetivamente posible. No engañarnos ni dejarnos engañar. Jesús Resucitado nos dice: “la verdad los hará libre”. Llamar a cada cosa por su nombre nos permitirá encauzarnos por el verdadero camino. La verdad no se debe acomodar a nuestros propios intereses. La realidad es compleja y conflictiva. Simplificarla de acuerdo a nuestros propios intereses es, de alguna manera,  mentir.

. Y a asumir nuestro compromiso. Todos podemos y debemos aportar lo nuestro. También al más pequeño entre los pequeños Dios le pide poner reconciliación y solidaridad en relación con los demás. No podemos dejar de aportar nuestro tiempo y talentos frente a tantas necesidades; no podemos dejar de compartir -aún lo poco que tenemos- frente a tanta pobreza. Tampoco  podemos dejar de exigir, frente a tantas injusticias y falta de responsabilidad, a quienes están al servicio del bien común. Que esta Pascua nos transforme en personas y comunidades reconciliadas, solidarias y responsables.


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A nuestros políticos

En la convocatoria al 10º Congreso Eucarístico los Obispos argentinos decíamos: “La sociedad argentina ha sufrido mucho en los últimos años. (...) Preocupa a la mayoría de los ciudadanos el desgaste que afecta a las instituciones de la República, el debilitamiento de los vínculos sociales y la frustración de tantas esperanzas. No atribuimos la crisis a la incapacidad intelectual de sus hombres y mujeres, sino a un bajo aprecio a los valores morales que, sin duda, desacreditó la actividad política y atentó gravemente contre el orden social y la convivencia”

Por eso les decimos a todos ustedes, hombres y mujeres que ejercen el poder político: Vuelvan a dar a la actividad política su razón de ser: servir al bien común.


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En esta Pascua cabe la invitación: no nos dejemos vencer por el mal.

Estamos frente a un presente y un futuro difíciles de entender, porque se entrecruzan oportunidades y amenazas. Queremos mirar este momento de la historia con los ojos de Cristo Resucitado, y con Él  construir un mundo nuevo.

Cristo nos muestra que este es el tiempo de salvación en el que estamos llamados a “renunciar a la inercia y a la comodidad. Hay un nuevo camino que emprender, colmado de una esperanza que no defrauda. No vale la pena demorar la partida” (Navega Mar Adentro 99). Que la Virgen de la Pascua nos acompañe siempre y nos alcance la bendición de su Hijo resucitado.

 
Mons. Esteban Laxague,
obispo de Viedma

Mons. Fernando  Maletti, obispo de San Carlos de Bariloche

Mons. Marcelo Melani, obispo de  Neuquén

Mons. Néstor Hugo Navarro, obispo de  Alto Valle del Río Negro

Mons. José Pedro Pozzi, obispo emérito del Alto Valle del Río Negro

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