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CONSAGRADOS POR EL ESPÍRITU


Homilía de Mons. Carlos H. Malfa, obispo de Chascomús,
en la misa que tuvo lugar el 20 de diciembre en la parroquia Nuestra Señora del Rosario de la ciudad de Maipú, en la que ordenó presbíteros  a los diáconos: 
Christián Javier Gonzáles, Juan Alberto Quelas y Claudio Rodolfo Seal.


Queridos Christian, Claudio y Juan:

En este momento se hace más intensa nuestra oración por ustedes: de parte de sus padres y hermanos, sus familias que los han acompañado con amor; de parte de los Seminarios que los formaron; de parte del presbiterio de la diócesis que desea abrazarlos como hermanos, de la Iglesia de Dios, aquí reunida, toda ella  Pueblo Sacerdotal, que acoge con gratitud y alabanza el don de 3 nuevos sacerdotes contemplando el signo del amor que prolonga la presencia del Dios con nosotros.


1. “El Espíritu Santo descenderá sobre ti” (Lc 1, 35). En el momento de la Encarnación Cristo es ungido Sacerdote en el seno virginal de María por el Espíritu Santo.

En la vida y el ministerio de Cristo todo ocurre bajo la acción del Espíritu Santo (Lc 4,1). El Espíritu lo consagró para llevar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la liberación y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos (Is. 61, 1-2). Ocurre por obra del Espíritu Santo el Misterio Pascual de una sangre que se ofrece a Dios para purificarnos y darnos nueva vida.

Ustedes serán consagrados por el Espíritu transfigurados con las graves palabras de la oración consecratoria: “renueva en ellos el don del Espíritu Santo”. La vocación sacerdotal nos hace comprender y gustar el misterio de la cercanía, de la inhabitación, de la amistad, de la intimidad espiritual, de la inspiración interior, de la dulzura y de la fuerza de la paz y la alegría que el Espíritu Santo concede a las almas mediante la gracia. Crean en la gracia que reciben. El misterio de la gratuidad de la gracia, de la presencia operante del Espíritu se realizará en ustedes, elegidos para el sagrado ministerio transformándolos en dispensadores de los dones de Dios. Así lo decía Pablo VI a un grupo de sacerdotes: “El sacerdote, no sólo recibe la gracia, sino que la difunde; no sólo es santificado por la gracia, sino que por ella misma se convierte en digno instrumento de santificación”. (6.VI.65, Roma).


2. “El Espíritu Santo descenderá sobre ti”

Nos dice el Concilio: “Los presbíteros por la unción del Espíritu Santo quedan marcados con un carácter especial que los configura con Cristo Sacerdote, de tal forma pueden obrar en nombre de Cristo Cabeza” (P.O. 2).

La vida y el ministerio del sacerdote sólo tienen sentido desde una particular “consagración” y “conducción” del Espíritu como en Cristo.

Toda consagración exige separación, dedicación exclusiva, sacrificio. Cristo “a quien el Padre santificó y envió al mundo” es el que los eligió y los hará partícipes de la Unción del Espíritu y los enviará: “Como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo (Jn. 17, 18).

Cristo previene a sus enviados: “Si el mundo los odia sepan que antes me ha odiado a mí”, acuérdense de lo que les dije “el servidor no es más grande que su Señor (Jn 15) y Cristo pide al Padre que no los saque del mundo sino que los preserve del maligno y los consagre en la verdad. Como sacerdotes estarán ubicados en el mundo, tendrán que amarlo y padecerlo, entenderlo y asumirlo para redimirlo. Pero sus corazones están segregados y consagrados totalmente a Dios por el Espíritu. La misión está dentro de los hombres y no fuera: “ustedes son la sal de la tierra, la luz del mundo” (Mt. 5, 13-14). Serán testigos auténticos de la Pascua de Jesús ungidos por la “fuerza del Espíritu Santo” (Hechos 1, 8). La palabra de ustedes será fuego, su presencia claridad de Dios, sus gestos comunicadores de la esperanza de la salvación si el Espíritu los cambia interiormente en Jesucristo.


3. “El Espíritu Santo descenderá sobre ti”

La consagración del Espíritu los marcará de un modo definitivo. Los cambiará radicalmente en Cristo dejándoles sin embrago la experiencia de la debilidad y la misma posibilidad de pecado (Heb. 5, 2-3); el Espíritu les dará la seguridad con la sensación serena de la propia pobreza y pequeñez; el Espíritu los iluminará interiormente pero les impone la oración y la búsqueda, el estudio y la consulta; el Espíritu los fortalece con su potencia sobrenatural pero les hará sentir la necesidad de los otros.

Hermanos y hermanas: el sacerdote no puede ser comprendido y aceptado sino desde la fe. De lo contrario resulta absurda su exigencia: su cruz, su obediencia, su celibato, su silencio.

Como Cristo será “signo de contradicción” (Lc 2, 34). Si lo juzgamos humanamente será siempre “escándalo” y “locura” (1Cor. 1, 23).

La fe nos ubica al sacerdote en el corazón del misterio divino que es misterio de amor “Dios es  amor” (1Jn 4, 16). Lo primero que revela el sacerdote es que “Dios amó tanto al mundo que le dio a su Hijo único” (Jn 3, 16); la vida de estos 3 jóvenes, una existencia sacerdotal es como Cristo, una donación del Padre y un signo de que Dios no quiere la condenación del  mundo sino que el mundo se salve por Él (Jn 3, 17).

Queridos hijos: el Espíritu Santo los consagrará para ser la revelación y la donación extrema del amor, para ser sacerdotes capaces de amar como Jesús, para ser sacerdotes que saben compadecerse de la multitud fatigada y abatida (Mt 9, 36), de la muchedumbre que padece hambre (Mt 15, 32), que saben conmoverse ante el dolor (Lc 7, 13) y llorar ante la muerte (Jn 11, 35), para que la indiferencia no les seque nunca el corazón y en la absoluta posesión del Espíritu de Amor vivan la plenitud del don del celibato en alegría fecunda y fiel.


4. “El Espíritu Santo descenderá sobre ti”

El Espíritu que habitará en ustedes como “fuego divino” y como “Maestro interior” derramará en sus corazones la “caridad pastoral”, la caridad inmensa, profunda, universal de Cristo, el “Buen Pastor”, conocedor personal de sus ovejas, pronto a dar la vida por ellas, con inquietud misionera por las extrañas (Jn 10, 14.16), siempre dispuesto a buscar y cargar sobre sus hombros a la extraviada (Lc 15, 4-7). Es luminosa la frase conciliar: “Los presbíteros conseguirán de manera propia la santidad ejerciendo sincera e incansablemente sus ministerios en el Espíritu de Cristo” (PO 13). como ministros de la Palabra y de la Eucaristía, conductores del Pueblo de Dios. Por la Palabra servirán a los hermanos abriéndoles “los misterios del Reino de los cielos” (Mt 13, 11), marcándoles el camino de las Bienaventuranzas (Mt 5, 3-11) indicándoles el mandamiento principal (Mt 22, 34-40), servirán a los hermanos convocándolos en asamblea de Dios: “El Pueblo de Dios se reúne ante todo por la Palabra de Dios Vivo, que absolutamente hay que esperar de la boca de los sacerdotes (P.O. 4). Al mismo tiempo se harán servidores de la Palabra poniéndose a la “escucha” y disponiéndose a recibirla en ustedes mismos que los hará discípulos del Señor cada día más perfectos.

Por la Eucaristía servirán a los hermanos consagrando “el pan vivo, bajado del cielo” y comunicándoles la carne de Cristo “para la vida del mundo” (Jn 6, 51) y realizando la comunidad eclesial porque por la Eucaristía “vive y crece continuamente la Iglesia” (L. G. 26).


5. En este día les pido que cuiden mucho y siempre la propia vida espiritual. Subrayo: la confesión sacramental y la dirección espiritual frecuentes según el Papa San Gregorio “el supremo arte es la dirección las almas”. ¿Cómo puede pretender un sacerdote dar consejos espirituales a quienes le son encomendados para su cuidado pastoral sin recibirlos él mismo? El sacerdote que confiesa sus pecados y permite que le conozcan y le ayuden en la dirección espiritual es un sacerdote humilde en el que Dios obrará grandes cosas, será feliz y hará mucho bien a las almas.

Como en María, se cumpla en ustedes la Palabra. El que los llamó es fiel y es Él quien lo hará. Amén.


Mons. Carlos Humberto Malfa,oobispo de Chascomús



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