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"VAYAMOS JUNTOS AL PESEBRE"
Mensaje de Mons. Carlos Humberto Malfa,
obispo de Chascomús para la Navidad de 2002
¡Feliz
Navidad!,
les deseo con corazón de pastor, de amigo y de padre.
Volvamos
a escuchar las palabras del Evangelista Lucas que nos describe el
sentido inmenso de la Navidad:
“...
No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para
todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador,
que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal; encontrarán
un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
...
¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que
gozan de su amor!” (Lc.2, 10-14)
Los
invito a contemplar en el pesebre la sencillez y la hondura del
Misterio que cambió el curso de la historia y que marca el momento de
la irrupción de Dios en la humanidad. ¡Vayamos juntos al pesebre!,
porque nos ha nacido el Salvador.
Jesús en
el pesebre muestra a Dios, no sólo en su omnipotencia y grandeza; sino
a un Dios cercano que asume nuestra naturaleza y miseria. Dios que
busca al hombre.
Jesús
nos revela la gloria de Dios escondida en su presencia, y se revela en
la visible pobreza de la humanidad.
Contemplar el pesebre
El
pesebre es el lugar de la contradicción y la ternura. Una realidad que
hay que aceptar, sufrir y padecer, pero la que el amor y el misterio
transforman tiernamente.
Es el
lugar de la crisis y de la esperanza. Allí está la intemperie, el
abandono, la soledad, en definitiva la exclusión; sin embargo en la
humildad del pesebre se manifiesta lo nuevo. Dios se hace hombre para
nuestra Salvación.
En el
pesebre, todas las miradas están vueltas hacia el Niño, pero son
miradas de pobres y sencillos las que pueden descubrirlo porque es
necesario que nazca en una situación inhumana la dignidad de toda la
vida, como una liturgia del amor de Dios por todos.
El
pesebre nos revela el valor sagrado de la vida, la necesidad de
cuidarla en todas sus manifestaciones, desde que se inicia en el seno
materno y el derecho inalienable a que nazca y crezca en condiciones
de amor, dignidad y justicia.
Es un
mensaje que envuelve a todos, al que cree y al que no cree, porque se
trata del milagro de la vida. “En el pesebre Dios se ha hecho hombre
para el hombre se haga Dios” (San Ireneo), es decir para que el hombre
se reconozca a imagen y semejanza de su Creador y viva hacia El. No
dejemos que la vida se dañe, se pierda o se apague.
La
encarnación, en cierto sentido, hace que todo hombre se encuentre y se
una a todos los hombres. Dios viene. Encontrados por Dios nos
reconocemos y nos abrimos al otro como hermano. Es la oportunidad para
revisar nuestras actitudes para con los otros, cercanos: la familia,
los amigos, los vecinos, los compañeros de trabajo o de estudio; y
para con quienes en nuestra Patria, sufren y esperan.
En esta
Navidad de 2002, la Argentina es como un pesebre pobre, quebrado,
castigado por la miseria, la desnutrición, la injusticia y la
corrupción. Como cristianos sepamos esperar contra toda esperanza
porque nos ha nacido el Salvador, y convirtamos nuestro corazón para,
con humildad aprender a empezar siempre de nuevo. ¿Acaso no es eso
construir el Reino?.
Mirar las actitudes en el pesebre
Les
propongo un paso más. Miremos juntos las actitudes de aquellos que
rodearon el misterio del nacimiento de Jesús, para renovar las
nuestras.
María,
la mujer fecunda y fértil. La “que creyó”, la que “hizo la voluntad
del Padre”. La mujer cargada de esperanza y en la que habitó la
esperanza. Elegida desde toda la eternidad. La mujer del sí, de la
fidelidad, y del Magníficat. María, atenta a la Palabra de Dios y a
guardar todo en su corazón. La disponible para que en ella fuera
posible el proyecto del amor de Dios. Sin la apertura y la libertad
donada de María no hubiéramos tenido al Salvador.
José,
el hombre de un corazón que quiere ser fiel, aún sin entender. El
hombre que renuncia a todos sus intereses, perdona y confía.
El
hombre que deja de lado sus inquietudes y descansa en el sueño de Dios
para él y para la humanidad. El hombre emprendedor, dispuesto, que no
se deja vencer ni frustrar, porque cree.
El
hombre que hace silencio para escuchar a Dios, aun en las noches más
oscuras. El hombre que resiste pacíficamente y ama tiernamente. El
hombre que sabe cuidar la vida y encontrar la oportunidad donde todo
parece destruirse.
Los pastores,
son los hombres que habitan en pleno campo y permanecen atentos y
responsables de su rebaño. Son los hombres y las mujeres de buena
voluntad, de mirada limpia y transparente, de corazón alegre y
sencillo. Gente solidaria, amable. Dispuesta a trabajar la tierra y a
cuidar la vida. Hoy, los pastores son también, los que queriendo no
encuentran trabajo y se sostienen por el empeño, el esfuerzo y la
lucha cotidiana por los suyos. Son los niños con hambre y los ancianos
olvidados en muchos lugares. Son todos los que no se cansan de admirar
la grandeza de lo simple y no dejan de asombrarse.
Los Reyes Magos,
son aquellos con actitud para responder a las citas de Dios. Los
líderes y dirigentes que se incomodan y se ponen en marcha para las
nobles empresas. Son los que dan lo que tienen, comparten sus riquezas
y se hacen solidarios. Son los hombres bien que hacen el bien. Son los
que siguen la estrella de la esperanza y saben mirar donde otros no
ven. Son los que saben que sólo se debe adorar al Señor nuestro Dios,
y que nada hay en la tierra por lo que merezca la pena perder el
corazón. Son los hombres y las mujeres comprometidos con un proyecto
nuevo para el país y para la humanidad.
Alabar a Dios nuestro Señor
Queridos
amigos, necesitamos hacernos como niños para descubrir las raíces de
nuestra fe, tan admirablemente simple e inexplicable. Necesitamos de
la alegría más genuina de nuestro corazón para asombrarnos siempre.
Necesitamos del silencio contemplativo para alabar a Dios en nuestro
interior, en la vida que se manifiesta y en los hermanos.
Dejémonos tocar por la experiencia de un Dios cercano que nos sale al
encuentro, ello nos permitirá nacer de nuevo y recemos juntos:
“Recibe
el clamor de un pueblo creyente, dispuesto a cambiar su corazón para
comprender el misterio de tu nacimiento. Tu Navidad nos propone hacer
más fecunda la fraternidad, la solidaridad, la justicia y el amor
entre nosotros.
Acepta
Señor, nuestra oración de alabanza. Queremos hacerla con los labios y
el corazón de María, tu Madre, que ha contemplado tu rostro y ha
escuchado tus palabras: “Dichosos los que escuchan la Palabra de
Dios y la practican” (Lc. 11, 28)”.
Que la
bendición del Niño Jesús llegue a cada uno de ustedes, de sus familias
y amigos. Los recuerdo en la oración y les deseo una buena y santa
Navidad.
Mons.
Carlos Humberto
Malfa,
Obispo de Chascomús
Para
meditar personalmente, en familia o en comunidad:
*
Vuelvan
al texto de Lucas (2, 1-14)
con actitud de contemplación y oración. ¿Qué nos revela Jesús en esta
Navidad concreta de 2002?
*
Al
contemplar el pesebre, ¿qué actitudes creo que necesito en este
tiempo?. ¿Cuáles necesitamos como pueblo?
*
Dediquen
un tiempo sereno, y si fuera posible en silencio, para repasar las
actitudes de María, José, los pastores y los Reyes Magos. ¿Qué dicen
hoy a mi / nuestra vida? |