|
MENSAJE DE NAVIDAD
Mensaje de Mons. Carlos Humberto Malfa,
obispo de Chascomús para la
Navidad de 2003
Queridos hermanos y hermanas:
“Cuando un silencio profundo envolvía todas las cosas, y la noche
había llegado a la mitad de su camino, tu Palabra omnipotente bajó del
cielo, desde su trono real”.
1. Este texto sugestivo -del libro de la Sabiduría 18, 14-15-
se incorporó a la liturgia cristiana celebrando la entrada en el mundo
del Verbo Encarnado: la Navidad. San Juan nos presenta a Jesús como la
“Palabra” eterna e increada que “se hizo carne” y vino a convivir con
nosotros “como Hijo único del Padre” para revelarnos el rostro
invisible de Dios y hacernos participar de su filiación divina.
Recibimos
esta revelación con la fe que la Iglesia ha recogido en su Credo:
“Creemos en Jesucristo, su único Hijo, el cual por nosotros los
hombres descendió de los cielos y por obra del Espíritu Santo nació de
María Virgen y se hizo hombre”. San Agustín recordando esta Profesión
comenta en uno de sus sermones “¡Despierta, hombre! Dios, por ti, se
ha hecho hombre”. Y San Lucas nos trae esta buena noticia en el
mensaje del ángel de la Nochebuena: “Les anuncio una gran alegría, que
lo será para todo el pueblo: les ha nacido hoy, en la ciudad de David
un Salvador, que es el Mesías, el Señor” (Lc. 2, 10-11).
“Encontraron a María, a José y al Niño acostado en el pesebre” (Lc. 2,
16).
2. Navidad es Dios que nace en una familia. El siervo de Dios
Pablo VI cuando fue como peregrino a Tierra Santa expresaba: “Que
Nazaret nos enseñe el significado de la familia, su comunión de amor,
su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable, lo
dulce e irreemplazable que es su pedagogía y lo fundamental e
incomparable que es su función en el plano social”. Aquí está la cuna
de la civilización del amor y de la paz y la fuente del futuro con
esperanza para la humanidad.
3. San León Magno nos invita a alegrarnos: “no hay lugar para
la tristeza en el día que nos nació la Vida” y el Niño que
contemplamos en el Pesebre es el Buen Pastor que nos dirá: “Yo he
venido para que tengan Vida y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10). La
Navidad nos invita a volver la mirada hacia el gran misterio de la
vida, para descubrir y maravillarse por este don lleno de gratuidad,
belleza, invitación a la libertad y responsabilidad. Misterio de la
vida que suscita en nosotros una actitud contemplativa, generosa,
cargada de asombro reverencial por la perfección de la obra de Dios.
“El
pueblo que andaba entre tinieblas ha visto una luz inmensa. Sobre los
que vivían en tierra de sombras brilló una luz... Porque un Niño nos
ha nacido, un hijo se nos ha dado. Se llamará “Consejero admirable”,
“Dios Todopoderoso”, “Siempre Padre”, “Príncipe de la Paz”
(Isaías 9, 1-15).
4.
La Navidad renueva nuestro amor por el bien necesario e imprescindible
que es la familia para toda la sociedad y por la sacralidad de la
vida.
En la
Navidad contemplamos la familia y la vida caminando juntas. Una larga
crisis moral ha herido la belleza y el esplendor de la verdad sobre la
familia y la vida comprometiendo el futuro.
La
Navidad nos trae un nuevo comienzo. La crisis puede ser conducida y
guiada en la dirección de la esperanza del pueblo. Es necesario
creerlo y quererlo: educando en los valores, reconstruyendo
pacientemente la confianza, recomponiendo los vínculos en la
sinceridad del amor, fortaleciendo la solidaridad, saliendo de
nosotros mismos para ir al encuentro de los hermanos.
La luz de
la Navidad permita abrir una nueva instancia para superar la
dificultad en lograr que el proceso parlamentario alcance un análisis
profundo y sereno, el diálogo fecundo y democrático con la sociedad
abierto a la verdad y el bien, y el reencuentro con las raíces
culturales, el sentido de trascendencia y la fe que dan identidad a
nuestra sociedad. Particularmente en aquellos proyectos legislativos
que en forma directa intentan debilitar la misión insustituible de la
Familia y más grave aún cuando avanza sobre el valor sagrado de la
Vida, primer derecho humano que fundamenta una sociedad.
Jesús
nace para todos: para los que creen y los que dicen no tener fe, su
luz nos muestra un camino para construir un mundo más humano.
Dios nos bendiga a todos en el Niño Jesús.
María, la Virgen de la Navidad nos lleva de la mano por el camino de
una fe que tiene como centro a Jesús, el Hijo del Padre, perfecta
imagen de Dios y figura del hombre perfecto, referencia absoluta de
todo auténtico crecimiento humano.
Les deseo
¡Feliz Navidad! Llena de luz y de alegría, de paz y de esperanza.
Mons.
Carlos
Humberto
Malfa,
obispo de Chascomús
|