Queridos Hermanos y Hermanas:
Próximos al Jubileo quiero reflexionar y compartir
sobre un aspecto esencial de nuestra Tercera Línea de Pastoral, el ser una iglesia
misionera y sobre todo nuestro caminar hacia la misión «ad gentes»- fuera de la
diócesis.
Esta cualidad misionera de la Iglesia hace a su esencia e identidad. Nosotros mismos en
nuestro norte santafesino fuimos beneficiarios desde el siglo pasado del anuncio
salvífico de Jesucristo en nuestras tierras. Recordemos al padre Hermete Constanze,
franciscano que murió evangelizando a los aborígenes de San Antonio de Obligado, donde
están sus restos. Como él tantos sacerdotes, religiosas y laicos, han trabajado en
nuestra región.
Nuestra misma diócesis nació misionera de la mano de su primer obispo, monseñor Juan
José Iriarte.
Ante la proximidad del año jubilar y el inicio del próximo milenio el Espíritu Santo
nos renueva y nos impulsa a la misión. «Podemos decir que en nuestro continente se
vislumbra una primavera misionera». (R.M. 1).
Esta cualidad esencial de la Iglesia, también la
debemos asumir cada uno de nosotros, como fruto del amor experimentado de Dios y que
queremos testimoniar desde nuestra propia vocación y cotidianeidad.
Las parroquias, los movimientos y comisiones tendrán la tarea permanente de revisar desde
su ardor misionero sus propias estructuras organizativas y acciones pastorales. En nuestro
tiempo tendremos el gran desafío de irrumpir en los «sectores». Tener en cuenta al
laicado en su propia realidad de docentes, comunicadores, políticos, trabajadores rurales
... o tantas víctimas de sectores marginales (segunda línea de pastoral). Asumir este
desafío nos permitirá una Iglesia que misione nuestra cultura.
Desde esta carta quiero compartir una inquietud de la Iglesia: la necesidad renovada de la
misión «ad gentes» o sea, el ir a otros lugares donde no conocen o conocen menos al
Señor.
Durante estos últimos años fuimos madurando desde
la fe este tema de la misión ad gentes. El 24 de febrero de 1997 el Cardenal de La
Habana, monseñor Jaime Ortega, en nombre de la Conferencia Episcopal de Cuba le escribió
una carta a monseñor Estanislao Karlic, presidente de nuestra Conferencia Epis-copal
Argentina, que quiero que la conozcan:
«Excelencia:
La recién concluída Asamblea Plenaria de la Conferencia
de Obispos de Cuba ha tenido a bien hacer público reconocimiento de la valiosa
colaboración que cuatro sacerdotes de la diócesis de San Isidro están brindando a la
acción evangelizadora de nuestro pueblo en el momento presente.
Como es del conocimiento de su Excelencia, la escasez de sacerdotes en las peculiares
circunstancias de nuestro país, se hace sentir de manera sensible por las limitaciones
que afectan el ministerio sacerdotal.
Es por ello que ha sido considerado por los Señores obispos de Cuba extender, por medio
de Su Excelencia, una apremiante solicitud de ayuda en sacerdotes a los obispos de la
Argentina que tengan posibilidad de colaborar en tal sentido.
Aprovecho la ocasión para manifestar la fraternidad de la Iglesia en Cuba y reiterarle
mis sentimientos de afecto en el Señor.
Monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro,
conociendo mi preocupación por el tema de la misión, me envió una carta, aquí va parte
de su texto: «Comprendo que esta carta te puede llamar mucho la atención, pero el
hecho de haber experimentado de un modo directo las necesidades de la Iglesia cubana, me
ha permitido convertirme en una especie de portavoz de la misma. Todo lo que te puedas
imaginar es poco. Comprendo que muchas veces acá en la misma Argentina tenemos problemas
muy serios, pero ninguno llega a equipararse al que están padeciendo nuestros hermanos de
Cuba». (San Isidro, 14 de Abril de 1997).
Después de estos pedidos y pensando en qué
respuestas podríamos brindar desde nuestra diócesis, viajé a Honduras y a Cuba, lugares
que empezaban a aparecer en nuestro horizonte como posibles. En Honduras visité un centro
de formación para laicos que tienen los padres Canadienses (que están en Resistencia,
Chaco). En Cuba, en la diócesis de Holguin, visité algunos sacerdotes argentinos y no
muy lejos de allí a monseñor Sandrelli, obispo emérito de Formosa, con 77 años, quien
presta un servicio misionero en el Santuario de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre.
El viaje me permitió conocer las necesidades de todo tipo, sobre todo espirituales y la
falta de sacerdotes en aquellas tierras. Entendí la solicitud apremiante de mis hermanos,
los obispos cubanos.
Después de haber planteado este tema al
presbiterio, de haber leído estas cartas, algunos sacerdotes me manifestaron su
disponibilidad e iniciamos un diálogo.
En la diócesis se reorganizó la Comisión de Misioneros, se sumó a los numerosos grupos
misioneros, la Infancia Misionera, se acercó a las Misioneras de manzana y
providencialmente un grupo de jóvenes laicos empezó a plantearse la misión ad gentes
con los cuales también iniciamos un camino.
Aunque hace dos años inicié el diálogo con los Consejos Diocesanos y Presbiterio,
recién hace muy poco tiempo profundizamos el tema. Quizá parecía algo muy lejano y
quizá yo mismo no haya encontrado la fórmula adecuada para generar un diálogo más a
fondo.
Creo que ha llegado el momento de reflexionar y
compartir esta dimensión misionera en nuestras parroquias, comisiones y movimientos y de
la misión ad gentes de nuestra Iglesia diocesana.
En definitiva, los sacerdotes y laicos serán
enviados por el obispo pero irán como diócesis, como parte de este pueblo de Dios
reconquistense, que quieren compartir tantos dones recibidos con otros hermanos que
necesitan más que nosotros.
No dudo que la fuerza que el próximo COMLA 6 y CAM 1, Congreso de Paraná y la Jornada
Mundial de las Misiones oración y colecta-, del 24 de Octubre y la reflexión de
esta carta nos ayudará a profundizar en esta condición misionera de la Iglesia, que
providencialmente aparece en nuestra tercera línea de pastoral.
Al finalizar estar carta quiero pedirles la
reflexión, la oración y el compromiso personal y de todas las comunidades, sobre la
dimensión misionera de nuestra iglesia diocesana, sobre todo en este gesto jubilar
, ya que poder realizar este envío de sacerdotes a Cuba, durante el año del jubileo
será la expresión más importante, con la que iniciaremos el nuevo milenio.
El Santo Padre en la Bula de convocatoria del Gran Jubileo nos dice «la entrada en el
nuevo Milenio alienta a la comunidad cristiana a extender su mirada de fe hacia nuevos
horizontes en el anuncio del Reino de Dios».
Les envío un saludo cercano y mi bendición.
Solemnidad de Santa Teresita del Niño Jesús, Patrona de las misiones. Reconquista, 1 de octubre, 1999.
Mons. Juan R. Martinez, obispo de Reconquista