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Hacia la Misión Ad Gentes


Carta pastoral al Pueblo de Dios de la diócesis de Reconquista, de su obispo, monseñor Juan Rubén Martínez, dada a conocer el 1 de octubre de 1999, solemnidad de Santa Teresita del Niño Jesús


Queridos Hermanos y Hermanas:

Próximos al Jubileo quiero reflexionar y compartir sobre un aspecto esencial de nuestra Tercera Línea de Pastoral, el ser una iglesia misionera y sobre todo nuestro caminar hacia la misión «ad gentes»- fuera de la diócesis.

Esta cualidad misionera de la Iglesia hace a su esencia e identidad. Nosotros mismos en nuestro norte santafesino fuimos beneficiarios desde el siglo pasado del anuncio salvífico de Jesucristo en nuestras tierras. Recordemos al padre Hermete Constanze, franciscano que murió evangelizando a los aborígenes de San Antonio de Obligado, donde están sus restos. Como él tantos sacerdotes, religiosas y laicos, han trabajado en nuestra región.

Nuestra misma diócesis nació misionera de la mano de su primer obispo, monseñor Juan José Iriarte.

Ante la proximidad del año jubilar y el inicio del próximo milenio el Espíritu Santo nos renueva y nos impulsa a la misión. «Podemos decir que en nuestro continente se vislumbra una primavera misionera». (R.M. 1).

Esta cualidad esencial de la Iglesia, también la debemos asumir cada uno de nosotros, como fruto del amor experimentado de Dios y que queremos testimoniar desde nuestra propia vocación y cotidianeidad.

Las parroquias, los movimientos y comisiones tendrán la tarea permanente de revisar desde su ardor misionero sus propias estructuras organizativas y acciones pastorales. En nuestro tiempo tendremos el gran desafío de irrumpir en los «sectores». Tener en cuenta al laicado en su propia realidad de docentes, comunicadores, políticos, trabajadores rurales ... o tantas víctimas de sectores marginales (segunda línea de pastoral). Asumir este desafío nos permitirá una Iglesia que misione nuestra cultura.

Desde esta carta quiero compartir una inquietud de la Iglesia: la necesidad renovada de la misión «ad gentes» o sea, el ir a otros lugares donde no conocen o conocen menos al Señor.

Durante estos últimos años fuimos madurando desde la fe este tema de la misión ad gentes. El 24 de febrero de 1997 el Cardenal de La Habana, monseñor Jaime Ortega, en nombre de la Conferencia Episcopal de Cuba le escribió una carta a monseñor Estanislao Karlic, presidente de nuestra Conferencia Epis-copal Argentina, que quiero que la conozcan:

«Excelencia:

La recién concluída Asamblea Plenaria de la Conferencia de Obispos de Cuba ha tenido a bien hacer público reconocimiento de la valiosa colaboración que cuatro sacerdotes de la diócesis de San Isidro están brindando a la acción evangelizadora de nuestro pueblo en el momento presente.

Como es del conocimiento de su Excelencia, la escasez de sacerdotes en las peculiares circunstancias de nuestro país, se hace sentir de manera sensible por las limitaciones que afectan el ministerio sacerdotal.

Es por ello que ha sido considerado por los Señores obispos de Cuba extender, por medio de Su Excelencia, una apremiante solicitud de ayuda en sacerdotes a los obispos de la Argentina que tengan posibilidad de colaborar en tal sentido.
Aprovecho la ocasión para manifestar la fraternidad de la Iglesia en Cuba y reiterarle mis sentimientos de afecto en el Señor.

Monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro, conociendo mi preocupación por el tema de la misión, me envió una carta, aquí va parte de su texto: «Comprendo que esta carta te puede llamar mucho la atención, pero el hecho de haber experimentado de un modo directo las necesidades de la Iglesia cubana, me ha permitido convertirme en una especie de portavoz de la misma. Todo lo que te puedas imaginar es poco. Comprendo que muchas veces acá en la misma Argentina tenemos problemas muy serios, pero ninguno llega a equipararse al que están padeciendo nuestros hermanos de Cuba». (San Isidro, 14 de Abril de 1997).

Después de estos pedidos y pensando en qué respuestas podríamos brindar desde nuestra diócesis, viajé a Honduras y a Cuba, lugares que empezaban a aparecer en nuestro horizonte como posibles. En Honduras visité un centro de formación para laicos que tienen los padres Canadienses (que están en Resistencia, Chaco). En Cuba, en la diócesis de Holguin, visité algunos sacerdotes argentinos y no muy lejos de allí a monseñor Sandrelli, obispo emérito de Formosa, con 77 años, quien presta un servicio misionero en el Santuario de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre.

El viaje me permitió conocer las necesidades de todo tipo, sobre todo espirituales y la falta de sacerdotes en aquellas tierras. Entendí la solicitud apremiante de mis hermanos, los obispos cubanos.

Después de haber planteado este tema al presbiterio, de haber leído estas cartas, algunos sacerdotes me manifestaron su disponibilidad e iniciamos un diálogo.

En la diócesis se reorganizó la Comisión de Misioneros, se sumó a los numerosos grupos misioneros, la Infancia Misionera, se acercó a las Misioneras de manzana y providencialmente un grupo de jóvenes laicos empezó a plantearse la misión ad gentes con los cuales también iniciamos un camino.

Aunque hace dos años inicié el diálogo con los Consejos Diocesanos y Presbiterio, recién hace muy poco tiempo profundizamos el tema. Quizá parecía algo muy lejano y quizá yo mismo no haya encontrado la fórmula adecuada para generar un diálogo más a fondo.

Creo que ha llegado el momento de reflexionar y compartir esta dimensión misionera en nuestras parroquias, comisiones y movimientos y de la misión ad gentes de nuestra Iglesia diocesana.

En definitiva, los sacerdotes y laicos serán enviados por el obispo pero irán como diócesis, como parte de este pueblo de Dios reconquistense, que quieren compartir tantos dones recibidos con otros hermanos que necesitan más que nosotros.

No dudo que la fuerza que el próximo COMLA 6 y CAM 1, Congreso de Paraná y la Jornada Mundial de las Misiones –oración y colecta-, del 24 de Octubre y la reflexión de esta carta nos ayudará a profundizar en esta condición misionera de la Iglesia, que providencialmente aparece en nuestra tercera línea de pastoral.

Al finalizar estar carta quiero pedirles la reflexión, la oración y el compromiso personal y de todas las comunidades, sobre la dimensión misionera de nuestra iglesia diocesana, sobre todo en este gesto jubilar , ya que poder realizar este envío de sacerdotes a Cuba, durante el año del jubileo será la expresión más importante, con la que iniciaremos el nuevo milenio.

El Santo Padre en la Bula de convocatoria del Gran Jubileo nos dice «la entrada en el nuevo Milenio alienta a la comunidad cristiana a extender su mirada de fe hacia nuevos horizontes en el anuncio del Reino de Dios».

Les envío un saludo cercano y mi bendición.


Solemnidad de Santa Teresita del Niño Jesús, Patrona de las misiones. Reconquista, 1 de octubre, 1999.

Mons. Juan R. Martinez, obispo de Reconquista


Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2238, del 10 de noviembre de 1999


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