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La Eucaristía, alimento de esperanza para el nuevo Milenio


Con el título «Carta pastoral al Pueblo de Dios», el obispo de Reconquista, monseñor Juan Rubén Martínez, dio a conocer sus reflexiones con motivo de la
Cuaresma del 2000.


Queridos hermanos y hermanas:

Estamos viviendo la Cuaresma del año Jubilar. Como diócesis hemos hecho un camino de varios años preparando este año Santo. Año de Gracia, de conversión a Jesucristo y a lo que Él nos enseña. Año de peregrinación, como el hijo pródigo de regreso a la casa del Padre.

Junto a la Iglesia, quiero que vivamos este año de Gracia, ligados a la Eucaristía, esforzándonos por penetrar más profundamente este gran misterio, en que Cristo quiso quedarse entre nosotros, en este «Pan y Vino», hecho «su Cuerpo y su Sangre». El Papa en la Tertio millennio adveniente (Doc. Preparatorio del Jubileo), nos ha dicho que el año jubilar será «intensamente eucarístico». En la Bula de Convocatoria al Jubileo Juan Pablo II dice «En la Eucaristía. En el siglo del Pan y del Vino consagrados, Jesucristo Resucitado y Glorificado, luz de las gentes (Lc. 2, 32), manifiesta la continuidad de su encarnación. Permanece vivo y verdadero en medio de nosotros para alimentar a los creyentes con su cuerpo y con su sangre» (I.M. 11).

En esta Cuaresma Jubilar, también nosotros deberemos disponernos de corazón, y decidirnos a sumarnos a la peregrinación de los hijos pródigos que vuelven a la Casa del Padre. Son varias semanas cuaresmales para prepararnos a celebrar la Pascua. Esta peregrinación la podemos hacer profundizando el misterio eucarístico. Adorando a Jesús en cada sagrario, alimentándonos con el Cuerpo y Sangre del Señor.

En esta introducción quiero recomendar la lectura y oración del Cap. 6 de San Juan, meditándolo e integrándolo a la vida. En estas líneas voy a tomar algunos aspectos de la eucaristía, reflexionándolos desde nuestra realidad. Por ahí alguno cree que la Eucaristía es ir a misa y con eso ya está, como si fuese un acto de piedad aislado. El ir a misa, el adorar al Señor en cada capilla está ligado a todo lo que hacemos en el día. Por eso es alimento para la vida cotidiana, culminación y sacrificio de cada opción que realizamos para vivir como cristianos.


La Eucaristía como sacrificio

Reflexión: En la Pascua celebramos la muerte y la vida de Jesús. El Señor que da la vida, la dona por todos nosotros. Es la catequesis más grande del Amor. Amar es dar la vida como Jesucristo, el Señor. En la última cena, que celebramos el Jueves Santo, Jesús celebró sacramentalmente la Pascua, lo que iba a realizar al día siguiente. Y dijo: «Tomad, este es mi Cuerpo ... Esta es mi Sangre de la Alianza...» (Mc. 14, 22-25). En cada misa renovamos el Sacrificio Pascual, donde Jesucristo da su vida, para darnos la vida nueva de los hijos de Dios. En cada misa nosotros también ofrecemos nuestros sacrificios cotidianos, ofrecemos esta búsqueda de vivir el AMOR, dando la vida como hijos de Dios, por nuestros hermanos.

Nuestra realidad: Quizás venga bien en esta Cuaresma que hagamos un repaso desde esta dimensión, la eucaristía como Sacrificio. El amor como sacrificio y donación como nos enseña la Palabra de Dios. Quizás venga bien en esta Cuaresma que hagamos un repaso desde esta dimensión, la eucaristía como Sacrificio. El amor como sacrificio y donación como nos enseña la Palabra de Dios. Quizás venga bien en esta Cuaresma que hagamos un repaso desde esta dimensión, la eucaristía como Sacrificio. El amor como sacrificio y donación como nos enseña la Palabra de Dios.

Tanto escuchamos hablar de la palabra AMOR. La usan las revistas, los políticos, artistas, pero tantas veces está tan alejada de su significado cristiano. Se la usa como «AMOR-placer», donde el otro más que sujeto de mi amor, es objeto de uso. Se la usa como «AMOR-solidaridad» para sacar provecho propio o acrecentar el poder o la fama.

Debo confesar que en las últimas elecciones, el mal uso de la ley de lemas y algunas opciones para conseguir el poder a cualquier precio, demostraron que nos falta madurar nuestra democracia participativa y la necesidad de crecer en actitudes éticas, donde el AMOR-sacrificio, el bien común y el presentar propuestas donde se tenga en cuenta a la gente, pesen más que la ingeniería política para obtener el poder. El poder que no ama dando la vida por los demás, no sirve. Peor, muchas veces mata.

Todos los cristianos tendremos que repasar cómo amamos. En la familia podremos revisar nuestra manera de relacionarnos entre esposos, padres e hijos, como también entre parientes, amigos y vecinos.

Cuando vamos a misa llevamos, ofrecemos nuestro esfuerzo por vivir el AMOR, nuestras opciones, sacrificios y los mismos al sacrificio de Jesucristo, al sacrificio eucarístico. 


La Eucaristía y la solidaridad

Reflexión: El capítulo 6 de San Juan que reflexiona sobre la eucaristía, nos muestra a Jesús ocupándose del hambre de la gente. «¿Dónde podríamos comprar pan para dar de comer a todos estos? Jn. 6, 5 y después iba a realizar la multiplicación de los panes y peces. Jn. 6, 10-11.

La comunión eucarística requiere nuestra preocupación solidaria por las necesidades espirituales y materiales de nuestros hermanos, sobre todo de los más pobres donde encontramos al mismo Jesús.

En la Pascua, celebrada en cada Eucaristía, Cristo realiza la donación de sí mismo por amor. Su amor nos salva. Así el amor pascual es el fundamento de la solidaridad. La adoración y alimento eucarístico nos impulsan a ser solidarios y misericordiosos con todos nuestros hermanos, sobre todo los más necesitados.

Nuestra realidad: Hoy, nuestro tiempo excesivamente mercantil, que concentra poder y riqueza y excluye, requiere de la solidaridad. Hoy, nuestro tiempo excesivamente mercantil, que concentra poder y riqueza y excluye, requiere de la solidaridad. Hoy, nuestro tiempo excesivamente mercantil, que concentra poder y riqueza y excluye, requiere de la solidaridad.

Debemos reconocer que este es un problema que se manifiesta mundialmente en nuestra Patria y se acentúa en nuestro norte santafesino.

Hace algunos años el monte forestal, agricultura y las industrias nacidas del esfuerzo de la gente del lugar, sobre todo el trabajo, hicieron crecer nuestra región. Especialmente en el tiempo de la globalización, la comunicación es vida y crecimiento. La comunicación para crecer económica y socialmente.

Se llaman caminos, puentes que nos integren. Sin embargo, vemos con angustia que los proyectos para el norte santafesino pasan fundamentalmente por la asistencia, que si bien son necesarios para no morir, no sirven para crecer. La sola asistencia, multiplica la pobreza y la dependencia. La falta de proyectos que nos integren al mundo, con leyes y créditos que fomenten la producción y el TRABAJO, caminos y puentes, lamentablemente nos llevan a presentir «una muerte anunciada».

No queremos perder la esperanza. Pero sabemos que el falso optimismo, va contra la esperanza. Se acentuará nuestra esperanza cuando nuestros funcionarios tengan una mayor comprensión de corazón de los problemas de tantos miles de hermanos que viven y no se quieren ir de este norte santafesino.

Nuestra esperanza crecerá cuando se manifieste en acciones concretas el protagonismo de los ciudadanos que viven en esta tierras, obreros, empresarios, productores y comerciantes para buscar caminos, propuestas, acciones, para crecer y generar una cultura más solidaria.

Nuestra esperanza se fortalece cuando vemos cómo se ayuda nuestra gente, la solidaridad entre los pobres, la del padre con su hijo sin trabajo o al revés. Gracias a estas formas solidarias, muchos sobreviven en nuestra región.

Aunque Cáritas ya sacó una cartilla quiero recordar nuevamente la Colecta del uno por ciento cuaresmal que realizaremos el 18 y 19 de marzo. Con esta ayuda sincera, movida por una búsqueda de conversión a Dios, podremos ayudar a hermanos que no tienen lo básico para sobrevivir.

Siempre, pero teniendo en cuenta nuestra dura realidad, debemos llamarnos a acrecentar la comunión de bienes. La eucaristía nos anima a compartir el pan. La Cuaresma reclama nuestra generosidad.


La Eucaristía como alimento y adoración al Señor

Quiero resaltar la valoración de la misa en esta porción del Pueblo de Dios, debemos reconocer que somos beneficiarios de una historia de fidelidad a la misión y evangelización.

También quiero señalar el esfuerzo de nuestros sacerdotes que recorren grandes distancias y ponen mucho esfuerzos para celebrar en tantas capillas, escuelas, lugares de culto de nuestros barrios, pueblos, colonias y parajes para que nuestra gente pueda participar de la misa.

También en estos años se ha acentuado muchas veces por pedido de los fieles, la adoración a Jesús en la Eucaristía. Es esperanzador ver el crecimiento de la oración eucarística y el compromiso solidario de nuestra gente, en este inicio del nuevo milenio.

Finalmente, quiero animarlos a que junto a las propuestas de la Iglesia Universal y a la de la diócesis, cada uno y en cada comunidad busquemos caminos para vivir este año Santo Jubilar, la alegría de celebrar a Jesucristo el Señor en estos 2.000 años de su nacimiento.

Caminos que nos integrarán en la peregrinación de los que regresan a la Casa del Padre, para reconciliarse con sus hermanos y participar de la mesa donde Jesús, el Señor nos alimenta con su Palabra y su propio Cuerpo y Sangre.

Les envío un saludo muy cercano y mi bendición.


Miércoles de Ceniza, 8 de marzo de 2000.

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Reconquista


Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº  2257, del 22 de marzo de 2000


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