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MISA DE EXEQUIAS POR JUAN
PABLO II
Homilía de monseñor Juan Rubén
Martínez, obispo de Posadas en la misa de exequias por el Santo
Padre Juan Pablo II (7 de abril de 2005)
La vida y la muerte de nuestro Papa Juan Pablo II han expresado con
claridad que este hombre ha querido conformar su vida a Cristo y que
ha tratado de cumplir la voluntad de Dios. Los 26 años de
Pontificado y la intensidad de su ministerio han hecho que todos
hayamos sentido su paternidad y cercanía. En lo personal debo
señalar que el pasado 22 de diciembre he cumplido 25 años de
sacerdote y que el Papa fue elegido unos meses antes de mi
ordenación, en octubre de 1978. Por lo tanto toda mi vida sacerdotal
estuvo ligada a su pontificado. Él me eligió Obispo en 1994 de la
Diócesis de Reconquista y desde hace cuatro años de nuestra Diócesis
de Posadas. Debo agradecer los momentos plenos que he vivido en las
dos visitas “ad límina” que he realizado en Roma, donde los obispos
dialogamos a solas con el Papa, rezamos con él y compartimos la
mesa, además de recorrer los diversos Dicasterios pastorales de la
Iglesia.
Juan Pablo II en
el inicio de su pontificado señaló que su misión se concentraría en
seguir poniendo en práctica el Concilio Vaticano II. En
numerosísimas encíclicas, documentos y reflexiones el Papa expresaba
la clave de la eclesiología de comunión para evangelizar nuestro
tiempo. En la Carta Apostólica “Novo Millennio Ineunte” que el Papa
nos escribió en el inicio del milenio nos decía: “Sobre esta base el
nuevo siglo debe comprometernos más que nunca a valorar y
desarrollar aquellos ámbitos e instrumentos que, según las grandes
directrices del Concilio Vaticano II, sirven para asegurar y
garantizar la comunión... También se ha hecho mucho, desde el
Concilio Vaticano II, en lo que se refiere a la reforma de la Curia
romana, la organización de los Sínodos y el funcionamiento de las
Conferencias Episcopales. Pero queda ciertamente aún mucho por hacer
para expresar de la mejor manera las potencialidades de estos
instrumentos de la comunión, particularmente necesarios hoy ante la
exigencia de responder con prontitud y eficacia a los problemas que
la Iglesia tiene que afrontar en los cambios tan rápidos de nuestro
tiempo” (44).
No puedo olvidar
el primer encuentro personal con el Papa en el contexto de la
primera visita “ad límina” en 1995. Seguramente al verme un obispo
tan joven, tenía 42 años, el Papa me preguntó si yo recordaba algo
de las vivencias del Concilio. En realidad cuando empezó el Concilio
yo no pasaba los ocho años, y él paternalmente me dijo “Usted
claramente es un obispo post-conciliar”.
Al Papa Juan
Pablo II, Dios le asignó la tarea de acompañarnos en los finales del
siglo XX e introducirnos en este nuevo siglo. En la carta “Novo
Millennio Ineunte” nos decía: “Sobre todo queridos hermanos y
hermanas, es necesario pensar en el futuro que nos espera. Tantas
veces, durante estos meses, hemos mirado hacia el nuevo milenio que
se abre, viviendo el jubileo no sólo como memoria del pasado, sino
como profecía del futuro” (3).
Con su ejemplo de
vida y sobre todo coherencia, nos enseñó que toda nuestra proyección
pastoral carece de sentido sino está avalada por la búsqueda de la
santidad: “En primer lugar, no dudo en decir que la perspectiva en
la que debe situarse el camino pastoral es el de la santidad...” (N.M.I.
30).
En estos días
tantos millones de personas han orado por este hombre que ha
trabajado como un servidor de Cristo, de quien fue su vicario y
sucesor del Apóstol Pedro. Él ha completado el significado de su
vida, para vivir su Pascua y poder encontrarse con nuestro Padre del
Cielo. Esta es la propuesta de Jesucristo, el Señor y todos debemos
desear ese camino. Como Obispo de nuestra Diócesis de Posadas invito
a que en todas nuestras comunidades, sigamos orando por nuestro
querido Papa Juan Pablo II y que especialmente invoquemos al
Espíritu Santo que acompaña siempre a la Iglesia, para que obre en
los que tendrán la misión de elegir al nuevo sucesor del Apóstol
Pedro. En pocos días empezará el Cónclave. No tienen sentido las
especulaciones, sí es fundamental nuestra oración al Espíritu Santo.
En el Paráclito prometido por Jesucristo el Señor, a su Iglesia,
tenemos puesta nuestra esperanza.
Mons. Juan Rubén Martínez,
obispo de Posadas
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