Carta pastoral de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
Solemnidad del Corpus Christi - 29 de mayo de 2005
En este domingo estamos celebrando “el Santísimo Cuerpo y Sangre de
Cristo”. Tenemos en nuestra memoria el gozo de la celebración del
Congreso Eucarístico Nacional que se realizó en la vecina ciudad de
Corrientes entre el 2 y 5 de septiembre pasado. También nuestra
preparación para dicho acontecimiento con las novenas, la
profundización temática en diferentes encuentros, la celebración
especial del Corpus en todas las parroquias y la recordada
celebración conjunta de la zona Posadas en el estadio Guaraní,
fueron durante el 2004 momentos de alegría que nos permitieron
ahondar en la presencia de Jesucristo, el Señor, en la Eucaristía.
Después de la celebración del Congreso Eucarístico Internacional en
México, en octubre pasado, el entonces Papa Juan Pablo II, declaró
un año eucarístico hasta el próximo octubre de este año. Nosotros
como Diócesis resolvimos volver a significar entre otros
acontecimientos el “Corpus” de este año en las distintas
comunidades, resaltando especialmente esta celebración. En la zona
Posadas y Garupá, hemos realizado nuevamente una concentración el
sábado 28 por la tarde, para celebrar la Misa a las 15 horas en el
Estadio Guaraní y posteriormente recorrimos en procesión las calles
de nuestra ciudad, hasta llegar a la Catedral. Creo conveniente
recordar que al celebrar tan festivamente “el Corpus”, continuamos
en la brecha de San Roque González y los misioneros de las
reducciones guaraníes hace 400 años. Las comunidades indígenas
tenían una gran devoción al “Cuerpo y la Sangre del Señor”. En aquel
entonces mientras se realizaba la procesión los indígenas traían sus
instrumentos de trabajo, plantas, ramas, animales para que fueran
bendecidos con “el Corpus Christi”.
El
texto del Evangelio que leemos este domingo (Jn. 6,51-58), nos dice:
“Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá
eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la vida del
mundo”. En la última cena el Señor instituye la eucaristía y desde
aquel momento los cristianos nos reunimos, los domingos para
celebrar la Misa: “El primer día de la semana, cuando nos reunimos
para partir el pan...” (Hch.20,7).
La
eucaristía es el momento culminante del amor, de la donación Pascual
de Jesucristo. Es aquello que expresa la necesidad de vivir en la
caridad y sobre todo practicarla. La comunión del pan y del vino,
del Cuerpo y Sangre, implican que nosotros formamos un solo Cuerpo:
“...todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo,
porque participamos de ese único pan” (1 Cor.10,17). La caridad es
el fundamento del amor solidario tan necesario de asumir con
coherencia en este tiempo en nuestra Patria en que nos tocará
definir que proyecto cultural, que País y que Provincia queremos
ser.
Desde
la eucaristía “pan de vida” y fundamento de comprensión del amor
cristiano, entendemos más profundamente el valor de la vida humana,
de la familia, la justicia, el trabajo como servicio y sobre todo la
inclusión de los más pobres y marginados como claves de todo
proyecto cultural y de toda forma de proyección política, económica,
social... Es fundamental ante la proximidad de un tiempo electoral
como el que se avecina que no solo miremos a los que encabezan las
listas de candidatos, sino a todos los propuestos y fundamentalmente
cuales son sus plataformas y propuestas para ir construyendo una
democracia más sana y madura.
Creo
conveniente retomar el texto de “navega mar adentro” que nos señala:
“En nuestro País constituido mayoritariamente por bautizados,
resulta escandaloso el desconocimiento y, por lo mismo, la falta de
vigencia de la Doctrina Social de la Iglesia. Esta ignorancia e
indiferencia permiten que no pocos hayan disociado la fe del modo de
conducirse cristianamente frente a los bienes materiales y a los
contratos sociales de justicia y solidaridad. La labor educativa de
la Iglesia no pudo hacer surgir una Patria más justa, porque no ha
logrado que los valores evangélicos se traduzcan en compromisos
cotidianos” (38).
El pan
compartido en la eucaristía y celebrado en este domingo del “Corpus
Christi”, nos invita a poner en ejercicio la caridad y comprometer
nuestras opciones cotidianas sabiéndonos responsables del país,
provincia y futuro que debemos construir.
¡Un
saludo cercano y hasta el próximo domingo!