Documentos  
 

NO hay que RELATIVIZAR LOS CONTENIDOS DE LA FE


Carta pastoral de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 
Décimo domingo durante el año - 5 de junio de 2005



El Evangelio de este domingo (Mt. 9,9-13), es elocuente sobre el sentido de la misión de Jesús y por lo tanto la tarea de la Iglesia continuando con la misión que Él mismo le encomendó. El Evangelio se inicia con el llamado de Mateo: “Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió” (Mt. 9,9). Quiero reflexionar sobre este llamado que realizó el Señor, para muchos incomprensible y controvertido. Mateo era un recaudador de impuestos y los que realizaban ese trabajo son conocidos en los evangelios como una clase típica de individuos moralmente reprobados, equiparados muchas veces a los pecadores. En consecuencia, no solo se los consideraba opresores, sino que eran mirados como traidores a su pueblo por colaborar con el poder imperial romano que era invasor. Sin embargo el Señor vio seguramente el corazón de Mateo y lo eligió para ser Apóstol: “sígueme”, le dijo y él no dudó: “Se levantó y lo siguió”.

La otra situación que nos presenta el texto bíblico nos muestra la hospitalidad de Mateo quien invita a Jesús a una comida de despedida con sus amigos, “publicanos y pecadores”. Los pecadores que nos señala el texto bíblico son los judíos no observantes. Por supuesto los fariseos se escandalizaron de Jesús e inmediatamente lo cuestionaron, criticaron y calumniaron diciéndoles a los discípulos: “¿por qué su maestro come con esta gente impura... con publicanos y pecadores?”. Jesús que escuchó estos cuestionamientos aprovechó la situación para hacer una catequesis a sus oyentes, a los de antes y los de ahora: “no son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan que significa: yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mt. 9,12-13).

La Iglesia, así como cada uno de nosotros que formamos parte de ella no quedamos ajenos a esta enseñanza y gesto tan elocuente del Señor, que se distancia a todas las propuestas religiosas que son solo, o fundamentalmente rituales, “puras” o rigoristas, que no se abren a la misericordia. Desde ya que la apertura a “los publicanos y pecadores” de hoy, al mundo, que muchas veces somos nosotros mismos y nuestro hombre viejo, no implican relativizar los contenidos de la fe, ni una especie de relativismo moral. Creo conveniente retomar un texto que cité hace algunos domingos que nos permitirán ahondar sobre la necesidad de ser una Iglesia y cristianos abiertos, proféticos o sea exigentes testigos de las verdades de la fe y a la vez misericordiosos con los hermanos de nuestro tiempo. En “Navega mar adentro”, documento de la C.E.A. nos dice: “Insistimos en la auténtica pedagogía de la santidad que la presenta como ideal atractivo, posible con la ayuda de la gracia, en cada momento de la existencia personal. Así se promoverá un itinerario de formación permanente para la maduración de la fe. Al promover este ideal, queremos estar atentos a las situaciones y a los procesos de las personas y las comunidades. Los principios morales han de ser siempre propuestos y defendidos con claridad, sin olvidar que el crecimiento espiritual y el desarrollo de la conciencia moral son procesos graduales, generalmente lentos en los que la gracia de Dios trabaja con la libertad débil del hombre, sin violentarla” (79).

Con especial alegría quiero agradecer a Dios el protagonismo y participación masiva de nuestro pueblo en acontecimientos de fe como han sido en las últimas semanas: Fátima, Santa Rita y el Corpus celebrado en la cancha Guaraní. Fueron momentos que expresaron claramente el fuerte arraigo del catolicismo popular en nuestra población. Es cierto que alguno me preguntó si esta religiosidad servía ya que muchos de los concurrentes no practican la fe en otros aspectos de su vida cristiana. Sobre este tema seguiré reflexionando el próximo domingo, pero quiero concluir señalando que ninguno debemos sentirnos excesivamente practicantes, porque correremos el riesgo de ser parecidos a los que condenaban a Jesús por compartir con publicanos y pecadores. Lo importante es que nosotros trabajemos para alimentar nuestra disposición y colaboremos con los demás para que como Mateo nos pongamos de pie y lo sigamos a Jesucristo, el Señor.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!


Mons. Juan Rubén Martínez,
obispo de Posadas



Agencia Informativa Católica Argentina
Bolívar 218, 3er. piso, 1066 Buenos Aires,
Tel. (011) 4343-4397 (líneas rotativas) - Fax: (011) 4334-4202
E-mail: info@aica.org - Sitio en Internet: www.aica.org

Copyright © 1996 / 2006 AICA. Todos los derechos reservados.