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El “valor” de la religiosidad popular
en la Iglesia


Carta pastoral de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 
Décimo primer domingo durante el año - 12 de junio de 2005



El texto del Evangelio que leemos este domingo (Mt. 9,35; 10,8), se abre con un resumen de la predicación itinerante de Jesús en Galilea. Señala la compasión que siente el Señor hacia las multitudes. Las gentes están extenuadas, abandonadas, con ello describe las mil vejaciones y molestias a que están sometidos los pobres: “como ovejas sin pastor”. Seguramente también se refiere “al pueblo de la tierra”, término despectivo usado por los fariseos para designar a la gente pobre e ignorante, que no tiene el conocimiento de la ley necesaria para observarla y tampoco recursos para ponerla en práctica. Por eso termina diciendo a sus discípulos: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha” (Mt.9,36-37). Posteriormente el texto se refiere a la elección e institución de los “Doce” Apóstoles.

Providencialmente el texto del Evangelio de este domingo nos permite seguir profundizando con el tema del domingo pasado sobre la apertura de Jesús y la Iglesia, a los “publicanos y pecadores” de hoy o bien la dimensión misionera hacia los que están alejados de Dios. No como los perfectos que salvan a los impuros, sino como los pobres que experimentan el amor de Dios y dan testimonio de Él a sus hermanos.

El domingo anterior reflexionábamos sobre el catolicismo popular expresado en diversos acontecimientos masivos. Creo conveniente que sigamos profundizando sobre el valor que la Iglesia le da a la religiosidad popular tan arraigada sobre todo en nuestra América Latina. El documento de Puebla en México reflexiona sobre este tema y nos dice: “Por religión del pueblo, religiosidad popular o piedad popular, entendemos el conjunto de hondas creencias selladas por Dios, de las actitudes básicas que de esas convicciones derivan y las expresiones que las manifiestan. Se trata de la forma o de la existencia cultural que la religión adopta en un pueblo determinado. La religión del pueblo latinoamericano, en su forma cultural más característico, es expresión de la fe católica. Es el catolicismo popular” (444).

“Porque esta realidad cultural abarca muy amplios sectores sociales, la religión del pueblo tiene la capacidad de congregar multitudes. Por eso, en el ámbito de la piedad popular la Iglesia cumple con su imperativo de universalidad. En efecto, “sabiendo que el mensaje no está reservado a un pequeño grupo de iniciados, de privilegiados o elegidos sino que está destinado a todos” (EN 57), la Iglesia logra esa amplitud de convocación de las muchedumbres en los santuarios y las fiestas religiosas. Allí el mensaje tiene oportunidad, no siempre aprovechada pastoralmente, de llegar “al corazón de las masas” (Pb. 449).

Es importante subrayar la mirada misericordiosa de Jesús, amplia y compasiva que nos presenta el Evangelio de este domingo para comprender la validez de la religiosidad popular y también el compromiso de acompañar y catequizar en una adecuada pedagogía de la Evangelización: “Los agentes de la Evangelización, con la luz del Espíritu Santo y llenos de “caridad pastoral” sabrán desarrollar la “pedagogía de la Evangelización” (EN 48). Esto exige, antes que todo, amor y cercanía al pueblo, ser prudentes y firmes, constantes y audaces para educar esa preciosa fe, algunas veces tan debilitada” (Pb. 458).

Este contexto Evangelizador cargado de desafíos en este inicio del siglo XXI, es el espacio donde deberemos definir que proyecto cultural o bien que visión del hombre, de familia, vida, trabajo... asumiremos los próximos años. No dudamos en pedir la mayor atención a este período de preparación para nuestro próximo Sínodo Diocesano de 2007. En poco tiempo comenzarán a circular las encuestas temáticas que serán un instrumento de discernimiento para posteriormente definir los desafíos y temas que empezaremos a estudiar y reflexionar en un documento de trabajo en todas nuestras comunidades.

La cosecha es mucha y los trabajadores somos pocos. Todos debemos comprometernos a colaborar y a participar, ya que nuestra indiferencia permitirá que algunos, pocos, se adueñen del futuro.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!


Mons. Juan Rubén Martínez,
obispo de Posadas



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