Carta pastoral de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
Décimo segundo domingo durante el año - 19 de junio de 2005
En el
texto del Evangelio de este domingo (Mt. 10,26-33), el Señor
instruye a los discípulos y les pide que no teman ante las
dificultades que puedan encontrar en el ejercicio de su misión: “No
teman... al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo
reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante
mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mi ante los
hombres” (Mt.10,32-33). La exigencia profética de toda misión
también es señalada en el texto del profeta Jeremías compuesta del
anuncio de la verdad, del sufrimiento y de la confianza en Dios (Jer.20,10-13).
En realidad todos
estamos llamados a ser profetas desde el bautismo. En la unción
post-bautismal se dice: “Él te unge ahora con el crisma de la
salvación para que permaneciendo unido a Cristo sacerdote, profeta y
rey, vivas eternamente”. Sabemos que no es fácil para los cristianos
ejercitar esta dimensión profética en el mundo que nos toca vivir.
Seguramente los cristianos de cada época de la historia se habrán
sentido como nosotros. Por eso tanto en el pasado, como en nuestro
tiempo la dimensión profética nos exige poner en práctica la Palabra
de Dios. Dar testimonio de nuestra fe. En lo que nos toca a cada
uno, construyendo nuestra vida familiar y social sobre la verdad.
Lamentablemente
el contexto de nuestro tiempo descarta el valor de la verdad y por
eso nuestra gente en general está desengañada y tiene una gran falta
de credibilidad. Lo cierto es que abunda el consumismo, todo se
oferta y se demanda. Lo grave es considerar que se pueda mentir o
engañar con tal que se logre el objetivo de vender. Esto significa
considerar a las personas como objetos de consumo y no “personas”.
Esta inconsistencia y falta de valoración de la verdad se puede dar
en la publicidad para colocar un producto, pero también en una
campaña política o hasta en proselitismos religiosos. Debemos
reconocer que nosotros mismos podemos caer en consumir programas de
televisión o de radio, sin ningún sentido crítico, aún cuando lo que
se nos ofrece es mero sensacionalismo, rating sin ética, o cualquier
tipo de propuestas donde corremos el riesgo de no ejercitar nuestra
condición de “personas”, el don y el ejercicio de la libertad y de
practicar lo que creemos. La dimensión profética hoy está ligada a
la autenticidad y a la búsqueda de la verdad. También en trabajar
por el maravilloso don de la dignidad humana y la búsqueda de
coherencia entre lo que decimos y hacemos.
Creo oportuno
recordar el documento “Evangelii Nuntianti”escrito por el Papa Pablo
VI que hace referencia a un rasgo necesario en los cristianos y que
en este inicio del siglo XXI, debemos acentuar: “Consideramos ahora
la persona misma de los evangelizadores. Se ha repetido
frecuentemente en nuestros días que este siglo tiene sed de
autenticidad. Sobre todo con relación a los jóvenes, se afirma que
éstos sufren horrores ante lo ficticio, ante la falsedad, y que
además, son decididamente partidarios de la verdad y la
transparencia. A estos “signos de los tiempos” debería corresponder
en nosotros una actitud vigilante. Tácitamente o a grandes gritos,
pero siempre con fuerza, se nos pregunta ¿Creen verdaderamente en lo
que anuncian? ¿Viven lo que creen?... hoy más que nunca el
testimonio de vida se ha convertido en una condición esencial con
vistas a una eficacia real de la predicación. Sin andar con rodeos,
podemos decir que en cierta medida nos hacemos responsables del
Evangelio que proclamamos” (76).
Algunas décadas
atrás el Papa Pablo VI hacía una referencia a un reclamo de
autenticidad en la juventud. Sin dudas la verdad y la autenticidad
son valores que cuestan vivirlos, pero son la base de toda
construcción social y personal consistentes. Entre el 18 y 20 de
este mes estaremos en un encuentro regional del N.E.A., unos 200
agentes de pastoral en Formosa. También estaremos los Obispos de la
región, reflexionando sobre la evangelización de los jóvenes en
nuestras Diócesis. En la base de las respuestas, programas de
acción, planificación pastoral, necesariamente está aquello que la
Palabra de Dios nos señala este domingo; la necesidad de no tener
miedo, de vivir buscando la conversión a Jesucristo y de
“reconocerlo abiertamente ante los hombres”. En definitiva vivir más
proféticamente, teniendo en cuenta que muchos hombres y mujeres
antes y ahora han sido ejemplo de magnanimidad y testigos de la
esperanza.
¡Un saludo
cercano y hasta el próximo domingo!