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NUESTRA SEÑORA DE ITATÍ EN LA FIESTA DE LA INDEPENDENCIA


Carta pastoral de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 
Décimo quinto domingo durante el año - 10 de julio de 2005



Ayer, 9 de julio hemos rezado en la Misa de 20 horas el Tedém en nuestra Catedral, la “oración por la Patria”. En ese mismo día en que los argentinos recordamos la Independencia Nacional, también celebramos a Nuestra Señora de Itatí, Patrona de nuestra Diócesis de Posadas. Esta advocación de la Madre de Jesús, es una devoción antigua y querida por el pueblo de Dios de nuestra región del nordeste argentino.

En realidad María siempre acompañó a la Iglesia. Desde su mismo nacimiento, en la mañana de Pentecostés. Ella estuvo junto a los Apóstoles: “Todos ellos (los Apóstoles), íntimamente unidos se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la Madre de Jesús...” (Hch.1, 14). Desde los primeros siglos, los cristianos veneran a María con diversas advocaciones ligadas a temas teológicos, como “María, Madre de Dios”, proclamada en los primeros siglos, o bien a los lugares donde la Iglesia Evangelizaba. En América Latina, desde que la fe cristiana llegó a nuestras tierras, María “nuestra Madre” siempre estuvo presente. En Guadalupe, México. En Caacupe, Paraguay. En Luján, Argentina y en nuestro nordeste, “la de Itatí”.

A ella, a María de Itatí que siempre nos acompaña, le hemos pedido en nuestra fiesta patria para que interceda ante nuestro Padre Dios, por todos los argentinos. Las lecturas de este domingo (Mt. 13,1-23), que se refieren a la parábola del sembrador puede ayudarnos a comprender la necesidad de no tirar semillas en vano, en la superficialidad del materialismo, a las aves rapaces del egoísmo y la soberbia que destruyen todo, sino en buena tierra para que den fruto: “ un grano dio cien, otro setenta y otro treinta”.

En reiteradas oportunidades los obispos hemos reflexionado sobre la necesidad de la virtud de la magnanimidad, o de grandeza, para proyectar nuestro futuro con esperanza. En la carta del domingo pasado también señalaba la necesidad que tenemos sobre todo en nuestra dirigencia de obrar con madurez humana y con humildad, virtudes sin las cuales sobreviene peligrosamente el autoritarismo que siempre daña la misma esencia de la democracia. En el 2000 los obispos argentinos titulamos de una manera expresiva una reflexión que hoy tendríamos que actualizar ante la proximidad de nuevas elecciones. Dicho título decía: “Hoy la Patria requiere algo inédito”. El texto se refería a “la magnanimidad”. Lamentablemente hoy debemos señalar que no es de los rasgos más relevantes o que abunden en las actitudes de los que tienen responsabilidades sociales y políticas. Por el contrario los internismos, la lucha por tomar o posesionarse en el poder parecen ser la única meta. ¿Cuándo llegará el momento de discutir, deliberar con grandeza la proyección de la Argentina y de la Misiones que queremos ser? La deliberación requiere el diálogo, la diversidad, las fundamentación de las posturas, la búsqueda de consensos, el buscar la verdad, el bien común... todo esto no parece que será parte de las campañas electorales de los próximos meses. Sí, las estrategias, las alianzas, el poder por el poder...

No dudo en pensar en aquellos hombres y mujeres que al iniciarse el siglo XIX dieron sus vidas y hasta dejaron sus bienes por amar a la Patria que nacía. Por su “magnanimidad”, aún desde sus aciertos y desaciertos, la Argentina fue creciendo. Quizá un texto de esa reflexión “Hoy la Patria requiere algo inédito”, nos permita soñar que mejorar la calidad de vida de “todos” los argentinos, y de las instituciones es posible: “Es necesario rehacer nuestra cultura, recuperando los valores que nos dieron existencia. Esto supone desarrollar una educación que sea promotora de la persona humana y discierna claramente los valores con los cuales convivimos cotidianamente. Solo asumiendo una vida de auténtica justicia y de verdadera libertad en la que el hombre sea el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones, encontraremos los caminos que nos lleven a construir una sociedad más justa y equitativa, recreando los vínculos sociales tan deteriorados ahora...” (9).

Imploremos a nuestra Madre de Itatí, para que interceda ante nuestro Padre Dios por la “magnanimidad”, tan indispensable en nosotros los argentinos de este inicio de siglo.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!


Mons. Juan Rubén Martínez,
obispo de Posadas



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