Carta pastoral de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
Décimo séptimo domingo durante el año - 24 de julio de 2005
El
Evangelio de este domingo (Mt.13, 44-52), nos presenta algunas
parábolas que nos hablan del asombro y de la alegría de aquellos que
desde la experiencia de la fe descubren “el Reino de Dios”. Nos dice
el mismo Señor, que dicha experiencia es como encontrar un tesoro de
gran valor y por el cual uno es capaz de vender todo lo que tiene
para conseguirlo. También compara al Reino con una perla de gran
valor: “Y al encontrar una (perla) de gran valor, fue a vender todo
lo que tenía y la compró” (Mt.13, 46).
Desde ya que debe
surgirnos la pregunta básica, pero esencial a nuestra condición de
cristianos: ¿qué lugar ocupa Cristo y ese Reino que Él nos anuncia
en nuestra vida? Podemos entender este mensaje y acceder a este
Reino, solamente cuando nos encontramos con el Señor y la puerta que
nos permite tener esta experiencia que nos alegra y nos da paz, es
la fe. El “tesoro” de los Apóstoles y de los discípulos que alegró
definitivamente sus vidas fue encontrarse con el rostro de Jesús
resucitado. Ese rostro que los Apóstoles contemplaron después de la
resurrección era el mismo de aquel Jesús con quien habían vivido
unos tres años y que ahora los se manifestaba mostrándoles “las
manos y el costado”. Ciertamente no fue fácil creer. Los discípulos
de Emaús creyeron sólo después de un laborioso itinerario del
Espíritu (Lc.24, 13-35). En realidad aunque vieron y tocaron su
cuerpo, solo la fe pudo franquear el misterio de aquel rostro... A
los discípulos, como haciendo un primer balance de su misión, Jesús
les pregunta quien dice la gente, que es Él. De hecho recibió varias
respuestas que no llegaban a acertar. Algunos dijeron Juan Bautista,
otros Elías... Hoy podríamos dar respuestas variadas: un personaje
importante del pasado, quizás otros incluso pueden manifestar que es
Dios y hombre, pero recitado como una fórmula sin implicancias
reales en su propia vida. Solo Pedro acierta la respuesta en el
grupo de los Apóstoles: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt.16,16).
¿Cómo llegó Pedro a esta fe? ...Mateo nos da una indicación
clarificadora: “No te ha revelado esto la carne, ni la sangre, sino
mi Padre que está en el cielo” (Mt.16, 17). La fe y la apertura al
camino de la gracia que Dios obra nos permite acceder a tener una
comprensión de Jesús resucitado y del Reino que Él anuncia.
Hoy hablamos de
una “crisis de civilización”. El materialismo y consumismo de
continentes que desde antiguo tienen raíces cristianas y que con su
poder económico influyen actualmente en nuestra América Latina, han
hecho entrar en crisis su propia identidad. En la misma constitución
fallida de Europa intencionalmente se eliminó toda mención a sus
raíces cristianas. El materialismo y la falta de compromiso en
nuestra fe y convicciones dejan espacios a planteos religiosos entre
ritualistas, sin compromisos con la realidad y casi siempre
alienantes. En nuestra América Latina, Argentina y Misiones,
percibimos que hay una fuerte religiosidad y que perduran raíces
consistentes en la fe que pueden ser la base para profundizar la
Evangelización de la Iglesia. Esto será posible si los cristianos
nos disponemos a hacernos planteos de fondo sobre nuestro
compromiso: ¿Somos capaces de vender todo con tal de no perder esa
perla de gran valor, que es Cristo y su Reino?
Volver a
preguntarnos lo esencial del cristianismo siempre será novedoso y el
encontrarnos con Jesucristo nos permitirá experimentar lo que nos
enseña la parábola que nos habla del “tesoro”. Es cierto que
supuestamente somos muchos los cristianos que debemos asumir los
desafíos de nuestra realidad, pero lamentablemente a veces no se
nota demasiado. En este domingo en que el Señor nos habla del Reino
de Dios. Quizá tengamos que preguntarnos cosas muy básicas: ¿los
cristianos sabemos que tomamos parte de este Reino o creemos que
este tema es exclusivamente para algunos piadosos o piadosas?
En nuestra
realidad un tanto difícil, tendremos que pedir el don de la “Fe”
para “ver” y necesariamente deberemos buscar “el tesoro” (el Reino
de la Parábola), porque el tesoro está.
¡Un saludo
cercano y hasta el próximo domingo!