Carta pastoral de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
Décimo octavo domingo durante el año - 31 de julio de 2005
El Evangelio de
este domingo (Mt. 14,13-21), nos presenta la multiplicación de los
panes que realiza el Señor. El texto señala como la gente seguía a
Jesucristo: “Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y
compadeciéndose de ella, curó a los enfermos. Al atardecer, los
discípulos se acercaron y le dijeron: “Éste es un lugar desierto y
ya se hace tarde, despide a la multitud para que vaya a las ciudades
a comprarse alimentos”. Pero Jesús les dijo: “No es necesario que se
vayan, denles de comer ustedes mismos” (Mt.14,14-16). En realidad
continúa señalando que “todos comieron hasta saciarse”. Si bien el
texto tiene una clara significación eucarística, ampliamente
expresado en el capítulo 6 según San Juan, también podemos señalar
la preocupación y compasión del Señor y los Apóstoles por la
situación concreta de la población, en este caso los enfermos y el
hambre.
Inevitablemente
desde la acción evangelizadora de la Iglesia aparecen situaciones
humanas que en sí mismas son ineludibles y generan la necesidad de
buscar caminos y respuestas que lleven a superar el flagelo de la
pobreza y la exclusión a tantos hermanitos nuestros en pleno siglo
XXI.
En momentos en
que se está preparando la V Conferencia del Episcopado
Latinoamericano que será en el 2007, es bueno recordar las
preocupaciones expresadas en el documento de Santo Domingo en 1992 y
la vigencia del flagelo de la pobreza en América Latina. El texto
reflexionaba: “Las estadísticas muestran con elocuencia que en la
última década las situaciones de pobreza han crecido tanto en
números absolutos como en relativos. Miramos el empobrecimiento de
nuestro pueblo no sólo como un fenómeno económico y social,
registrado y cuantificado por las ciencias sociales. Lo miramos
desde dentro de la experiencia de mucha gente con la que
compartimos, como pastores, su lucha cotidiana por la vida. La
política de corte neoliberal que predomina hoy (1992), en América
Latina y el Caribe profundiza aún más las consecuencias negativas de
estos mecanismos” (179).
En aquellos años
muchos argentinos de orientación neoliberal y hasta ese momento no
afectados por el sistema, criticaban estos diagnósticos que eran
hechos desde el magisterio social de la Iglesia y fundamentalmente
desde la experiencia del compartir cotidiano con nuestra gente.
Pasaron varios
años y hoy como ayer sabemos que no agrada que se señale que la
pobreza continúa gravemente instalada en nuestra realidad, aún
cuando reconocemos que hemos salido de la profunda crisis
institucional de diciembre de 2001. No quiero remitirme tanto al
dato estadístico que en temas graves como la desnutrición nos
colocan siempre en no menos de un quinto lugar. Quiero señalar
pinceladas de la realidad que son fruto del caminar, escuchar y
compartir con la gente. Es evidente la multiplicación de barrios y
barrios en las grandes y no tan grandes ciudades de nuestra
Diócesis, sobre todo Posadas y Oberá. El neoliberalismo de los 90 se
caracterizaba por no poner el trabajo como motor social y de
desarrollo. En el mejor de los casos subsidiaba la pobreza y la
exclusión con asistencialismo. Cuando uno le pregunta a mucha gente
de nuestros barrios de que vive, las respuestas se reiteran que
sobreviven con diversas formas subsidiadas, planes sociales con
diversos nombres o sea “asistencialismo-dependencia”. Otros logran
alcanzar algunas changas. También sobreviven con la solidaridad
familiar y maneras de ayudas mutuas. Esta realidad es elocuente y
lamentablemente debemos señalar que el esquema neoliberal de los 90
“subsiste”, porque el trabajo real, productivo, que da de comer y
dignifica a la persona y a las familias es escaso o inexistente
sobre todo en los crecientes cordones urbanos de nuestras ciudades.
Lo contradictorio es que si bien es cierto que estadísticamente hay
un crecimiento económico y de consumo, como toda estadística puede
ser engañosa, por estar abultada en un sector y magra para muchos
otros que siguen en la inequidad y exclusión. Esto también pasó en
los 90.
En medio del
fragor del próximo tiempo electoral, será conveniente que los
votantes exijamos que los candidatos más que gestos e imagen,
presenten propuestas para revertir el flagelo de la pobreza. Es
cierto que si en un proyecto no hay una profunda valoración de “la
persona” y del “bien común”, dichos proyectos terminan naufragando.
En medio de esta
realidad en cada Capilla de barrio, resuenan los problemas, cuando
nuestra gente se acerca con sus dolores del corazón y con sus
sufrimientos. También se acerca la mendicidad y la pobreza que
desfiguran siempre la dignidad humana y pone al descubierto nuestras
respuestas precarias. Próximos a celebrar a San Cayetano queremos
pedir su intercesión por el trabajo, por el pan y la paz en nuestra
familia y sociedad.
En este domingo
el Señor les dice a los Apóstoles y hoy a los cristianos y sobre
todo a quienes tienen y quieren tener las riendas del País: “Denles
ustedes de comer”. El amor, la solidaridad, la honestidad y la
justicia pueden ayudar a que se de el milagro de que todos nuestros
hermanos estén incluidos.
¡Un saludo
cercano y hasta el próximo domingo!