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HAY QUE
"SALIR" A EVANGELIZAR NUESTRO TIEMPO
Carta pastoral de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
Vigésimo quinto domingo durante el año - 18 de setiembre de 2005
Este es un tiempo
fuerte para nuestra Diócesis por estar preparándonos a celebrar
nuestros primeros cincuenta años con el primer Sínodo. En el cual
queremos profundizar los caminos de “conversión” a Jesucristo, de
comunión eclesial y de misión, para evangelizar los nuevos desafíos
en este inicio del siglo XXI. Hoy como ayer todo proceso de búsqueda
es exigente. Tampoco fue fácil para la Iglesia naciente comprender
la apertura, la actitud misionera y la recepción de los nuevos
cristianos venidos del mundo pagano. En los hechos de los Apóstoles,
se reflejan los debates y dificultades en torno a este tema. El
Apóstol Pedro reflexiona en la Asamblea o el Concilio de Jerusalén:
“Hermanos, ustedes saben que Dios, desde los primeros días, me
eligió entre todos ustedes para anunciar a los paganos la Palabra
del Evangelio, a fin de que ellos abracen la fe” (Hech.15,7). El
Evangelio de este domingo (Mt.19,30 – 20,16), tenemos que leerlo en
este contexto. La parábola subraya que los últimos en ser llamados a
trabajar en la viña reciben el mismo pago que los que llegaron
primero. Los que recién conocen la fe tienen los mismos derechos y
están llamados a participar en un pie de igualdad con los de
siempre. Es más, en el texto bíblico, el Señor llega decir: “Así los
últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos” (Mt.20,16).
Sólo desde la fe podemos comprender la exigencia de este mensaje: la
apertura a los hermanos que llegan, “la acogida cordial”, el no
buscar los primeros lugares, el no sentirnos más que los demás, ni
con derechos adquiridos por más que creamos tener más méritos.
El camino hacia
el Sínodo nos debe hacer revisar nuestra vida y seguimiento de “la
persona de Jesucristo”, pero también cuestionarnos sobre nuestra
apertura a tantos hermanos que no lo conocen a Cristo y otros que
teniendo una dimensión religiosa necesitan que se les anuncie el
Evangelio. Por eso la palabra “salir” creo que es muy expresiva y
oportuna para este momento que estamos viviendo como Diócesis.
“Salir” para amar a nuestros hermanos. Amar es encaminarse hacia el
otro, caminar desde el egoísmo hacia el amor. Salir implica
desacomodarnos para participar tanto en compromisos pastorales, como
en nuestras responsabilidades ciudadanas.
En esta etapa
preparatoria del Sínodo pondremos especial interés en la escucha a
aquello que digan las encuestas o consulta para orientar los temas
que trataremos en nuestro Sínodo de 2007.
Al recorrer la
Diócesis y las tantísimas necesidades de todo tipo que tiene nuestra
gente. También la crisis de valores y la urgente necesidad de
acompañamiento pastoral no dudo en que la dimensión misionera o bien
este “salir” a evangelizar nuestro tiempo deberá ser uno de los
aspectos que deberemos acentuar en el futuro. En este sentido jugará
un rol fundamental el laicado, que es la mayor parte del pueblo de
Dios. Los laicos tendrán que ahondar en su propia vocación, que
sobre todo implica “salir” a transformar las realidades temporales,
la pastoral de sectores, la escuela, la comunicación social, la
política o el mundo rural. También deberemos revisar “los
ministerios laicales” o bien los servicios que cumplen los laicos en
las tareas dentro de la Iglesia. El Sínodo quizá nos ayude a buscar
nuevos ministerios y servicios, poniéndolos en sentido misionero y
no tanto como puede ocurrir actualmente que hay muchos laicos que
realizan tareas ministeriales no desde su vocación, sino
clericalizándose o bien ligando sus tareas exclusivamente al
acompañamiento del sacerdote en la liturgia.
En todos los
casos y todos, deberemos desde una mayor conversión e identidad,
“salir” y “recepcionar” como se lo plantearon los cristianos cuando
nació la Iglesia y lo expresa la parábola de “los obreros de la
última hora” que nos narra el Evangelio de este domingo. En la misma
algunos protestaban al propietario generoso: “Estos últimos
trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a
nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante
toda la jornada” (Mt.20,12). Cuando resaltamos nuestros derechos y
esfuerzos ante Dios, dejamos de entender “un principio esencial de
la visión cristiana de la vida: la primacía de la gracia” (NMI 38),
y el reconocer que todo lo que tenemos es don de Dios. El Señor nos
pide que nosotros y nuestras comunidades tengamos una actitud
abierta, misionera y que recibamos “con acogida cordial” a los
hermanos que llegan.
¡Un saludo
cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez,
obispo de Posadas
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