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Una creciente politización de la religiosidad


Carta pastoral de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 
Vigésimo séptimo domingo durante el año - 2 de octubre de 2005

 

El texto del Evangelio de este domingo (Mt. 21,33-46), nos presenta en forma de parábola la historia del pueblo de Israel. La viña del Señor representa a su pueblo. Sus viñadores no solo no dan los frutos que le correspondía al dueño de la viña, sino que matan a sus servidores y al mismo heredero. Este texto podemos leerlo aplicándolo a la vida de todo cristiano, sea laico, consagrado o sacerdote. El Reino de Dios es también una realidad que nos es dada a cada uno de nosotros. La gracia de Dios que se nos otorga gratuitamente, la vocación cristiana a la fe, la revelación de la Palabra de Dios, la comunidad, los Sacramentos, son algunos de los bienes que Dios nos ha confiado para que produzcamos frutos.

En este tiempo al recorrer la Diócesis se me hizo más patente una preocupación que debo expresarla, por aquello que nos presenta el texto de este domingo en la parábola, de cuidar la viña. Creo importante discernir y advertir a los católicos, así como a hermanos y hermanas de otras Iglesias y grupos religiosos, sobre una “creciente polítización de la religiosidad” de nuestra gente, que es totalmente diferente al compromiso ciudadano que debe asumir una persona de fe. El hecho es que como en general los punteros políticos (y los mismos políticos), están en descrédito y al considerar la importancia de la religiosidad de nuestro pueblo, muchos están buscando la multiplicación de supuestos pastores, que en realidad son solo “punteros políticos-religiosos” que se hacen denominar pastores. Si bien este problema no es nuevo, en estos meses se fue acentuando. Hace algún tiempo me comentaban de “punteros políticos-religiosos-pastores”, que distribuían votos a sus seguidores guardados como señaladores dentro de “la Biblia”, sin ningún problema. Debemos decir que es grave éticamente violentar la conciencia de nuestra gente sobre todo cuando es sencilla, diciéndoles que “Dios quiere que vote a fulano...”. Los pastores podremos señalar cosas a tener en cuenta desde lo ético, denunciar situaciones que estén mal y eso no es hacer política partidista; pero claramente no respetamos la dignidad de las personas si les decimos: “En nombre de Dios a quien tienen que votar”. Desde ya que estos punteros religiosos cambian los votos de sus seguidores por beneficios. También hay que advertir que no son solo culpables estos nuevos punteros, sino sobre todo aquellos que sin importarles nada “lo ético”, buscan este nuevo recurso defraudando la inocencia y dañando la dimensión religiosa de nuestro pueblo.

Los pastores debemos acompañar y capacitar a nuestra gente para que se comprometan y que libremente ejerzan sus derechos, obligaciones y opciones como ciudadanos, respetando profundamente su conciencia. Lo contrario es alienar y violentar la dignidad humana de la gente.

Al escribir estas líneas quiero valorizar el trabajo serio de tantos pastores de Iglesias hermanas y de nuestros sacerdotes, como también cuidar la religiosidad de nuestra gente que por esta “politización de la religiosidad” finalmente se sentirán defraudados. La fe es un don de Dios que debemos cuidar. Corremos el riesgo que desde las ambiciones personales, desde el poder sin ética y desde personas sin escrúpulos, se busque mercantilizar la fe y se dañe una vez más la credibilidad ciudadana y religiosa.

Este tema se suma a otros que empobrecen la importancia de la participación democrática. El tiempo electoral es una oportunidad para la ciudadanía de conocer los ideales, propuestas y horizontes, que tienen aquellos que quieren llegar a la función pública. Lamentablemente esto que debería ser lo central, pasa casi desapercibido. En cambio las estrategias para construir más poder, o conquistarlo no se ponen límites. Es doloroso tener que llegar a preguntarnos: ¿si de verdad los que llegan al poder son realmente los representantes del pueblo, cuando se teje sin tener en cuenta la dignidad humana de las personas?

El texto de Isaías que leemos este domingo expresa el amor de Dios con su pueblo, representado en la viña: “Mi amigo tenía una viña en una loma fértil. La cavó, la limpió de piedras... Él esperaba que diera uvas, pero dio frutos agrios” (Is.5,1-2). Nosotros somos responsables, sobre todo los cristianos de dar frutos de diálogo, de justicia, de paz y de una democracia de mejor calidad.


Mons. Juan Rubén Martínez,
obispo de Posadas


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