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LAS MISIONES SON LA RAZÓN DE SER DE LA IGLESIA
Carta pastoral de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
Vigésimo octavo domingo durante el año -
9 de octubre de 2005
En este domingo
estamos celebrando una nueva Jornada Misionera Mundial y durante
algunos domingos de octubre trataremos de ahondar en esta dimensión
sobre la Misión que hace a la razón de ser de la vida de la Iglesia.
Como era costumbre el Papa Juan Pablo II escribía con anticipación
sus cartas y las enviaba a las comunidades para su reflexión y
oración. Por ese motivo aún en esta jornada contamos con su carta
ligada al año eucarístico que está concluyendo con el Sínodo que
durante este mes se está realizando en Roma. El mensaje se denomina
“Misión: Pan partido para el mundo”.
Es providencial el
texto del Evangelio de este domingo (Mt.22,1-14), referido a la
parábola del banquete nupcial. El banquete estaba preparado pero los
invitados no tuvieron en cuenta la invitación y se fueron, uno a su
campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores,
los maltrataron y los mataron. Por tal motivo el rey le ordenó a los
servidores que “salieran a los caminos y reunieran a todos los que
encontraran” (Mt.22,10). El mensaje del Papa nos va a señalar que “La
Eucaristía no solo es expresión de comunión en la vida de la Iglesia,
es también proyecto de solidaridad para la humanidad”.
En este domingo
quiero que ahondemos sobre uno de los subtítulos del Mensaje que se
refiere a que “la humanidad tiene necesidad de Cristo pan partido”.
Nos dice el texto: “En la reciente Carta Apostólica (sobre la
Eucaristía), he invitado a contemplar a Jesús “pan partido” para toda
la humanidad. Siguiendo su ejemplo, también nosotros debemos dar la
vida por los hermanos, especialmente los más necesitados. La
Eucaristía conlleva “el signo de la universalidad”... De tal manera la
Eucaristía, mientras hace comprender plenamente el sentido de la
misión, anima a cada creyente, y especialmente a los misioneros a ser
“pan partido para la vida del mundo” (1).
“En nuestra época,
la sociedad humana parece que está envuelta por espesas tinieblas,
mientras es turbada por acontecimientos dramáticos y trastornada por
catastróficos desastres naturales. Pero como durante “la noche en que
fue entregado” (1Cor.11,23), también hoy Jesús “parte el pan” (Mt.26,26)
para nosotros, y en las celebraciones eucarísticas se ofrece a sí
mismo bajo el signo sacramental de su amor por todos. Por eso he
querido recordar que “la Eucaristía no solo es expresión de comunión
en la vida de la Iglesia, es también proyecto de solidaridad para toda
la humanidad...” “El mismo Redentor, que a la vista de la muchedumbre
necesitada sintió compasión “porque estaban vejados y abatidos como
ovejas que no tienen pastor” (Mt.9,36), presente en la Eucaristía,
continúa a lo largo de los siglos manifestando compasión hacia la
humanidad que se encuentra en la pobreza y en el sufrimiento” (2).
En su nombre, los
agentes pastorales y los misioneros recorren caminos no explorados
para llevar a todos el “pan” de la Salvación. Les anima la conciencia
de que unidos a Cristo “no solo centro de la historia de la Iglesia,
sino también de la historia de la humanidad”, es posible satisfacer
los anhelos más íntimos del corazón humano. Jesús solo puede apagar el
hambre del amor y la sed de justicia de los hombres; sólo Él hace
posible a cada persona la participación en la vida eterna: “Yo soy el
pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para
siempre” (Jn.6,51)” (2).
El Papa Juan Pablo
II señala que nuestro tiempo parece estar envuelto por espesas
tinieblas. Nosotros los obispos argentinos hemos señalado en “Navega
mar adentro”, la crisis de la civilización: “Es una constatación
dolorosa que las personas, las familias, las instituciones y la
sociedad, en general, no encuentran nuevos causes para sostenerse y
creer” (25). Es en el contexto de esa noche oscura en la que “Jesús
fue entregado” (1 Cor.11,23), que se realiza la última cena, la
institución de la Eucaristía, se “parte el pan”. La Vida nueva de la
Pascua, la resurrección se estaba generando desde el dolor y la
muerte. La dimensión evangelizadora y misionera de la Iglesia entiende
el sentido de su existencia desde “la Eucaristía”. Que así como
Jesucristo es el Pan partido, cada cristiano tiene que ser misionero y
ser pan partido para la vida del mundo.
¡Un saludo cercano
y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez,
obispo de Posadas
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