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La democracia exige aportar al bien
común
Carta pastoral de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
Trigésimo domingo durante el año -
23 de octubre de 2005
Sabemos que la
democracia exige que todos como ciudadanos aportemos al bien común
con nuestro compromiso y responsabilidad en la vida de todos los
días. Pero es cierto que este domingo se explicita o se hace más
patente “la participación” del pueblo en decidir su futuro por medio
del voto.
En nuestra pastoral
fuimos acentuando que el cristiano debe asumir un compromiso
ciudadano. Uno de los caminos fue la formación con formas sistemáticas
en el Instituto de Teología, en las escuelas básicas o bien en la
capacitación que desde cáritas y pastoral social se acompaña en temas
de ciudadanía, en orden a profundizar la comprensión del laicado que
la santidad está ligada a asumir la responsabilidad de transformar las
realidades temporales.
Desde ya que en el
camino de esta comprensión la formación del cristiano en “la doctrina
social de la Iglesia” es fundamental. En el contexto de este domingo
electoral quiero recordar un texto del documento “Iglesia y Comunidad
Nacional” que reflexiona sobre los fundamentos y justificación ética
de “la participación”: “Es la misma evolución cultural, económica y
social la que impulsa, desde el interior de los pueblos, a una mayor
participación en todos los ámbitos de la vida, incluido el político.
Dicha aspiración, siempre más creciente en nuestros tiempos, tiene su
justificación ética. Pues la persona humana, por ser dueña de su
destino, no solamente es fin, sino, además, sujeto activo y creador
del orden político dentro del que ha de vivir y que incide fuertemente
en su destino. Libre y responsable de sí mismo, la persona humana
tiene el deber y el derecho de intervenir en aquellas decisiones que
le conciernen” (I.C.N. 103).
Los Obispos
argentinos en “Navega mar adentro”, el último documento que busca
orientar la pastoral en la Argentina en este inicio del siglo XXI,
refuerza la necesidad de acentuar la enseñanza de la doctrina social
de la Iglesia, en orden a formar la conciencia cristiana y el
ejercicio libre de la misma. Es cierto que esto es fundamental porque
hay muchas sombras que atentan contra el libre ejercicio de nuestro
rol ciudadano y la manipulación de situaciones y de personas,
oscurecen la grandeza del sentido del voto como ejercicio democrático.
En dicho documento se señala que: “La catequesis (la doctrina social),
en especial la impartida a jóvenes y adultos, es un lugar privilegiado
para formar la conciencia moral a la luz del pensamiento de la
Iglesia, incluyendo también los grandes temas de la responsabilidad
ciudadana: cultural, política, social, ecológica y económica. Esta
formación no se orienta sólo al conocimiento de valores y principios
sociales, sino también a la transformación de la sociedad mediante el
testimonio de un trabajo honesto, eficiente y responsable. El
itinerario catequístico ha de impulsar la presencia de los laicos en
la acción política y en las diversas estructuras de la vida social”
(95c).
En este domingo
queremos tener especialmente presente un gran acontecimiento para la
Iglesia. La canonización del P. Alberto Hurtado, santo que nació en
Chile, en la ciudad de Viña del Mar, el 22 de enero de 1901. Desde ya
cuando planteamos la importancia del compromiso cristiano, la Iglesia
propone el ejemplo de los santos para indicarnos que es posible vivir
la santidad. De joven Alberto Hurtado sintió un llamado a atender a
los más necesitados. Fue a Santiago y estudió abogacía en la
Universidad Católica. Durante ese tiempo se dio cuenta que Dios lo
llamaba a consagrar su vida y decidió su ingreso a la Compañía de
Jesús. Entró en el noviciado y fue ordenado sacerdote en 1933 en
Bélgica.
Regresó a Chile,
donde se dedicó de lleno a sus alumnos del colegio a los cuales no
solo enseñaba sino que dirigía espiritualmente. Fue un gran educador
de juventudes. Una noche el P. Hurtado encontró un pobre, enfermo y
miserable que no tenía donde ir. Otra noche vio a un grupo de niños
abandonados que dormían bajo los puentes del río Mapocho y quiso
ayudarlos. Reunió personas generosas que lo ayudaron en la fundación
“del Hogar de Cristo”. Con incansable amor, él salía en su camioneta
verde a recoger a los pobres y a los niños para llevarlos al hogar. En
cada necesitado veía a Cristo sufriente. Su vida fue una entrega al
servicio de los demás. Trabajó en la educación, la pastoral de su
tiempo y también en el orden social, fundando la revista Mensaje y la
Acción sindical chilena. Falleció el 18 de agosto de 1952. Hoy en Roma
será canonizado. Creo oportuno en este domingo electoral pedir la
intercesión del ahora San Alberto Hurtado para que nuestro voto y los
elegidos busquen servir al bien común.
¡Un saludo cercano
y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez,
obispo de Posadas
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