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ESTEN
PREVENIDOS,
PORQUE
QUE
SABEN
NI
EL
DÍA
NO
LA
HORA
Carta pastoral de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
Trigésimo segundo domingo durante el año -
6 de noviembre de 2005
El texto del
Evangelio de este domingo (Mt. 25,1-13), nos va acercando a la
temática del tiempo de adviento al presentarnos la advertencia:
“Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora” (13). Después
expone la parábola de las diez jóvenes del cortejo. El texto de la
segunda lectura que leemos este domingo del Apóstol Pablo también se
refiere a la resurrección: “Porque nosotros (los cristianos) creemos
que Jesús murió y resucitó, de la misma manera, Dios llevará con
Jesús, a los que murieron con Él” (14).
El Papa Juan Pablo
II en la carta “Novo Millenio Ineunte”, nos señala la importancia de
contemplar el rostro de Cristo resucitado, en este inicio de milenio:
“... esta contemplación del rostro de Cristo no puede reducirse a su
imagen de crucificado. ¡Él es el Resucitado! Si no fuese así, vana
sería nuestra predicación y vana nuestra fe (1 Cor. 15,14)... Después
de dos mil años de estos acontecimientos, la Iglesia los vive como si
hubieran sucedido hoy. En el rostro de Cristo ella, su Esposa,
contempla su tesoro y su alegría... La Iglesia animada por esta
experiencia, retoma hoy su camino para anunciar a Cristo al mundo, al
inicio del tercer milenio: “Él es el mismo ayer, hoy y siempre (Heb.
13,8)” (N.M.I. 28).
Quizá a esta altura
de la reflexión ligada a los textos bíblicos de este domingo lleven a
algún lector a relativizar la importancia de creer o no en la
resurrección de Cristo, así como algún otro contenido de la fe. Es
cierto que los contenidos de la fe debemos llevarlos a nuestra vida y
debemos encarnarlos en nuestra práctica cristiana y estilo de vida.
Pero también es cierto que debemos preguntarnos si es posible
llamarnos cristianos y contradecir estos contenidos de fe, que en
definitiva es aquello que nos reveló el Señor. Lamentablemente, cierta
ausencia de los contenidos de la fe en nuestra catequesis, el
relativismo y sincretismo religioso propio de nuestra época, son
algunas de las causas de la falta de valores y criterios cristianos y
humanos en nuestro tiempo y cultura.
Hace algunos días
una persona profesional y docente, me decía que era cristiano, pero
que creía en la reencarnación o sea en que su espíritu vivió en otras
personas y épocas del pasado y se encaminaba a vivir en otras vidas en
el futuro. Sin darse cuenta que la reencarnación no es compatible con
la revelación cristiana. Otros erróneamente le ponen el nombre de
ecumenismo o espíritu amplio a aceptar cualquier propuesta
supersticiosa o sincretista (mezcla de todo). El ecumenismo es un
camino de comunión muy importante, querido por Dios y que hemos
iniciado los cristianos, que parte de la conversión, que no intenta
una mera unificación mezclando todo, sino que busca la profundización
de la verdad y del misterio de Dios. Es uno de los grandes desafíos
para los cristianos, pero también es cierto que algunos confunden
eclecticismo (mezcla de todo) con ecumenismo. Hace algún tiempo desde
un Obispado se señaló en un comunicado de prensa una aclaración debido
a algunos programas de radio que generaban gran confusión entre la
gente: “El eclectisismo, propio de algunas corrientes espiritualistas
actuales como la New Age, que intenta reunir a todas las religiones
sin respetar la verdadera identidad de cada uno no es ecumenismo... El
hecho de que alguien admira a la Madre Teresa de Calcuta al mismo
tiempo que Sai Baba y haga una doctrina a su manera rescatando de
ambas lo que le parece y armando un esquema espiritual sincretista, no
debe ser considerado ecumenismo”.
Los textos bíblicos
de este domingo nos hablan de la expectativa por la venida del Señor,
de estar preparados y de la resurrección. Este es un tema central para
los cristianos, que necesariamente debe impregnar nuestra cotidianidad
y sostenernos en la esperanza. Por esta certeza sabemos que aún en
medio de tantas situaciones ligadas a la cultura de la muerte tiene
sentido buscar caminos nuevos, participar y el protagonismo en nuestra
historia, porque en definitiva la vida triunfa sobre la muerte. Por
eso el Papa Juan Pablo II cuando iniciábamos el siglo en “Novo
Millenio Ineunte” nos decía que la Iglesia fortalecida por esta
experiencia en el Cristo resucitado, se anima a ingresar en el nuevo
milenio y anunciar a Cristo al mundo. Nosotros también como miembros
de la Iglesia, animados en esta experiencia de fe en el Cristo
resucitado queremos evangelizar nuestra cultura en este inicio de
milenio.
¡Hasta el próximo
domingo y un saludo cercano de su obispo!
Mons. Juan Rubén Martínez,
obispo de Posadas
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