Falta una semana
para la peregrinación diocesana a Loreto. Hace muchos meses venimos
preparando este acontecimiento de nuestra Diócesis.
Este año la
peregrinación la haremos en el contexto del camino al Sínodo Diocesano
que celebraremos en el 2007 con motivo de cumplir 50 años desde la
creación y nacimiento de nuestra Diócesis. Durante este año quisimos
subrayar el tema de la conversión a Jesucristo, el año próximo la
comunión eclesial y en el 2007 la misión del hombre y mujer de nuestro
tiempo. Desde ya que difícilmente podamos cuestionarnos como
evangelizamos si primero no nos planteamos la necesidad de
evangelizarnos y desde ahí la conversión no a algo, sino a la persona
de Jesucristo y a su propuesta. Me alegra saber que las comunidades,
tanto parroquiales como educativas, movimientos y asociaciones han
trabajado este tema en la reflexión, en novenas y sobre todo en la
oración. Así nos encaminamos a celebrar esta nueva peregrinación el
próximo domingo 20. Será un momento de fiesta donde tendremos presente
a nuestros Mártires de las Misiones, a San Roque González, a San Juan
del Castillo y a San Alonso Rodríguez. Desde todas las comunidades de
la Diócesis, laicos, consagrados y sacerdotes celebraremos en Loreto
la Misa a las 10 horas. Por ser un acontecimiento diocesano y el único
de estas características hemos suspendido todas las Misas de la
Diócesis por la mañana. La de Loreto será la única que celebraremos.
Con esta
celebración, desde Loreto profundizaremos nuestra memoria y lo vivido
en la evangelización de la Iglesia en nuestra región de Misiones. La
memoria nos permite ganar en identidad y en consistencia para encarar
los desafíos pastorales de este nuevo siglo que estamos iniciando.
También es una expresión de comunión. Como Pueblo de Dios celebraremos
juntos y nos prepararemos para nuestro jubileo de 2007.
En nuestra
Provincia podemos decir que tenemos una rica historia, iniciada hace
tantos siglos y necesitamos recuperar la memoria. En nuestras tierras
transitaron misioneros ejemplares y santos. Uno de ellos fue Antonio
Ruiz de Montoya. Sus restos están en Loreto porque allí vivió y
trabajó muchos años. El mismo dijo: “No permitan que mis huesos queden
entre españoles, aunque muera entre ellos, procuren que vayan donde
están los indios, mis queridos hijos, que allí donde trabajaron y se
molieron han de descansar”. Realmente podemos afirmar que sus huesos,
pero toda su persona tuvo que sufrir y sobrellevar momentos muy duros.
Luego de trabajar mucho en la zona del Guayrá formando comunidades,
recrudecieron los ataques bandeirantes. Hacia el 1631 llegaron a
causar la ruina total de los pueblos que Ruiz de Montoya y sus
compañeros habían fundado; muchos de sus pobladores fueron llevados
como esclavos al Brasil. Fueron estos tiempos de duras pruebas para el
Padre Montoya, pues vio sufrir y perecer a muchos de sus hijos
espirituales y además tuvo que soportar la censura de otros misioneros
que lo responsabilizaban de las calamidades consiguientes a la
emigración.
La providencia los
trajo a nuestras tierras, en donde refundaron comunidades como
nuestras actuales Loreto y San Ignacio Miní. En 1637 Ruiz de Montoya
fue enviado a España junto a los procuradores de la Provincia
Jesuítica del Paraguay para defender los derechos de los indígenas de
las reducciones. Se manifestó entonces como un gran diplomático y
político. Allí publicó sus obras de lingüística y su famosa “Conquista
Espiritual”.
Creo importante
tener presente aquella increíble llegada de los indígenas y misioneros
y Ruiz de Montoya a Loreto. Al celebrar a los Mártires y todos los
misioneros, hombres y mujeres que se donaron, queremos tenerlos
presente en la memoria, para fortalecernos ante los nuevos desafíos
que debemos encarar en este inicio del siglo XXI. Es el mismo Espíritu
Santo que los animó a ellos el que hoy nos anima a nosotros a dar
nuestras vidas para que esta historia sea historia de Salvación. Nos
encontramos en Loreto.
¡Un saludo cercano
y hasta el próximo domingo!