|
CARTA
PASTORAL
Carta pastoral de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
Tercer domingo de
Adviento - 11 de diciembre de 2005
Los textos bíblicos de este tercer domingo de Adviento nos llaman a
animarnos y a no perder la esperanza. La figura de San Juan
Bautista, desde su austeridad profética, nos exhorta a convertirnos.
Él es el profeta de “la verdad”, no dudó en denunciar a Herodes y en
dar la vida por lo que creía. Solo podemos “volver a Dios” para
celebrar bien la navidad, cuando nos disponemos a construir desde
“roca” y no desde arena, o desde las mentiras. Cuando con humildad
somos capaces de revisarnos y evaluar como estamos construyendo, nos
encaminamos a realizar “un examen de conciencia” y nos introducimos
en el camino de reconciliación que nos permite como el hijo pródigo
volver a la casa del Padre.
Desde la verdad
cada uno debe realizar en un examen de conciencia, una mirada sobre
la propia realidad: “Cada uno sabe por donde le aprieta el zapato”.
Pero esta evaluación debe ser personal y comunitaria, por eso Navega
mar adentro nos dice: “Una conversión es incompleta si falta la
conciencia de las exigencias de la vida cotidiana y no se pone
esfuerzo de llevarlas a cabo. Esto implica una formación permanente
de los cristianos en virtud de su propia vocación, para que puedan
adherir a este estilo de vida y emprender intensamente sus
compromisos en el mundo, desarrollando las actitudes propias de
ciudadanos responsables” (96).
En la carta al
Pueblo de Dios de los Obispos argentinos sobre “La Doctrina Social de
la Iglesia una luz para reconstruir la Nación”, también reflexiona
sobre la verdad como un principio sobre el cual nos dice: “La verdad
es un valor fundamental que desde siempre la humanidad busca ansiosa.
Tiene una dimensión objetiva que fundamenta la actividad del hombre,
posibilita el diálogo, fundamenta la sociedad e ilumina sobre la
moralidad de los comportamientos de los ciudadanos y de los grupos
sociales: verdad de la naturaleza del hombre, de la vida, de la
familia, de la sociedad. Verdad, también de los hechos acaecidos... La
verdad es en consecuencia, también un valor fundamental en la Doctrina
Social de la Iglesia. Al respecto ella nos dice: “Los hombres tienen
una especial obligación de tender hacia la verdad, respetarla y
atestiguarla responsablemente. Nuestro tiempo requiere una intensa
actividad educativa y un compromiso correspondiente por parte de todos
para que la búsqueda de la verdad sea promovida en todos los ámbitos y
prevalezca por encima de cualquier intento de relativizar sus
exigencias o de ofenderla” (27-28).
Sabemos que nuestro
tiempo no se presenta fácil. “La Verdad” no es habitualmente un
principio constitutivo en las diversas construcciones sociales,
políticas y económicas en nuestra cultura. La crisis de la
civilización y de valores está en gran parte causada por haber
construido muchas veces desde la corrupción y la mentira.
Lamentablemente estas formas de construcción social no solo se dan en
la dirigencia social que desde ya tiene mayor responsabilidad, sino se
han popularizado llegando a veces a considerar como normal un fin
bueno para justificar el uso de cualquier medio para alcanzarlo. Es
bastante habitual que a la hora de pesar opciones, personas o
actitudes no se considere suficientemente algunos principios como la
justicia y la verdad en nuestras decisiones y juicios.
También la carta de
los Obispos del pasado noviembre, advierte que la verdad no debe
llevar a fundamentalismos: “Si el cristiano prescindiese de la
comprensión de la Verdad que le da la Palabra de Dios, podría caer
en múltiples errores, e incluso adoptar actitudes fundamentalistas.
Así aconteció en tiempos pasados cuando difundió la máxima “el error
no da derecho”, olvidando que los derechos son de las personas,
incluso de los que están en el error. El Evangelio manda morir por la
verdad, no matar por ella... Sin embargo, la tentación del
fundamentalismo siempre asecha y no sólo al hombre religioso. La
historia civil de los pueblos, incluso europeos, está plagada de
ejemplos de intransigencia a muerte entre sectores opuestos...” (29).
Los sistemas autoritarios y las dictaduras habitualmente son
fundamentalistas.
Como todo profeta
San Juan Bautista está ligado íntimamente a la verdad. No hay un
auténtico “volver a Dios”, para celebrar bien la Navidad, si nuestro
examen de conciencia no es veraz.
¡Un saludo cercano
y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez,
obispo de Posadas
|