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FAMILIAS: ¡ABRAN LAS PUERTAS AL REDENTOR!


Mensaje de Cuaresma 1999, de monseñor Baldomero Carlos Martini, obispo de San Francisco (Córdoba)


«En el tiempo favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí. 
Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvaclón» (2 Cor. 6,2).


Queridos hermanos:

1. Dice el Señor "Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre entraré en su casa y cenaremos juntos" (Ap.3,20 )

Con el ayuno y la abstinencia del próximo Miércoles de Ceniza, comenzamos un tiempo de gracia muy especial, que es la santa cuaresma, para caminar juntos hacia la pascua. Misterio central de nuestra fe y de profunda renovación de la vida cristiana.

En este día de penitencia y conversión damos apertura en toda la diócesis a la santa misión diocesana para prepararnos como familia de Dios a vivir de corazón el gran jubileo del año 2000.

Este sagrado tiempo penitencial, no abarca sólo el Miércoles de Ceniza y todos los viernes, sino toda la Santa Cuaresma y es para vivir desde cada familia una experiencia de Dios, de encuentro personal con Jesucristo viviente y de profunda renovación y sanación en el espíritu que da la vida.

El Señor golpeará las puertas de cada familia para ser la piedra angular, fundamental, de la vida familiar y de la vida esponsal y matrimonial.


2. La familia está sacudida en sus valores más fundamentales

Es suficiente mirar lo que pasa a nuestro alrededor. Para ver que la familia es víctima de muchas fuerzas que tratan, de tantas maneras, de destruirla o deformarla. La familia está acechada en el respeto y la responsabilidad por la vida: en la indisolubilidad y unidad del matrimonio: en la fidelidad conyugal; en la comunión de vida y de amor; en la educación integral religiosa de los hijos.

Está sacudida en sus valores, por los medios de comunicación; por los graves problemas sociales: de pobreza, por la falta de trabajo bien remunerado y estable, por una globalización económica que margina y excluye y por un consumismo que droga y esclaviza.

La familia se destruye cuando no hay lugar para las personas de edad.

Hermanos: ¿nuestras familias en qué están? ¿qué aire respiran en casa? ¿cómo se vive?


3. Un llamado resuena en este tiempo: reconciliación, perdón, renovación del corazón

No habrá una familia nueva sin corazones renovados. «Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: déjense reconciliar con Dios» (2 Cor.5,20).

Este llamado exige que en casa se viva un clima sincero de reconciliación permanente, que se concrete en gestos de escucharse para lograr un diálogo fecundo, por la comprensión, el perdón, la misericordia y la verdad; sin mentiras ni hipocresías y todo desde el gran carisma del amor que rompe barreras, apaga los odios y crea puentes para superar los desencuentros. «Un amor que pasa por el camino de la cruz de las limitaciones, del perdón sincero y de los defectos, para llegar al gozo de la resurrección» (SD. 213).


4. Como familias abiertas en camino hacia la Pascua: misioneras y evangelizadoras

Queridas familias: tomados de la mano experimentándonos hijos de Dios, haciendo presente en las actitudes cotidianas los rasgos del Padre, tengamos en el rezo diario, fervoroso y vívido del Padre Nuestro, como la respiración de la familia e invocando al Espíritu, descubramos la identidad y la misión de cada familia: de custodiar, revelar v comunicar el amor y la vida a través de cuatro cometidos como son:

a). Vivir, crecer y perfeccionarse como Comunidad de personas.

b). Ser como el santuario de la vida, donde se transmita dignamente y se la eduque en los valores auténticamente humanos y cristianos.

c). Ser la célula primera y vital de la sociedad, donde se eduque en las virtudes para la solidaridad y el servicio al bien común.

d). Ser Iglesia doméstica, que acoge, vive, celebra y anuncia la Palabra de Dios, evangelizada y evangelizadora, donde se edifica la santidad. Donde Dios hace santos de hoy. (S.D. 227).


5. ¡Abran las puertas a los misioneros y reciban a Jesús y su Evangelio!

Es mi deseo que todos seamos misioneros y que cada enviado sea un testigo que lleve una experiencia de vida y no solo diga palabras.

A cada familia de la diócesis le ruego ¡dejen entrar a Cristo! Para que sean fermento y signo del amor divino y de la misma Iglesia, abiertas todas al Plan de Dios.

Que cada familia sea un hogar donde arda el fuego del Espíritu que da vida y sana.

Que en cada hogar haya un altar, para sentir y vivir con Jesús en medio, que es luz.

Que en cada corazón reconciliado y pacificado, Jesucristo sea el Señor, sea escuchado y vivido, celebrado y anunciado por todos. Busquemos gestos concretos de amor.

Que María Virgen y madre al pie de la cruz nos ayude a estar de pie en esta hora y nos diga como ayer "hagan todo lo que él les diga" (Jn. 2,15)

Los bendigo de corazón a todos y juntos digamos: ¡Quédate con nosotros, Señor! (Lc. 24, 13-35).


Mons. Baldomero Carlos Martini,
obispo de San Francisco


Este documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº 2203, del 10 de marzo de 1999


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