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SUBAMOS CON
JESÚS HACIA JERUSALÉN
Mensaje episcopal para la Cuaresma jubilar, del obispo de San Francisco,
monseñor Baldomero Carlos Martini, dado el 28 de febrero de 2000
A mis queridos hermanos e hijos
sacerdotes, pastores de las distintas comunidades de nuestra diócesis, a todos mis
queridos hermanas y hermanos consagrados, a todos los fieles cristianos laicos y hombres y
mujeres de buena voluntad: ¡llegue a todos ustedes la gracia y la paz!
1. El tiempo se ha
cumplido: el Reino de Dios está cerca, ¡conviértanse y crean en la Buena Noticia! (Mc 1, 12-15), 1er. Domingo de Cuaresma
El próximo miércoles 8
de marzo, con el ayuno y la abstinencia, daremos comienzo a este sagrado tiempo de gracia
que es la Cuaresma. Resonarán en toda la Iglesia, y especialmente en nuestros corazones,
estas palabras de Jesús: ¡conviértanse y crean en el Evangelio!
Estamos en el Año Santo, del gran jubileo de la
encarnación redentora de Cristo para poner a punto nuestra vida. Al recibir las cenizas y
dar comienzo a este tiempo de penitencia y de oración, de sacrificio y de entrega,
queremos unirnos a Jesucristo, para que Él renueve profundamente nuestras vidas. Nos dé
la razón profunda de nuestro existir. Se meta dentro de nuestro corazón, para que su
presencia viva toque toda nuestra existencia, nuestra mente, nuestros afectos, nuestro
cuerpo: nuestro caminar como cristianos, como hombres y mujeres de buena voluntad, en
estos tiempos tan difíciles que nos toca vivir, de profundos desafíos y de tremenda
paganización.
Cristo está esperando que salgamos de nosotros
mismos para unirnos a Él, así librar juntos el gran combate contra Satanás, que en el
desierto quiso desviarlo de su misión salvadora. Cristo nos invita a entrar en Él, como
el camino; descubrir que todo hombre, toda familia, es el camino de la Iglesia. Hoy son
muchas las angustias y las esperanzas, es cruda la profunda realidad del pecado y sus
consecuencias nefastas, a nivel personal como comunitario. El hombre sigue siendo
víctima del hombre, y todo lo que hiere al hombre, hiere a Dios que es amor. La
invitación jubilar que Cristo nos hace para entrar en su camino, espera nuestra
respuesta fiel.
2. Jesús se encaminó
decididamente hacia Jerusalén y envió mensajeros delante de Él (Lc 9, 51). Ser
cristianos es estar en el camino
Hermanos, invito a tomar
el Evangelio de San Lucas 9, 23 al 22, 1, para aprender a recorrer este camino hacia la
Pascua. Es el camino hacia "Jerusalén", donde el Hijo del Hombre será
crucificado y resucitará para nuestra salvación. Él nos dice "El que quiera
venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me
siga, porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la
salvará" (Lc 9, 23).
Tal vez nos moleste esta palabra, son tiempos
post-modernos, en que todo se hace agua, porque todo es light. Cristo que nos conoce muy
profundamente, Él mira adentro del corazón, y nos llama a aquello que va a rehacer
nuestra vida. En el Evangelio de San Lucas vamos a encontrar la subida de Jesús hacia
Jerusalén, para vivir su Pascua, su entrega, se va a jugar por nosotros y nos va a
manifestar su amor hasta el extremo de la cruz.
Mientras iban caminando, Jesús va llamando, y
diciéndonos: "Sígueme", y espera nuestra respuesta. "Te seguiré a donde
vayas". (Lc. 9, 57-61) ¿Estamos dispuestos?
3. Este es mi hijo muy
querido, escúchenlo (Mc 9, 7), 2º domingo de Cuaresma
En el camino hacia Jerusalén, Jesús
nos va enseñando cuál debe ser nuestra actitud para con Dios y los demás. Nos enseña a
alabar a Dios, que revela sus misterios a los pequeños. Nos regala en la parábola del
Buen Samaritano: cuál es el mandamiento principal y cómo debemos hacernos prójimos de
nuestros hermanos marginados (Lc 10).
Nos descubre la importancia del trabajo y del
servicio, como expresión del amor y también la necesidad de sentarnos a sus pies como
Marta y María, para descubrir qué es lo único necesario, aquello por lo cual debemos
dejarlo todo (Lc 10, 38,42), y centrarnos totalmente en Él.
Despierta en los que caminan con Él, el deseo clave
que tiene que ser el nuestro: "Señor, enséñanos a orar", y les enseñó el
Padre Nuestro, como el resumen y la síntesis de todo el Evangelio (Lc 11).
Que este año jubilar haga que el Padre Nuestro se
adentre en nuestro corazón, en nuestras familias y en nuestras instituciones. Siempre la
oración viva, cuando se hace con fe, es eficaz. El que lo embarra todo es Satanás, pues
busca desviarnos por otros caminos y alejarnos de este subir juntos hacia Jerusalén, para
morir y resucitar con Él, a una vida nueva, para ser hombres nuevos, como Jesús y María
y todos los Santos (Lc 11, 27-28).
4. La Cuaresma es un tiempo
de profunda renovación espiritual, ser templos vivos de Dios, irradiación de Jesucristo
(Jn 2, 13-25, 3er. domingo de Cuaresma
Este camino se
recorre en la fe, descubriendo los signos de la presencia de Cristo y de su peregrinar
junto a nosotros: teniendo encendida la lámpara de la fe; el aceite de la caridad,
y muy dentro de nosotros, la esperanza, a fin de saber superar los
obstáculos de la vida.
En este camino, Jesús va denunciando las
hipocresías; nos hace descubrir la necesidad del desprendimiento y de la verdadera
solidaridad.
Nos pide no poner la confianza y felicidad en el
dinero, o en las riquezas, o en los placeres, o en los ídolos que hoy encontramos en las
góndolas del mundo moderno, en las nuevas catedrales, que son los shopings, y en la
religión del consumo, del lucro y de la usura. Por eso es bueno, en este camino,
meditar la parábola del rico insensato. ¡Qué vale ganar todo el mundo si se pierde la
vida! Hay que aprender a ser ricos a los ojos de Dios y confiar en la Divina Providencia: "Busquen
primero el Reino de Dios y su Justicia y todo lo demás se les dará por añadidura"
(Lc 12, 31 y Mt 6, 33), "porque donde tengan su tesoro, tendrán su corazón"
(Lc 12, 34).
La Cuaresma es el tiempo para descubrir dónde está
nuestro tesoro, donde está la perla preciosa, por la cual debemos venderlo todo, para
quedarnos con Él. Es el tiempo de la vigilancia, para ser fieles. Recordemos la parábola
del servidor fiel: "al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más".
Son tiempos de definición, dentro de nuestro corazón, de nuestra propia familia y dentro
de nuestra sociedad: "el que no está Conmigo, está contra Mí", y "el
que no recoge conmigo, desparrama", dice el Señor (Lc 12, 10 t Mt 12, 30)
"Él sabía lo que hay en el corazón, en el
interior del hombre" (Jn 2, 25). (Jn 2, 25). (Jn 2, 25).
5. Jerusalén, Jerusalén,
que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados (Lc 13, 34-35)
Jerusalén somos también
cada uno de nosotros. Son nuestras ciudades, nuestros pueblos, nuestra diócesis, nuestra
provincia, el mundo, a quienes les dice Jesús: ¡Jerusalén!, ¡Jerusalén!
¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne bajo sus alas a los
pollitos, y tú no quisiste!; por eso, a ustedes, la casa les quedará vacía, les aseguro
que no me verán más, hasta que llegue el día en que me digan: "Bendito el que
viene en nombre del Señor" (Lc 13, 34-35; 19, 41-44).
En este camino de Cristo hacia Jerusalén, y
nosotros caminando con Él hacia la Pascua jubilar, sabemos que estas lágrimas de Cristo,
por nosotros, por su pueblo, nos hacen descubrir las parábolas de la misericordia de
Dios, y de la oveja perdida y encontrada. ¡Qué hermoso camino, para preparar la
reconciliación pascual! (Lc 15) ¿Quién de nosotros no puede considerarse una oveja
perdida? ¿Quién de nosotros no puede considerarse hijo pródigo? ¿O el otro hijo, que
no supo descubrir la misericordia y el amor del Padre? No supo amar ni dejarse amar por
Él.
Cuánta hipocresía puede haber en nosotros. Ser
hipócrita significa tener caretas, doble personalidad. Ser buenos en la Iglesia y malos
en la sociedad, en el trabajo, en la profesión, en los negocios, en las funciones
públicas. Por eso, frente a nuestra debilidad, Cristo, en este camino, nos muestra la
misericordia del Padre, que nos llega a través de su mirada y de su perdón en el
sacramento de la reconciliación. Esto es cosa seria. No es el simple cumplimiento de un
precepto. Es la conversión del corazón. No apunta solamente a algunas
"cositas", sino a toda nuestra vida: personal, familiar, profesional, laboral,
social, política, económica. Exige nuestra conversión y encuentro
con Cristo vivo y pascual (Lc 14, 25-33) para superar la profunda crisis moral.
6. Dios amó tanto al mundo
que entregó a su hijo único para que todo el que cree en Él no muera sino que tenga
vida eterna (Jn. 3, 16), 4º domingo de Cuaresma
En este camino hacia la
Pascua, para un encuentro con Jesús, debemos hacer un profundo examen de conciencia,
acerca de la administración de nuestra vida cristiana. Preguntarnos si hacemos buen uso
del dinero, qué sentido le damos a la riqueza y cuál es la responsabilidad social de los
bienes. Somos interpelados en la parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro, quien
esperaba las migajas del rico, pero no se las daba. Eran más sensibles los perros que
lamían sus llagas: la pobreza, la falta de trabajo son las llagas sociales que nos deben
interpelar muy dentro de la conciencia, llamada solidaridad cristiana.
¡Cuidado San Francisco!, ¡cuidado ciudades y
pueblo! No se deben convertir en una extensa mesa de dinero, como nefasta explotación
usurera para los más necesitados, y para engordar el bolsillo de los ricos, y poner sus
condiciones. Meditemos, la parábola de Lc 16, 19-31, para convertirnos.
¿Le damos importancia a la vida familiar, a la
fidelidad matrimonial? Cristo denuncia el delito del adulterio, la plaga del divorcio y el
crimen del aborto. "Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los
ocasiona! Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler, y lo precipitaran
al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños". Por lo tanto, tengan
cuidado". La corrección fraterna, el llamado a una conducta nueva, haga brotar de
nuestra debilidad el grito sincero y consecuente: "Señor, auméntanos la
fe".
Para creer es necesario "orar siempre, sin
desanimarse" (Lc 18). No ser como el fariseo, sino como el publicano que oraba así:
"Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador". Les aseguro que éste
volvió a su casa justificado, pero no el fariseo. Porque todo el que se ensalza, será
humillado y el que se humilla, será ensalzado.
Les aseguro que si no se hacen como niños, no
entrarán en el Reino de los cielos. Que no nos pase como al joven rico. Jesús lo miró
con amor, pero el contrapeso de las cosas, lo hicieron entrar en la oscuridad para
siempre.
En el camino, un ciego, ¿quién no es ciego?, se
puso a gritar: ¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí! Cristo se acercó y
le preguntó: ¿Qué quieres que haga por ti? ¡Señor, haz que vea! ¿Nosotros no
necesitamos ver?
Dios quiera que en esta Pascua, con la conciencia de
una Cuaresma bien vivida, todos podamos realmente "ver". Ver los signos y las
señales de Jesús en nuestra vida, en nuestra historia, en este Año Santo. Ver las luces
y las sombras de nuestra sociedad. Ver las fortalezas y las debilidades en nuestra vida, y
así entrar en la Pascua de Jesús.
7. Si el grano de trigo que
cae en tierra muere, da mucho fruto (Jn 12, 24-28),
5º domingo de Cuaresma
En este camino de Jesús hacia Jerusalén, antes de
su entrada mesiánica el Domingo de Ramos, nos ofrece aquello que debe ser para nosotros
una verdadera preparación para vivir la Semana Santa jubilar, profundamente renovados: es
la conversión de Zaqueo. "Zaqueo, baja pronto, porque tengo que alojarme en tu
casa, quiero entrar en tu corazón, en tu vida, en tu familia". "Zaqueo bajó
rápidamente y lo recibió con alegría". Esta es la verdadera actitud del que se
convierte resueltamente: "Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres y si
he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más". Para recibir el perdón, hay
que restituir. No se puede adorar a Dios y al dinero, y éste, muchas veces, mal habido en
las mesas de dinero clandestinas o camufladas. No se deben quedar con las propiedades de
los que están en verdaderos apuros, no se debe jugar con la pobreza de la gente y las
necesidades de los demás. El que roba, para ser perdonado, debe restituir. No se deben
amasar riquezas robando, de una manera elegante o sucia. Se roba con el tráfico de la
droga, con el lavado de dinero o con la usura y la estafa. El que roba, no robe más. Para
ser perdonado debe devolver. Se roba también la fama del prójimo, la vida del prójimo,
la unidad de la familia, la verdadera y auténtica educación. Se roba de tantas maneras,
pero Zaqueo cambió. Por eso Cristo nos dice como le dijo a él: "¡Hoy ha llegado la
salvación a esta casa! porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba
perdido".
Que todo este tiempo de oración, ayuno, penitencia,
nos ayude a entrar dentro de nuestro corazón, y dejar entrar a Cristo para administrar
nuestra vida según el Evangelio, y preocuparnos sinceramente por el gran negocio,
el único necesario, que es el de nuestra salvación que costó el precio de la sangre de
Jesús, derramada en la Cruz.
8. Jesús siguió adelante
subiendo a Jerusalén a vivir la Semana Santa (Lc. 12, 28-47)
Que el Domingo de Ramos,
al cantar el ¡Hosanna!, como en la noche pascual, con el cirio encendido o la seriedad y
la profundidad del Jueves y Viernes Santo, al pie de la Cruz, nos lleve a realizar en esta
Cuaresma, gestos de profunda y sincera conversión.
La gracia y la misericordia de Dios, están con
nosotros, Dios nos abraza con su Hijo y con su Espíritu, si recorremos juntos el camino
de Jesús hacia Jerusalén con el cambio profundo de nuestra vida, que nos lleva al
encuentro sincero con Él en la comunión, en la palabra y en el prójimo.
Dispongo que cada parroquia organice una
peregrinación hacia la iglesia catedral, especialmente el 21 de agosto, u otra fecha, y
una peregrinación al templo elegido en cada decanato.
El Jueves Santo, el jubileo sacerdotal se realizará
en la misa crismal. Que la comunidad acompañe a su Pastor, y que los pastores
concienticen y preparen el camino jubilar de todos los fieles.
A todos bendigo de corazón y ayudémonos los unos a
los otros a vivir esta Cuaresma del Gran Jubileo, para estar abiertos a la acción del
Espíritu, que quiere darle a la Iglesia de Cristo una Primavera jubilar, con la ayuda de
María, Madre y Reina al pie de la cruz.
Los exhorto a acompañar a los más pobres,
débiles, sufrientes y enfermos, a vivir esta gracia, y llegue a ustedes, a través de mi
ministerio episcopal, la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Dios
siempre es amor
Baldomero Carlos Martini, obispo de San Francisco
Este
documento fue publicado como suplemento
del Boletín Semanal AICA Nº
2256, del 15 de marzo
de 2000
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