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"EL
SEÑOR ESTÁ CERCA.
NO SE ANGUSTIEN POR NADA"
(Fil. 4,4-6).
Mensaje del obispo de San Francisco, Mons. Baldomero Carlos Martini,
para el Adviento 2002
QUERIDOS HERMANOS: Comenzamos un
nuevo Adviento y como Pastor de Ustedes quiero ayudarles a que el camino
hacia la Navidad sea una gracia de profunda renovación de los corazones,
las mentes y las actitudes.
1.
Jesús, el Hijo de Dios se identificó tanto con su pueblo que se dejó llamar
“Jesús de Nazaret” y la triste realidad de su ciudad y de su patria le
arrancó lágrimas. Estas lágrimas son muy significativas para contener
nuestras lágrimas y las de todos los argentinos lejanos y cercanos a
nosotros.
Especialmente las lágrimas de
los desocupados, que quieren trabajar y no consiguen en esta Argentina que
nos duele. Las de los empobrecidos, excluidos, indigentes con hambre y
golpeados por las injusticias.
Las lágrimas de los que más
sufren: “los mayores sin salud, los adultos sin trabajo, los jóvenes sin
educación y sin futuro y los niños sin alimentos” en una Argentina granero
del mundo.
Nuestras lágrimas en las lágrimas
de Cristo para descubrir que lo que nos destruye no es tanto la pobreza,
sino la inmoralidad. “Dios que nos habla desde sus maravillas, también nos
habla desde nuestros fracasos y nos llama a volvernos a Él, y convertirnos
desde lo más hondo de nuestro corazón”. Todo debemos cambiar. La crisis que
vivimos es una profunda crisis moral y toca los fundamentos de la patria.
¿Qué hicimos de nuestra Patria?
Esta cruda realidad tiene muchas facetas. Hemos puesto en crisis los
valores, las instituciones y el porvenir de todos los argentinos. ¿Hasta qué
punto interesa el bien común?
Se pone en crisis la autoridad en
todos los ámbitos para hacernos entrar en la anarquía. “Ni la llegada al
país de nuevas sumas de dinero, ni las reformas de las instituciones, ni el
recambio político, serán suficientes para construir una nueva Nación. Estas
soluciones serán estériles sin una fuerte pasión por desarrollar en cada
ciudadano las más valiosas actitudes sociales”. “ Conocer los valores no es
suficiente para reconstruir la Nación. De hecho, no siempre cumplen la ley
los que mejor la conocen. Es más, quienes conocemos y predicamos los valores
del Evangelio no siempre los encarnamos en nuestro compromiso social ” ( La
nación que queremos 1,2,7,8 y 9) ¿que hicimos de nuestra labor educativa?.
Nos duele la Argentina, porque en
vez de casa común a construir con el esfuerzo de todos, ha sido convertida
en presa de rapiña para algunos.(1). El hombre es víctima del hombre. Nos
duele el dolor de cada argentino, sabiendo que todo lo que hiere al hombre
toca a Jesús, el Señor que viene a salvarnos. Ël es el único Mesías y
Salvador de todos.
2.
En este tiempo de Adviento la Palabra de Dios llega a nosotros para
decirnos por el profeta “Nos hemos convertido en una cosa impura, toda
nuestra justicia es como un trapo sucio. Nos hemos marchitado como el
follaje y nuestras culpas nos arrastran como el viento.” Su amor nos dice
¡Consuelen, consuelen a mi Pueblo! ¡Aquí está tu Dios! Ya llega el Señor con
poder y su brazo le asegura el dominio. Como un pastor, Él apacienta el
rebaño, lo reúne con su brazo; lleva sobre su pecho a los corderos y guía
con cuidado a las que han dado a luz.”(Is 40,1.10-11 y 64,5)
En estos tiempos difíciles, la
oración nos debe hacer entrar en el corazón y en los sentimientos de
Cristo, de la mano de San Pablo: “ Bendito sea Dios, el Padre de nuestro
Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que
nos reconforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos
dar a los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios. Porque así
como participamos abundantemente de los sufrimientos de Cristo, también por
medio de Cristo abunda nuestro consuelo” (2 Cor 1,3-7)
Hermanos “no extingan la acción
del Espíritu, no desprecien las profecías; examínenlo todo y quédense con lo
bueno. Cuídense del mal en todas sus formas”(1 Tes 5,16-24)
“Preparen el camino del Señor,
allanen sus senderos” que nuestra respuesta sea como la de María “ Yo soy
la servidora del Señor, que se haga en mí según tu Palabra” y también “Mi
alma canta la grandeza del Señor, El miró con bondad la pequeñez de su
servidora, ha hecho en mí grandes cosas ¡su Nombre es Santo! Colmó de bienes
a los hambrientos. Socorrió a su Pueblo, acordándose de su misericordia”
“Tengan cuidado y estén
prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. ¡Estén prevenidos!
Dice el Señor
3.
El Adviento es tiempo de ESPERANZA. Como esperó el Bautista y esperó María,
así debemos esperar nosotros al Señor que viene para entrar en cada corazón,
en cada familia y en esta Argentina herida y empobrecida y haya un lugar
para nacer y a fín de que todo renazca.
No habrá una Argentina nueva sin
corazones nuevos. ”Necesitamos recrear “ una nación cuya identidad sea la
pasión por la verdad y el compromiso por el bien común” (6)
“En este
momento de transformación nos debe alentar la esperanza, que es la virtud
del peregrino. Las personas y los pueblos por mal que estemos siempre
tenemos la oportunidad de estar mejor. Pero el futuro se construye con la
ayuda de Dios y el esfuerzo arduo, frente al facilismo de propuestas
demagógicas. Esta entrega es parte esencial de la espiritualidad cristiana.
Precisamente es la conversión, la que como principio de novedad genera la
esperanza.”(10)
Desde la
vivencia del Adviento como camino hacia la Navidad, necesitamos expresarnos
en gestos concretos de conversión y de esperanza que manifiesten nuestro
compromiso cristiano y nuestra solidaridad con los más sufrientes.
Desde nuestra
experiencia de encuentro con Cristo “tenemos también que desarrollar
algunos valores indispensables para la vida social:
Frente a la
cultura de la dádiva, promover la cultura del trabajo, el espíritu de
sacrificio, el empeño perseverante y la creatividad.
Frente a la
corrupción y la mentira, promover el sentido de justicia, el respeto por la
ley y la fidelidad a la palabra dada.
Frente a la
fragmentación social, promover la reconciliación, el diálogo y la amistad
social.
Sólo buenos
ciudadanos, que obren con inteligencia, amor y responsabilidad, pueden
edificar una sociedad y un Estado más justos y solidarios.
Debemos
estimular el sentido del bien común para lograr el bien de todos”(6 y7)
Que la
presencia maternal de la Santísima Virgen María, Madre de la Esperanza, nos
ayude a vivir estos días de Adviento como tiempo especial de Gracia que
renueve nuestra vida y compromisos cristianos.
Que nuestro
correr hacia el encuentro de Cristo que viene con rostro de Niño, nos
prepare para una Navidad del corazón y profundamente cristiana Los abrazo
con mi bendición pastoral.
¡SIEMPRE DIOS ES AMOR!
Mons. Baldomero Carlos Martini, obispo de San Francisco
¡ARGENTINA LEVÁNTATE !
“UN NIÑO SE TE HA DADO COMO ESPERANZA” |