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"ESTE ES EL DÍA QUE HIZO EL SEÑOR:
ALEGRÉMONOS EN ÉL"


Mensaje pascual de Mons. Carlos Martini, 
obispo de San Francisco para el año 2002


Queridos hermanos: Deseándoles una muy Feliz Pascua de Resurrección, los abrazo con mi amor y alegría Pascual y los invito a vivir de corazón y con el corazón abierto, la Resurrección de Jesucristo.

"Celebremos, entonces, nuestra Pascua, no con la vieja levadura de la malicia y la perversidad, sino con los panes sin levadura de la pureza y la verdad." (lCor5,8)

¡Alégrense! Cristo Resucitado sale a nuestro encuentro, para que nos encontremos con Él y descubramos su Rostro y su Presencia viva y transformadora, en medio de nosotros.


1. En el camino de la vida, con rostro de hermano y de prójimo

Muchas veces caminamos desconcertados y dando las espaldas a Jerusalén, el lugar de la Pascua. Caminamos tristes y sin esperanza. El Sábado Santo, nos pone a prueba, nos educa en la escuela de María, que esperó contra toda esperanza. Nos ayuda a purificar nuestra mirada, para saber descubrir el Rostro de Jesús, su cercanía y su presencia en el camino de la vida. Así lo hizo con aquellos dos discípulos en el primer Domingo. Jesús se acercó primero como un caminante, como alguien que quiere caminar a nuestro lado en la clave del hermano y de prójimo. Todo hombre es nuestro hermano.

Muchas veces, tenemos conocimientos religiosos, pero tal vez, no sabemos ver a Cristo, en los que están a nuestro lado, en la casa, en el trabajo y en la calle.

En esta Pascua aprendamos los Argentinos, a reconocer que todo argentino es nuestro hermano.

Si herimos al prójimo, si ignoramos y excluimos al hermano, herimos, ignoramos y excluimos a Jesús, que resucitó y camina a nuestro lado.


2. Como palabra viva que ilumina nuestra vida y nuestro caminar

En estos días santos, hemos tenido la gracia de escuchar a Jesús, que nos habló de tantas maneras. Nos habló en su Pasión y en su camino hacia la Cruz y desde la Cruz. En la Noche de la Ultima Cena nos habló, dejándonos el Testamento de su Amor, la intimidad de su Oración al Padre, el Mandamiento Nuevo del amor y del camino de santidad que nos abrió con su Pascua.

Con su Palabra y con sus Gestos de Amor, nos hizo descubrir como a los discípulos de Emaús: ¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria? Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a Él" (Lc24,25-29)

Cristo Resucitado se hace presente en su Palabra, que sana, santifica e ilumina nuestro peregrinar. Por la acción del Espíritu Santo, podemos también nosotros experimentar: "¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?"


3. Todo el amor, toda la Pascua de Cristo, en cada Eucaristía

Cuando escuchamos bien a Cristo, que nos habla al corazón, brota desde lo más profundo, la oración, como la respiración del alma: Pero ellos insistieron: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". La Palabra bien recibida nos hace vivir y orar y nos lleva al más grande de los encuentros con Cristo, donde nos revela su verdadero Rostro de Hijo eterno, su Rostro doliente y su Rostro de Resucitado. Es el Encuentro de la Eucaristía. "Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron."

Es el Sacramento de la Pascua, que nos regala el alimento de su Cuerpo y de su Sangre vivientes, su Sacrificio de Amor y de su Presencia, para vivir como Él y para ser parecidos a Él.

Es la Fuente y la Culminación de toda nuestra vida y de nuestra misión como cristianos, en la Iglesia y en el mundo. En cada Misa nos vamos haciendo más Iglesia, más Familia de Cristo, "porque cuando la Iglesia, hace la Eucaristía, se fabrica a si misma" (S. Ag)


4. Hacer del domingo el corazón de la semana y vivir la Eucaristía como el corazón del domingo, Pascua semanal

El Santo Padre Juan Pablo II, nos pidió a los Obispos, ayudar a los cristianos y a las familias a redescubrir la importancia del Domingo, como espacio vital de celebración y de renovación espiritual. No dejemos que nos corrompan también los valores fundamentales que nos ayudan a ser fieles a nuestra vocación humana y cristiana. Que esta Pascua nos lleve a encontrarnos cada domingo junto al Señor Resucitado, fuerza y esperanza del caminar de los hombres. Promover el descanso dominical, para saber estar con el Señor, con la familia y con los hermanos.

Invito a mirar lo que nos pasa, a través de la Eucaristía Dominical, como escuela de la espiritualidad de Comunión, de amor y de auténtica solidaridad.

" Que la Luz de Cristo gloriosamente resucitado disipe las tinieblas de la inteligencia y del corazón para que seamos hombres y mujeres nuevos, familias, santuarios de la vida, de la fidelidad y del amor y que Argentina sea Patria para todos, en la Justicia y la Paz."

Que María Señora del Sábado Santo, nos ayude a vivir con esperanza y a esperar contra toda esperanza, nuestra Resurrección definitiva.

Bendigo a todos y de una manera especial a los que más sufren y necesitan, la consolación de la mente, la del corazón y de la vida.


¡DIOS ES AMOR!

¡FELICES PASCUAS!


Mons. Baldomero Carlos Martini,
Obispo de San Francisco



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