Queridos hermanos: Deseándoles una
muy Feliz Pascua de Resurrección, los abrazo con mi amor y alegría Pascual
y los invito a vivir de corazón y con el corazón abierto, la Resurrección
de Jesucristo.
"Celebremos,
entonces, nuestra Pascua, no con la vieja levadura de la malicia y la
perversidad, sino con los panes sin levadura de la pureza y la verdad."
(lCor5,8)
¡Alégrense!
Cristo Resucitado sale a nuestro encuentro, para que nos encontremos con Él
y descubramos su Rostro y su Presencia viva y transformadora, en medio de
nosotros.
1. En
el camino de la vida, con rostro de hermano y de prójimo
Muchas
veces caminamos desconcertados y dando las espaldas a Jerusalén, el lugar
de la Pascua. Caminamos tristes y sin esperanza. El Sábado Santo, nos pone
a prueba, nos educa en la escuela de María, que esperó contra toda
esperanza. Nos ayuda a purificar nuestra mirada, para saber descubrir el
Rostro de Jesús, su cercanía y su presencia en el camino de la vida. Así
lo hizo con aquellos dos discípulos en el primer Domingo. Jesús se acercó
primero como un caminante, como alguien que quiere caminar a nuestro lado en
la clave del hermano y de prójimo. Todo hombre es nuestro hermano.
Muchas
veces, tenemos conocimientos religiosos, pero tal vez, no sabemos ver a
Cristo, en los que están a nuestro lado, en la casa, en el trabajo y en la
calle.
En
esta Pascua aprendamos los Argentinos, a reconocer que todo argentino es
nuestro hermano.
Si
herimos al prójimo, si ignoramos y excluimos al hermano, herimos, ignoramos
y excluimos a Jesús, que resucitó y camina a nuestro lado.
2.
Como palabra viva que ilumina nuestra vida y nuestro caminar
En
estos días santos, hemos tenido la gracia de escuchar a Jesús, que nos
habló de tantas maneras. Nos habló en su Pasión y en su camino hacia la
Cruz y desde la Cruz. En la Noche de la Ultima Cena nos habló, dejándonos
el Testamento de su Amor, la intimidad de su Oración al Padre, el
Mandamiento Nuevo del amor y del camino de santidad que nos abrió con su
Pascua.
Con
su Palabra y con sus Gestos de Amor, nos hizo descubrir como a los
discípulos de Emaús: ¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta
creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías
soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria? Y comenzando por
Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las
Escrituras lo que se refería a Él" (Lc24,25-29)
Cristo
Resucitado se hace presente en su Palabra, que sana, santifica e ilumina
nuestro peregrinar. Por la acción del Espíritu Santo, podemos también
nosotros experimentar: "¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras
nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?"
3. Todo
el amor, toda la Pascua de Cristo, en cada Eucaristía
Cuando
escuchamos bien a Cristo, que nos habla al corazón, brota desde lo más
profundo, la oración, como la respiración del alma: Pero ellos
insistieron: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se
acaba". La Palabra bien recibida nos hace vivir y orar y nos lleva
al más grande de los encuentros con Cristo, donde nos revela su verdadero
Rostro de Hijo eterno, su Rostro doliente y su Rostro de Resucitado. Es el
Encuentro de la Eucaristía. "Él entró y se quedó con ellos. Y
estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió
y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo
reconocieron."
Es
el Sacramento de la Pascua, que nos regala el alimento de su Cuerpo y de su
Sangre vivientes, su Sacrificio de Amor y de su Presencia, para vivir como
Él y para ser parecidos a Él.
Es
la Fuente y la Culminación de toda nuestra vida y de nuestra misión como
cristianos, en la Iglesia y en el mundo. En cada Misa nos vamos haciendo
más Iglesia, más Familia de Cristo, "porque cuando la Iglesia,
hace la Eucaristía, se fabrica a si misma" (S. Ag)
4.
Hacer del domingo el corazón de la semana y vivir la Eucaristía como el
corazón del domingo, Pascua semanal
El
Santo Padre Juan Pablo II, nos pidió a los Obispos, ayudar a los cristianos
y a las familias a redescubrir la importancia del Domingo, como espacio
vital de celebración y de renovación espiritual. No dejemos que nos
corrompan también los valores fundamentales que nos ayudan a ser fieles a
nuestra vocación humana y cristiana. Que esta Pascua nos lleve a
encontrarnos cada domingo junto al Señor Resucitado, fuerza y esperanza del
caminar de los hombres. Promover el descanso dominical, para saber estar con
el Señor, con la familia y con los hermanos.
Invito
a mirar lo que nos pasa, a través de la Eucaristía Dominical, como escuela
de la espiritualidad de Comunión, de amor y de auténtica solidaridad.
"
Que la Luz de Cristo gloriosamente resucitado disipe las tinieblas de la
inteligencia y del corazón para que seamos hombres y mujeres nuevos,
familias, santuarios de la vida, de la fidelidad y del amor y que Argentina
sea Patria para todos, en la Justicia y la Paz."
Que
María Señora del Sábado Santo, nos ayude a vivir con esperanza y a
esperar contra toda esperanza, nuestra Resurrección definitiva.
Bendigo
a todos y de una manera especial a los que más sufren y necesitan, la
consolación de la mente, la del corazón y de la vida.
¡DIOS ES AMOR!
¡FELICES
PASCUAS!
Mons. Baldomero Carlos Martini, Obispo de San Francisco