|
CON SAN FRANCISCO DE ASÍS TE DESEO:
¡PAZ Y BIEN, CIUDAD!
Mensaje episcopal de Mons. Mons. Baldomero Carlos Martini,
obispo de San Francisco
-
3 de octubre de 2003
1. Un hombre joven que se dejó alcanzar por Jesucristo
Queridos hermanos:
En un tiempo difícil, cada tiempo tiene sus dificultades, este joven
soñador, lleno de vida, amante de las fiestas sanas aparece en la Asís
medieval y con una muy buena educación, fruto de una madre cristiana,
que le hace vivir y gustar la oración y la soledad, tiene una
experiencia fuerte dentro de su corazón que cambia el horizonte de su
vida.
La
aparición del Crucificado le hace oír las conocidas palabras de
invitación: “Francisco, ve a reparar mi Iglesia que como ves, está
totalmente en ruinas” Nosotros bautizados somos iglesia.
Cristo lo
llama a una vida evangélica, vive su perfecta conversión, renuncia a
su herencia paterna y se abraza a la pobreza para transformarse en
heraldo del Gran Rey.
El
encuentro con Cristo le hace descubrir los auténticos valores,
presentes en el Evangelio al que se acerca con la simplicidad y la
frescura de un joven, que quiere tener el ideal del amor puro y
verdadero y la alegría que brota de un corazón auténtico, tocado por
la presencia del Espíritu que hace de él, un trovador que canta, la
única Belleza que salva.
2. En Jesús, Dios y hombre, busca al padre y se hace hermano de
todo
Por su
comprensión evangélica de la Encarnación del Hijo de Dios, descubre en
el Misterio hondo de Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, el
fundamento de todo. Creer es mirar con tus ojos Señor y así darle a la
vida todo su valor. Con la Encarnación la eternidad entró en el tiempo
y nuestro tiempo tomó las dimensiones de la eternidad. Descubre en
Dios, que es Amor, el fundamento último de la dignidad humana y de la
comunión fraterna. Sabe dar a Dios la alabanza y la adoración y tiene
desde esta experiencia, la sabiduría que da el Espíritu para hacerse
hermano de los hombres y vivir en clave de nosotros y hermano de toda
la Creación. Así Francisco, ve al hermano sol y a la hermana luna,
también se hermana con los compromisos, abrazando a la hermana pobreza
y se desposa con ella y también con los acontecimientos de su vida y
así le canta a la hermana enfermedad y a la hermana muerte.
Se lo
reconoce como el hermano universal que canta y anuncia enamorado, a
Aquel que vino a hacernos hijos de Dios y hermanos de todos los
hombres: JESUCRISTO.
3. Maduró su amor en el misterio de la pasión de Cristo
“El
misterio de la pasión de Cristo es el que le comprometía más a fondo.
Su espiritualidad partía de la Cruz y culminaba en la Cruz. Desde que
el Crucificado se la manifestó, no sabía separarse del recuerdo de la
Pasión de Cristo” Y claro la Cruz es la expresión más grande del Amor
de Dios. El Crucificado de San Damián, tiene los ojos abiertos, porque
es el Resucitado, el que vive.
Francisco
“anhelaba ir por el mundo llorando la pasión del Señor. Vivió siempre
clavado en la cruz y largo tiempo oculto en las heridas del Salvador.
Los estigmas corporales brillaron al exterior en su carne, porque en
el interior echaban profundísimas raíces en su mente y en su corazón”
En la
Eucaristía, encontraba el centro de su vida. Allí en el misterio total
tenía la fuente de su caridad, de su humildad, de su pobreza y de su
obediencia, de la simplicidad y su prudencia, también de su penitencia
y de su alegría. En la Cruz maduró su Amor y su inmensa Alegría.
La
experiencia de Francisco vale para todos lo que saben ver y quieren
vivir con sentido.
4. Su mensaje de vida, se resume en este saludo: ¡paz y bien
ciudad!
San
Francisco de Asís, con su patronazgo tiene un mensaje para nuestra
ciudad y en estos tiempos. Lo bueno, sería preguntarnos, si su figura,
su ejemplo y su mensaje han tocado las raíces culturales de nuestra
sociedad sanfrancisqueña y si aún perduran y están presentes en las
decisiones.
Este es
un día de gracia para abrir el corazón de cada uno, las puertas de la
familia y de las instituciones todas, para recordar con gratitud el
pasado, vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza hacia el
futuro
Que
Francisco que tan fielmente irradió al Señor y su Evangelio, como lo
contemplamos en el mural central de la Iglesia Catedral, nos ayude a
descubrir que CRISTO ES NUESTRA PAZ. Con Él nos llegan todos los
dones, para vivirlos en la vida privada y en la vida pública. La Paz
no es sólo tranquilidad en el orden. Es un don y una tarea de todos
para hacer de nuestra ciudad, una CIUDAD DE DIOS y para todos, donde
las autoridades sean servidores y nadie se crea dueño y los pastores
estemos en medios de las comunidades sirviendo y siendo como Francisco
forma del rebaño. Todos, seamos ejemplos que ayudemos a crecer y a
servir.
“Toda la
vida en sociedad tiene para las personas un fundamento más hondo: DIOS
MISMO” .Por lo tanto no lo marginemos, en lo político, en lo económico
y menos aún en lo educacional. Qué esfuerzo se hace para no nombrarlo
en ciertos discursos. Recordemos que un humanismo sin Dios, se
convierte en un humanismo contra el hombre, su dignidad, la dignidad
de la vida entera, de la familia y del trabajo. Sin Dios crece entre
nosotros la Torre de Babel, necesitamos un Pentecostés.
Vivamos
en clave de nosotros, para que en lo político, la democracia sea
participación de todos buscando el consenso que construye y en lo
religioso, busquemos la fraternidad como rostro humano de la COMUNIÓN,
que siempre es comunión con Dios y con los hermanos.
Que los
primeros y privilegiados, sean los más pequeños, los más pobres, los
sufrientes.
Francisco
nos estimula a hacer del Bien la raíz profunda de nuestro ser y hacer
y que el bien común sea nuestra pasión y esté presente en todas las
decisiones de los constructores de la ciudad.
“No
estamos sólo en una época de cambios, sino ante un cambio de época que
compromete seriamente la identidad de nuestra nación” y de nuestra
ciudad. Se nos pide en conciencia a todos: RESPONSABILIDAD y
COMPROMISO HONESTO
Que
Francisco nos ayude a buscar y aceptar el único fundamento, JESUCRISTO
Y SU EVANGELIO
Que María
Santísima cuide de nuestra ciudad y de la santidad de los corazones
.No habrá una ciudad nueva sin corazones nuevos y sin que lo bueno
pase por la familia donde se fragua el futuro de la ciudad. Que el
Santo Rosario nos ayude a vivir y a centrar nuestra vida en los
Misterios de Jesús como el Santo de Asís vivió.
Los amo y
bendigo a todos.
¡DIOS ES AMOR!
Mons. Baldomero Carlos Martini,
obispo de San Francisco
3 de
octubre de 2003, año del Santo Rosario
|