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EN EL ROSTRO DE UN NIÑO


Mensaje de Mons. Baldomero Carlos Martini, obispo de San Francisco
para la Navidad 2003


“La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: ‘Dios con nosotros’” (Mt 1,18-25)


1. “El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado.” (Is 9,1-6)

Mis queridos Hermanos: En el silencio de la noche, Aquel, que es la Palabra eterna, se hace silencio en el seno virginal de María, por obra y gracia del Espíritu Santo, y nos muestra en la cueva de Belén , la Belleza del Dios que es Amor, en su Rostro tierno de niño. Se hizo pequeño, un infante, no habla, pero El es la Palabra: “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14). Es la eternidad que entra en el tiempo y se hace historia, para que nosotros los hombres encontremos en El, la más profunda identidad y vocación. No hay realidad más triste que el haber perdido la identidad. Todos queremos conocer nuestro origen, dónde nacimos, quiénes son nuestros padres, cómo fue nuestra infancia. La Navidad de Cristo, no sólo es la Manifestación de la Visita Salvadora de Dios a su Pueblo, sino también la revelación del misterio de cada uno de nosotros los hombres, en el Misterio del Dios que se hizo verdaderamente uno de nosotros. Por eso Navidad, también es la fiesta del hombre, que proclama la dignidad de todos los hombres, de donde brotan los auténticos valores y derechos: de la vida y de la familia, de las comunidades y de nuestros pueblos. La Navidad nos lleva a la fuente del proyecto salvador del Padre y al corazón de Su Amor (Jn 3,16)


2. El Verbo “vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron, pero a todos lo que lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios” (Jn 1,1-18)

Mi corazón se llena de alegría, al contemplar en el Rostro de Jesucristo, mi dignidad de ser hijo de Dios.

Este debe ser nuestro más profundo gozo: sabernos hijos en el Hijo único de Dios. Por eso decían los Padres: ¡Reconoce oh cristiano tu dignidad! Somos suyos y a El pertenecemos. Sin embargo, el Evangelio nos dice hoy: “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”. ¿Jesús ha encontrado abiertas las puertas del corazón, de la familia, de la Comunidad? La indiferencia religiosa, la ceguera espiritual y el endurecimiento del corazón, es como una lluvia ácida, que nos daña en lo más profundo, que es la relación con Dios y corrompe la relación con los demás. El Ser hijos de Dios lleva a vivir la fraternidad y ésta es el rostro humano, de algo más hondo, que es la Comunión con Dios y con los hermanos. La fuente de la verdadera unidad, que sana de todas las divisiones y enemistades que tanto dañan a las familias, a los pueblos y a la nación.

Celebrar la Navidad con Cristo, es volver a la Fuente del Amor, que nos hace superar el egoísmo que mata, daña e hiere a la sociedad. Es volver a la Fuente de la Verdad, que disipa tantos errores que hoy se difunden, engañando a los pequeños. Es volver a la Fuente de la Belleza que salva, la que abre las puertas del corazón a los valores humanos y evangélicos, capaces de hacer el hombre nuevo, fermento de un mundo mejor. Cristo es el Evangelio de la Vida y de la Paz que nos urge a trabajar por la cultura de la vida que engendra la paz


3. “Los pastores se decían unos a otros: “vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha anunciado” (Lc 2,15-20)

Los pequeños y sencillos, como los pastores y los magos de oriente, son capaces de descubrir la señales del paso del Señor y escuchar su Palabra, en el silencio de la noche: “ No teman, porque les traigo una Buena Noticia, una gran alegría para todo el Pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2,1-14). ¡Cuál es nuestra actitud ante la Gracia de la Nochebuena?

Se nos pide un corazón humilde y un espíritu de pobre, para aceptar a Jesucristo, como una feliz noticia. Corramos hacia su encuentro, como los pastores, para vivir la experiencia del abrazo de Dios, que nos convierte en mensajeros : “ Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño y todos los que los escuchaban quedaron admirados” Es la Buena Nueva, que el Espíritu nos hace recibirla con estupor, es decir heridos por la Verdad grande, de un Dios que se hace niño , para que cada uno se convierta en hijo de Dios, capaz de vivir y de actuar en consecuencia, como vivió María. “María conservaba estas cosas cuidadosamente y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que había recibido” Esta Navidad nos ayude a poner cada experiencia de fe y cada descubrimiento, uno en relación con el otro y todos con el Misterio de Dios, que ha querido visitarnos, en la alegría o en el dolor que cada uno conoce, y así está, vivo en medio de nosotros y en nosotros como el Emanuel. Por eso, con toda la vida cantamos y glorificamos junto a los Ángeles: “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres amados por Él!”

¡A todos los que escuchen este mensaje les deseo de corazón una Santa y Feliz Navidad cristiana!

Los bendigo e invito en esta Nochebuena, junto al Altar, a postrarnos delante del Niño Dios con Santa María, la Madre, y el fiel San José, Padre adoptivo, abrazados a todos los hombres, creyentes y no creyentes de buena voluntad, muchos rostros pero con un solo corazón, para darle el beso humilde de nuestro amor y adoración y recibir Su perdón, Su alegría y Su paz.

¡DIOS ES AMOR!


Mons. Baldomero Carlos Martini, obispo de San Francisco


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