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“¡LA PAZ ESTÉ CON USTEDES”! (Jn 20,19)


Mensaje de Mons. Baldomero Carlos Martini, obispo de San Francisco,
para la Pascua de 2003


Queridos hermanos: Resuenan en mi corazón las palabras de los dos testigos del cielo, junto al sepulcro vacío: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?. No está aquí. Ha resucitado” (Lc 24,5) y las pongo en mis labios de padre y pastor en esta hora difícil de la historia, para decirles con todo mi amor ¡Feliz Pascua de Resurrección para todos ustedes! Ruego y deseo que esta Pascua sea una fiesta muy dentro del corazón de cada uno, de cada familia, de la patria y en el mundo.¡ Cristo ha resucitado y está con nosotros!


1.
Viernes santo de la historia, es la hora de la cruz y del triunfo del amor

Siguiendo el Evangelio, contemplemos el Misterio Pascual en toda su integridad. Ni vaciar la Cruz de Cristo, ni inutilizar su Resurrección. Miremos todo a través de Cristo en la Cruz, resucitado, glorificado, entregando el Espíritu y haciendo nacer la Iglesia, que es su Cuerpo. El Resucitado es el que fue crucificado.

Miremos el viernes del tiempo a través de lo vivido y celebrado el Viernes Santo donde triunfa el Amor más grande por cada uno de nosotros y se revela en el rostro doloroso del Cristo Crucificado, la luminosidad y la Belleza del Dios, que siempre es Amor.

Con la mirada de la fe contemplemos el viernes de la humanidad, que está herida por una terrible guerra y por las consecuencias que nos deja a todos. El hombre es herido en su dignidad más profunda, hombres, víctima de otros hombres. Son los rostros del Viernes Santo los que hemos visto y estamos viendo, cuando se mata la vida. ¡Qué desprecio por la vida! Es un grito que brota de la humanidad desgarrada por tantas guerras. Muertes de inocentes en el seno materno, niños explotados para lucrar, jóvenes heridos por las drogas y la violencia. ¡Hermanos! ¿Es la muerte la que tiene su última palabra? ¿Es el egoísmo más potente que el amor? ¿El pecado es más vigoroso que la Gracia? Aceptar esto, es negar que Cristo Resucitó.

Miremos, también, con los ojos de Cristo y con los sentimientos profundos de su corazón traspasado, nuestra realidad Argentina. La Patria está herida y enferma. La democracia ha sido tantas veces vendida, traicionada y crucificada y sin embargo está llamada a ser, la expresión política del Evangelio, como camino de comunión y participación auténticas. El bien común debería ser siempre la pasión de todos, especialmente para los que siguen una vocación política y de dirigentes, que jamás sea manoseado por intereses mezquinos y por la corrupción que nos envuelve, que siempre afecta a los más marginados.

Contemplemos a través de la claridad de la Pascua y con la fuerza que brota de la Cruz la realidad que nos rodea y asimilemos los valores éticos y morales tan necesarios, dentro del corazón de cada uno, de cada familia y de cada institución.


2. En el sábado santo, con María, esperemos contra toda esperanza

El Sábado Santo con su silencio, el silencio de Dios tan profundo y sonoro, despierta, como gracia, en nosotros, la Esperanza. Esa Esperanza que nos ayuda a superar todo desaliento y pesimismo enfermizo que pueda anidarse en nuestros corazones heridos por lo que pasa hoy, en el mundo, en nuestra Patria y en nuestra vida diaria. La libertad es más fuerte que la esclavitud y que aquellos que quieran esclavizarnos.

María, la Madre de la espera, es la Señora del Sábado Santo, en el silencio de Dios, supo esperar contra toda esperanza la Resurrección del Señor, porque ella guardaba cuidadosamente y meditaba en su corazón todos los misterios de Jesús (Lc 2,19 y 51 b) Ella la Madre, supo estar de pié junto a la Cruz de Jesús, el Hijo de Dios (Jn 19,25) y nos enseña a confiar en el Consuelo del Padre, que tanto nos ama (Jn 3,16)

La gracia del Sábado Santo nos ayuda a vivir el sábado de la Historia. Vivir nuestro tiempo como un Sábado Santo en espera, no sólo, del primer día, el de la Resurrección, sino el octavo día, el definitivo, para mirarlo todo desde esta dimensión de eternidad. Así nos enseñan los Evangelios, a mirar la vida desde el prisma de la Pascua con los ojos del Cristo que vive, pues, verdaderamente ha resucitado, el Señor.


3. Domingo de la Resurrección, Cristo es nuestra paz y nuestra alegría

Creer en la Resurrección significa aceptar que la Luz es más fuerte que las tinieblas, que la Verdad es más poderosa que la mentira, que el Amor es más fuerte que el odio y los egoísmos, que la Alegría es más persistente que la tristeza, que la Vida es más definitiva que la muerte y que la Gracia es mas vigorosa que el pecado. Cristo es nuestra Paz. El nos muestra en sus apariciones las llagas de la Cruz como señales del triunfo luminoso del Amor y nos saluda y es mucho más que un saludo: ¡La paz esté con ustedes ! El está con nosotros como la Paz que sana los corazones, de las heridas del pecado y nos convierte en hijos de la Luz.

El Resucitado camina con nosotros, como caminó junto a los discípulos entristecidos y se hizo descubrir bajo las claves del prójimo, de su Palabra y en la Eucaristía, donde siempre revela que es el Señor que vive, ama, reúne y libera. (Lc 24,13-35)

Nos llama a vivir una profunda intimidad de amor, como se lo hizo vivir a la mujer, a la que un día le cambió el corazón y la sacó de su pecado que la denigraba. (Jn 20, 1-18)

Junto a las orillas del mar de Galilea nos examina en el amor, como lo hizo con Pedro para sanar nuestras negaciones y darnos el Espíritu encomendándonos una misión de amor y de paz. (Jn 21,15-19)

Solo el amor, este Amor, salvará el mundo y curará las heridas de la humanidad. De este Amor que resucita, brota el hombre nuevo, con la misión de hacer del mundo, familia de hermanos y casa para todos.

Dejemos madurar dentro de nosotros estas tres convicciones: 1) Dios tiene paciencia y acabará ganando; 2) En el corazón de la historia, Cristo vivo, está activo como fermento y braza encendida renovando desde dentro de los corazones;3) Que todo cuanto hagamos por liberar, por mejorar, por evangelizar, por perdonar prepara la liberación definitiva..

Exhorto a vivir la Pascua con una vida renovada por el Espíritu y reconciliados con el Señor y los hermanos para mirar la vida con los ojos del Señor.

El Resucitado nos compromete a ser sus testigos, los testigos de su Amor

Con sabiduría elijamos a los gobernantes de la Patria, que mejor respeten la dignidad humana, la familia y la vida y sean capaces de servir al nacimiento de una nueva nación donde la política, la economía, la justicia y lo social esté al servicio de todo el hombre y de todos los hombres especialmente la mayoría empobrecida por tantas injusticias.

Que el Espíritu haga de nosotros instrumentos de Amor y de Paz para una Iglesia más santa y un mundo mejor.


“Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor” (Jn 20,20)

Que la alegría de esta Pascua llene el corazón de esperanza y de consuelo de todos los hombres de buena voluntad y muy de corazón los bendigo en el Buen Pastor Resucitado.


¡DIOS ES AMOR!

¡ ALELUIA!


Mons. Baldomero Carlos Martini,
obispo de San Francisco


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