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HOMILÍA MISA CRISMAL AÑO 2004
Homilía de monseñor Baldomero Carlos Martini, obispo de San Justo y
administrador apostólico de San Francisco en la Misa Crismal
Esta
Eucaristía nos convoca para celebrar la institución del Sacerdocio, y
para consagrar el crisma y bendecir los óleos.
Esta Misa
debe ser la expresión más clara de la comunión que existe entre Jesús,
los presbíteros y su Obispo. Epifanía de la plenitud del sacerdocio
del Obispo y la estrecha unidad de todos los presbíteros con él,
fieles cooperadores del Orden Episcopal , como realidad de fe ,
celebración del Misterio y fuente de espiritualidad sacerdotal
Hoy
renuevan ante el Obispo y el Santo Pueblo de Dios los compromisos
contraídos en su ordenación.
Toda la
liturgia de esta noche nos lleva, a aquella Noche Santa que vivió el
Señor con sus discípulos a los que hizo Apóstoles y los ungió
sacerdotes , profetas y pastores del Nuevo Testamento.
Unción
En el
Antiguo Testamento se ungían a los Reyes y esta unción los ponían al
frente del pueblo para gobernarlos, luego se ungió a los Sacerdotes
para dedicarlos al Culto y servir al Altar de los Sacrificios.
Al leer
Isaías, vemos que se trata de un Profeta que habla asimismo de la
Unción que realiza el Espíritu y es convertido en un ungido que tiene
atribuciones de los reyes para liberar a los cautivos y de sacerdotes
para anunciar un año de gracia jubilar y como profeta abrir los ojos
de los ciegos
En el
Evangelio, Cristo viene a ponerle su Yo a este texto tantas veces
leído en las sinagogas. Jesús es el verdadero Ungido del Espíritu
Santo, en hebreo se dice Mesías, en griego significa, Cristo.
Jesús es
el Mesías, es el Cristo, es el Ungido, es el Único verdadero Rey,
Sacerdote y Profeta.
Por eso
nos dice hoy, al regalarnos su verdadero rostro, su más profunda
identidad “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban
de oír” (Lc. 4-21)
El
mensaje de Jesús es enteramente liberador, no en clave política sino
en clave de salvación.
Del
único Cristo nace el pueblo profético, sacerdotal y real
Todos los
bautizados formamos ese Pueblo de Dios que peregrina en la Historia,
No decía el profeta:
“Ustedes
serán llamados sacerdotes del Señor,” Y en la segunda lectura: “Él nos
amó y nos purificó de nuestros pecados, por medio de su Sangre, e hizo
de nosotros un Reino sacerdotal para Dios, su Padre.¡ A Él sea la
gloria y el poder por los siglos de los siglos” Apoc. 1 5-6
Por eso
¡ Reconoce oh, cristiano tu dignidad, eres sacerdote, profeta y rey.
No aislado, sino en un cuerpo que es la Iglesia.
Oh,
Iglesia, sé qué eres y quién eres. Admirable Misterio, eres el Cristo
total, eres peregrina, eres servidora, eres la epifanía de la Belleza
de la Trinidad y de la pobreza de los hombres y también de la riqueza
y belleza de la Unción y de la Acción que el Espíritu va realizando en
cada Iglesia Local.
En
el corazón de la Iglesia, Cristo nos regala pastores
En la
Iglesia Misterio, Cristo unge con su Espíritu a hombres para ser Jefes
del Pueblo, presencias vivas y sacramentales de Único, Sumo y Eterno
Sacerdote.
En el
Prefacio, alabamos al Padre porque ungió con el Espíritu Santo a su
Hijo Único para que fuera el Pontífice de la Alianza Nueva y Eterna y
ha querido que su único sacerdocio se perpetuara en la Iglesia.
Ya vimos
que toda la Iglesia recibe esta unción pero su amor lo lleva a “elegir
a algunos hombres para hacerlos participar de Su Sacerdocio
Ministerial”
No solo
alabamos a Dios por este regalo tan grande que de una manera especial
celebra hoy la Eucaristía Crismal, sino que debemos venerar en cada
Sacerdote y en todo el Presbiterio el sello de Dios marcado por la
Unción del Espíritu.
Mis
queridos Sacerdotes, tres palabras marianas que compartimos con María:
ALÉGRENSE
NO
TEMAN
NO
HAY NADA IMPOSIBLE PARA DIOS
Los dones y el llamado de Dios son irrevocables. En este día en
continuidad con los Ejercicios Espirituales renovemos con autenticidad
eclesial nuestro SI y reavivemos el carisma de Dios, recibido por la
imposición de las manos y dejemos actuar al Señor, como lo hizo María,
por eso no dijo cumpliré, sino “hágase, suceda en mí, lo que has
dicho.
También
tres verbos:
Iluminar
con el Evangelio que sana y libera del pecado
Consolar
con la presencia del Espíritu, a todos los que están heridos de tantas
maneras.
Corregir,
poniéndose al lado del que se equivoca, para que descubra la Belleza
de la Verdad y del Amor de la Bondad y la Misericordia.
Despedida
Los
invito en esta despedida sacerdotal a que se unan a mi pobreza, que
quiere cantar eternamente las misericordias del Señor y dar gracias a
Dios por cada uno de Ustedes y por lo que cada uno ha significado para
mi espiritualidad y servicio episcopal, y también presbiteral.
Doy
gracias al Señor por el Sacerdocio de cada uno compartido, con sus
fortalezas y debilidades. Por regalarme estos 15 años de episcopado
entre ustedes, con sus luces y sombras. Pido perdón si a alguien he
herido y a todos los he amado y seguiré amando, llevádolos en mi
corazón de padre y hermano
Doy
gracias por lo que el Señor me está enseñando y haciendo descubrir en
este EXODO y en esta PASCUA. Es para mí una experiencia cercana de la
mano del Señor, que me abre los ojos y me quiere simple como los
niños. Con Madre Teresa tengo la experiencia de que Dios no me ha
pedido ser exitoso, lo que Él me ha pedido, es que sea fiel
Quiero
dar gracias por hacerme descubrir con esperanza, la belleza de la Cruz
cono fuente del Amor Sacerdotal. Gracias por hacerme descubrir que el
sacerdocio es un Don que madura, si se lo vive desde la fe. Por eso
Contento, Señor, Contento.
Los
invito
a
que
hagamos
juntos,
tres
profesiones
apostólicas,
profundamente sacerdotales:
Una
profesión de fe, para superar en las llagas gloriosas de Cristo todas
las incredulidades e indiferencias como lo hizo Santo Tomás y sea
decirle con la vida entera : ¡Señor mío y Dios mío!
Una
profesión de amor humilde y confiado: Señor ¡Tú lo sabes todo, sabes
que te amo!
Una
profesión de esperanza superadora:
”
Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros
hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios”.
• Si la
exhortación en nombre de Cristo tiene algún valor, si algo vale el
consuelo que brota del amor o la comunión en el Espíritu, o la ternura
y la compasión, les ruego que hagan perfecta mi alegría, permaneciendo
bien unidos. Tengan un mismo amor, un mismo corazón, un mismo
pensamiento. No hagan nada por espíritu de discordia o de vanidad y
que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a
ustedes mismos. Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús.
Con
ustedes abrazo a todo el Pueblo en esta profesión de fe, esperanza,
amor y comunión. He deseado ardientemente comer esta Pascua con
ustedes antes de partir. Cristo nos revele su Rostro, al partir el Pan
en esta Eucaristía para que madure cada día más dentro de cada uno
este convencimiento.
DIOS ES AMOR
“Todos somos amados por Él y yo también los amo”
Mons. Baldomero Carlos Martini,
obispo de San Justo y administrador apostólico de San Francisco |