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¡VEN, IGLESIA DE SAN JUSTO Y CAMINEMOS
A LA LUZ DEL SEÑOR!
Mensaje de adviento 2004
Queridos
hermanos
Un nuevo
Adviento se nos ofrece como gracia, para preparar una Navidad que sea
cristiana, una Navidad con Cristo y con los hermanos.
El Adviento
es un tiempo sagrado, que concentra y expande una gracia, capaz de
trasformar los corazones y las conductas, la familia y la sociedad. Es
la gracia de vivir con el corazón lleno de esperanza , una esperanza
contagiosa y comprometida, que nos hace confiar en Dios y abrirnos a
las necesidades de los demás.
Es un tiempo de
gracia, pues el tiempo nos es algo que pasa, sino que es Alguien que
viene y nos llama a vivir cada instante de nuestra vida, respondiendo
a la vocación que nos une a todos y es el llamado universal a la
santidad. Todos estamos llamados a ser santos.
Es un
llamado de Dios en forma de Palabra viva y eficaz que nos llega
por una voz, la de Isaias que es Profeta de la Esperanza y la voz
austera y comprometedora del Bautista con su mensaje de conversión:
“Preparen el camino del Señor”.
Es un
llamado en la ternura y la humildad de un niño que está en el seno
virginal de María: “La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, a
quien pondrán el nombre de Emanuel, que significa : “Dios con
nosotros”.María,es figura clave del Adviento y su mensaje
Es un
llamado poderoso que nos abraza desde la pobreza de un signo que
hace presente el amor más grande y tan cercano, en la celebración
consciente y participada de cada Eucaristía.
La Eucaristía, fuente y
alimento del llamado a la santidad
El Año de
la Eucaristía es el marco espiritual que nos compromete a vivir todo
el Año Litúrgico como encuentro con el Cristo viviente y todo su
misterio de amor salvador y en cada Eucaristía “convoca, celebra,
santifica y envía”.
El llamado a la
santidad tiene su fuente y su culminación en cada Eucaristía. Es
Cristo que se dona al Padre y a nosotros, para que hagamos cada día
lo mismo que Él. Llamados a ser hombres y mujeres capaces, por la
acción del Espíritu Santo, de entregarnos y derramarnos por amor, como
lo hizo Él y nos lo exige en cada Consagración . Hacer de nuestra vida
una Eucaristía.
En cada Eucaristía
somos llamados encontrarnos con Cristo y entrar en su corazón para
tener sus mismos sentimientos y aprender de Él como vivir el camino
de santidad, tanto personal, como familiar y comunitario. Es un
descubrimiento cada vez más profundo de los rasgos de una sólida
espiritualidad cristiana, que son los del seguimiento de Jesús hasta
la Cruz Pascual.
“Amados por Dios”
nos dejamos seducir por el Señor Jesús que nos recuerda que Dios es
Amor. “Tenemos la certeza de ser amados y de vivir cada día sostenidos
en los brazos del Padre”.
“El, es el manantial
vivo de nuestra esperanza” No estamos solos en
el camino, Cristo está siempre viniendo” “Yo estaré siempre con
ustedes”; y camina a nuestro lado en los demás. La esperanza nos
aviva la fe y el amor, y hace brotar en el alma una confianza absoluta
en el Señor.
“La espiritualidad
evangelizadora está marcada por un intenso amor a cada persona.
¿ No es indispensable
oír el llamado del Espíritu a cuidarnos y sostenernos unos a otros
con entrañas de misericordia? Esto lo aprendemos en la intimidad
con el Señor.
“ En un mundo donde
reina la competencia despiadada , los cristianos sentimos el llamado
de Dios a hacer juntos el camino de la fraternidad como rostro
humano de la comunión, y esto nos hace creíbles. “Sean uno para
que el mundo crea”
“Cuando somos
testigos valientes y fervorosos, experimentamos que evangelizar es
verdaderamente la dicha y la vocación propia de la Iglesia. Con
fervor misionero queremos gritar el evangelio con toda nuestra
vida y a todos los que nos quieran escuchar.
“En la simplicidad de
la entrega cotidiana, expresamos el ardor misionero e intentamos
responder comunitariamente a las exigencias de los tiempos nuevos”
La celebración eucarística, corazón del Adviento
El camino hacia la
Navidad , necesita del Adviento para poner a punto nuestra vida de
santidad con gestos concretos que respondan a las exigencias de la
espiritualidad de la comunión. Por eso el Adviento necesita tener su
corazón en la Eucaristía , especialmente de cada Domingo para aprender
de Jesús el estilo de vida evangélica y dejarnos amar para amar en
serio a Dios y a los hermanos.
Los invito a buscar
gestos concretos de amor a Dios y de gestos concretos de amor, de
perdón y de servicio a los demás, especialmente a los más necesitados,
material o espiritualmente.
La Navidad se
prepara así, eucarísticamente, reconociendo el Rostro de Cristo que
nos mira con amor y nos llama a ser buenos, a ser santos. En la
Eucaristía se encuentran el Amor de Dios y el amor del hombre. Amor
que santifica y sana porque es un amor que tiene raíces en forma de
Cruz. En la Eucaristía el Señor, nos llama , nos reconcilia, nos
ama y nos envía.
Que cada familia
tenga en la celebración eucarística, la fuente de su más profunda
identidad y la fuerza para vivir con fidelidad su vocación y su misión
de ser iglesia en pequeño, santuario de la vida , escuela de virtudes
y de la espiritualidad de la comunión .
La Eucaristía hace
que los esposos defiendan la vida desde la concepción hasta la muerte
natural y los hace padres generosos, para que todos se sientan
felices de haber nacidos siendo fermento de la cultura de la vida
superadora de la cultura de la muerte que avanza cada día más.
De la mano de María,
la Madre de la dulce espera, vivamos este Adviento y en él, el
misterio de su Inmaculada concepción como expresión del Amor de Dios y
de la fuerza redentora de la Cruz .
Que María nos ayude
a los argentinos a encontrar en los valores evangélicos la fuerza para
superar la cultura del egoísmo con la cultura del amor y del trabajo
que dignifique a todo el hombre y a todos los hombres.
Los abrazo a todos
pastores y fieles con mi bendición y oración y confío en la de
ustedes.
San Justo, 8 de
Noviembre del Año del Señor 2004
¡ DIOS ES AMOR!
Mons. Baldomero Carlos Martini, obispo de San Justo
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