Construir una sociedad mÁs
equitativa y evangélica
Mensaje de monseñor Baldomero Carlos
Martini,
obispo de San Justo,
para el Adviento 2005
“Tu Señor vas al encuentro de los que practican la justicia
y se acuerdan de tus caminos” Is 63.
Queridos hermanos:
Comenzamos un nuevo Año Litúrgico y esta presencia de Dios en el vivir
de cada día hace que la eternidad se mueva misteriosamente en el
tiempo y así nuestro tiempo adquiera dimensiones de eternidad. Dios en
el hombre y su historia y nosotros y nuestra historia en Dios, Amor
que salva, sana y eleva.
El Adviento,
renueva en nosotros el deseo de Dios, porque es tiempo de espera, y la
espera confiada profundiza el deseo y hace más gozoso el encuentro. La
insatisfacción profunda del hombre tiene sus raíces en la ausencia de
Dios. “Nos hiciste Señor para Ti..” Por eso existe en el alma
de cada uno un lugar virginal, que no puede ser llenado sino por Dios.
El adviento nos prepara para que vivamos con pasión la espera y
abramos nuestro corazón al Niño que vino, que viene y que vendrá. El
Adviento, renueva en el tiempo el amor por el Amado Esperado y nos
recuerda que “nuestro corazón estará inquieto, insatisfecho, hasta
que descanse en Él”.
Este tiempo de
Gracia, tiene que ser también tiempo de conversión para la misión.
Sólo un hombre renovado, sólo una Iglesia rejuvenecida, podrá ser
testigo de esperanza y será capaz de poner en práctica el mandamiento
nuevo del amor que “nos impulsa no sólo a prestar al prójimo
algunos servicios sociales, sino también a ayudarle a conseguir el
mayor bien: la orientación constante hacia el Dios vivo, la
comunión con Jesucristo, el descubrimiento de su vocación a la
santidad, la apertura a la voluntad de Dios, la alegría de una vida
que, en cierto sentido, ya anticipa la felicidad de la eternidad”
Uno de los
grandes desafíos que se nos presenta a los cristianos, es la exigencia
de ser constructores de un mundo más justo, de una sociedad más
equitativa, más evangélica. Es por eso, que debemos ejercer nuestra
condición de profetas, alzando nuestra voz, para denunciar las
injusticias que sumergen al hombre en la pobreza y llevan a la
violación de los derechos humanos fundamentales.
Sin duda, esto nos
va a acarrear grandes dificultades, enemistades, incomprensiones y por
qué no, persecuciones. La falta de una visión trascendente del hombre
y su historia, y la demostración de intolerancia de algunos sectores,
nos traen a la memoria aquellas palabras que nos decía el Papa Juan
Pablo II, de feliz memoria: “también hoy creer en Jesús...conlleva
una opción por Él y, no pocas veces, es como un nuevo martirio: el
martirio de quien, hoy como ayer, es llamado a ir contra la corriente
para seguir al Divino Maestro.. Un martirio sin sangre, pero
martirio al fin.
Este gran desafío,
nos apremia a “restaurar las bases de la convivencia social para
generar espacios de diálogo y esfuerzos compartidos en la solidaridad,
en la búsqueda de la justicia y en el respeto a la verdad”
Por eso es que el
camino pastoral que hemos emprendido, tiene que ser un camino de
esperanza en el que se haga posible, con la Gracia de Dios, lo que
parece imposible: transformar el corazón del hombre y de las
estructuras, viviendo la comunión eclesial que es el reflejo de la
comunión Trinitaria y en ella encuentra su fundamento y razón de ser.
Con la Gracia del
Espíritu Santo que hace crecer en la comunión y la participación, este
Adviento nos abra a una espera del Señor que viene con una intensa y
fecunda oración.
Oración vivida en
familia, que nos lleve cada Domingo a la participación gozosa de la
Eucaristía Parroquial y que cada Comunidad acoja con mucha cordialidad
a los hermanos que buscan con sinceridad la verdad y quieren encontrar
en nosotros la vivencia concreta del amor.
Que la Oración y
la Eucaristía nos lleve a realizar gestos solidarios de encuentro y de
amor con los hermanos más necesitados material y espiritualmente.
La Virgen de la
dulce espera, nos eduque maternalmente el corazón, para que vivamos
una Navidad cristiana, Navidad con Cristo y con los hermanos.
En Jesús, el
Cristo, que vino , viene y vendrá, reciban mi Bendición Pastoral y mi
abrazo paternal.
DIOS ES AMOR
Mons. Baldomero Carlos Martini, obispo de San Justo |