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“LES
SUPLICAMOS EN NOMBRE DE CRISTO: DÉJENSE RECONCILIAR CON DIOS"
(2Cor
5,20)
Mensaje pastoral de monseñor Baldomero Carlos Martini, obispo de San
Justo,
para la
Cuaresma
2005
Queridos
hermanos:
Como
todos los años, el próximo miércoles, llamado de Ceniza, comenzamos
con el ayuno , la abstinencia de carne y el signo penitencial de las
cenizas, el arduo camino de la Cuaresma, tiempo fuerte de gracia y
renovación. Cuaresma es signo y síntesis de la vida del cristiano,
peregrino de la fe que camina con todos los hombres hacia la Casa del
Padre y haciendo un camino especial hacia la Celebración vital de la
Pascua anual.
Ante la
certeza de sabernos amados desde siempre por Dios y capacitados y
urgidos para amarlo a El y a cada persona nos introducimos en un
tiempo de conversión, de cambio de mente y de corazón y para
reencontrar nuestra más profunda identidad. Recordemos: “En el
momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí.
Este es el tiempo favorable, este es el día de la Salvación”
(2
Cor 6,2).
1. Por eso “Me gloriaré de todo corazón en mi debilidad para que resida en mí el poder
de Cristo”
(2 Cor. 12,7-10)
Estas
palabras que brotaron del corazón de Pablo, hombre conciente de su
debilidad , que experimentaba una espina clavada en su carne , nos
recuerda que debemos ponernos en el camino de la Cuaresma con la
conciencia de nuestra debilidad y de nuestras heridas, de todo aquello
que nos hace sufrir y nos pone a prueba en el cotidiano vivir.
Nos
ayudamos como Iglesia, a ponernos ante la luminosa realidad de la Cruz
y de la Muerte de Cristo que nos expresa la certeza de que Dios nos
ama y nosotros, débiles y pecadores, debemos estar atentos, para
sentir en nuestras heridas y luchas la presencia del poder de la Cruz
y escuchar como Pablo, la voz del Señor que nos dice “¡Te basta mi
gracia! ,porque mi poder triunfa en la debilidad” y experimentar
como el Apóstol: “ Por eso me complazco en mis debilidades, en los
oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias
soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy
fuerte”
La
Cuaresma nos ayuda a poner nuestra vida ante la Cruz del Señor para
tener en nosotros los mismos Sentimientos de Cristo , que nos libera
de los miedos y nos hacen caminar hacia la Pascua con un estilo de
vida profundamente bautismal, configurados con El y convirtiéndonos en
otros Cristos.
Nuestro
ideal, nuestro modelo, nuestra forma es Jesucristo. Al examinarnos
desde dentro, sacando fuera de cada uno la verdad de nuestra vida,
seamos capaces de confrontarla con la del Señor, espejarnos en El y
caminar con El hacia Jerusalén para vivir su Muerte y Resurrección, Su
Pascua.
2. Para esto: “El que quiera venir detrás de mi, que renuncie a sí mismo, que
cargue con su Cruz cada día y me siga”
(Lc 9,23-27)
Es muy
común en nuestros días, escuchar a personas que se comparan con
ciertos personajes y así surgen frases que buscan justificar ciertas
actitudes, que no tienen nada de cristianas, como estas: “todos lo
hacen”,
“ el mundo ha cambiado”,
“ yo soy así”,
“qué tiene de malo”,
“no molesto a nadie”,
“me siento bien así” y tantas otras que manifiestan un conformismo ,la
ley del menor esfuerzo o la mediocridad e indiferencia. Este volar
bajo, nos impide apuntar al ideal más alto que es Alguien que nos mira
con un amor tan grande desde la Cruz , que quiere abrazar todas las
realidades humanas.
No es el
mundo nuestro modelo, es Jesucristo, el Hombre nuevo que nos quiere
rehacer desde dentro a cada uno en esta Cuaresma, para que seamos
hombres y mujeres nuevos, capaces de transmitir la alegría de vivir
con sentido hasta la muerte.
Así como
el hijo prodigo, muchas veces, hemos malgastado la herencia en
placeres pasajeros y como el otro hijo, hemos perdido la alegría de
amar y el gozo de estar siempre junto al amor de Padre.
Con dolor
vemos cómo muchos jóvenes persiguen ideales funestos o la violencia
que se apodera de nuestras calles y ciudades o la droga que destroza
la integridad física y espiritual y el futuro de ellos. Cuánto duele,
el menosprecio por la vida , el atropello a la dignidad humana y a los
valores.
Necesitamos apuntar la mirada y el corazón más allá, más alto. Por eso
Jesús nos pide: “El que no carga con su cruz y me sigue, no puede
ser mi discípulo” (Lc 14,25-33) Es la altura del amor.
La
Cuaresma nos invita a dejarnos enseñar, educar y formar por la Belleza
del Evangelio, como camino luminoso para descubrir la Verdad que
plenifica la vida y lleva a aceptar el Bien para ser más buenos.
Es tiempo
para dejarnos reconciliar en el Sacramento del abrazo misericordioso
del Padre, la Confesión, que nos hace volver a Él,
sanándonos y renovándonos como hijos y hermanos, en comunión. Se nos
purifica el corazón y la mirada para descubrir el Rostro viviente de
Cristo, que nos dice:
3. “Cuando
yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”
(Jn 12,32-36)
La verdad
de estas Palabras , se cumplen hoy, y de una manera clara, se nos
hacen vivir como certeza en cada Cuaresma y en cada Semana Santa
también en cada sufrimiento y en cada respuesta de amor sincero al
prójimo , en cada Eucaristía y en todo momento de oración.
En este
Año Eucarístico debemos hacer del Sacramento del Amor Pascual, el
corazón de la vida de cada uno , de cada familia, de cada Comunidad y
de toda la Iglesia Local, que peregrina en San Justo.
Hacer la
experiencia de la Eucaristía como el corazón del Domingo y el Domingo
como el corazón de la semana , para superar el rumbo materialista y
secularista de nuestra sociedad actual.
La
Eucaristía, como fuente y culminación de todo, debe hacer sentir, el
grito pascual de cada celebración, hecha vida, para que sacuda la
realidad social y política, despertando la conciencia de la
responsabilidad de un amor que urge hacerlo todo con honestidad y
haciéndose cargo de los que más sufren.
Sacerdotes y fieles todos, vivamos el momento de la Consagración como
un encuentro con la belleza del Misterio y experimentando la exigencia
de prolongar en la vida de cada uno de nosotros, la entrega de Cristo
Jesús, su sacrificio, su ofrenda, su amor hasta el extremo: “Hagan
esto en memoria mía”: hagan lo que yo hice, vivan como yo vivo,
amen como yo amo, sirvan como yo he servido.
Que en
cada sufrimiento y en cada prueba, escuchemos las Palabras de la
Consagración y en nuestras debilidades y en todo lo que nos hace
experimentar el dolor, nos dejemos atraer por el Cristo levantado en
la Cruz: “Atraeré a todos hacia mí”
Que en
esta Cuaresma nos pongamos en la manos de Dios , como el barro en las
manos del alfarero y que María, que conservaba y meditaba todo en su
corazón, nos ayude a sentir muy dentro nuestro, el beso del Padre ,
que es el Espíritu Santo, para que nosotros nos parezcamos en todo más
a Jesús.
Reciban
todos mi abrazo de Pastor hecho bendición y oración, especialmente
para los que más sufren. ¡DIOS ES AMOR!
Mons. Baldomero Carlos Martini,
obispo de San Justo |