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QUE LA
LUZ DE CRISTO GLORIOSAMENTE RESUCITADO DISIPE LAS TINIEBLAS DE LA
INTELIGENCIA
Y DEL CORAZÓN
Mensaje episcopal de monseñor Baldomero Carlos
Martini, obispo de San Justo
para la Pascua 2005
Con mucho gozo, les deseo a todos ustedes, mis queridos hermanos, una
¡Feliz Pascua de Resurrección! Pido al Espíritu Santo que la Pascua
sea una fiesta muy íntima en el corazón de cada uno, de cada familia y
de cada Comunidad.
Un profundo convencimiento llena mi corazón y es éste: “¡Ha resucitado
Cristo, mi Esperanza!”. Espero y ruego, para que todos tengamos en los
más profundo, la experiencia de los discípulos: “Ellos se llenaron de
alegría cuando vieron al Señor y El, les dijo ¡La paz esté con
ustedes! (Jn 21) La alegría y la paz como frutos, que brotan de Cristo
resucitado.
Durante la Cuaresma y en estos días de Semana Santa nos hemos
preparado para vivir esta Pascua, como un paso del Señor muy especial,
en nuestra Iglesia, que peregrina en San Justo; en cada familia, como
pequeña iglesia; y en la vida de cada uno de nosotros, si le hemos
abierto las puertas del corazón.
Cristo resucitado es el Hijo, que nos hace hijos y hermanos
En estos tiempos en que no se tiene muy en cuenta el ser padres y ser
madres, por las ideologías que abundan para desintegrar la sociedad ,
la Pascua de Jesús nos hace respirar la saludable belleza y grandeza
de tener un Padre que nos ama y de sabernos hijos de Dios llamados
para amar.
La Liturgia bautismal de la Vigilia Pascual nos lo hace experimentar y
vivir.
Miremos con fe y centremos nuestra existencia en el Resucitado para
que dentro de cada uno maduren los sentimientos del Hijo, que nos pone
en el corazón del Padre, que lo resucitó por su Espíritu y nos hace
vivir como hermanos de todos los hombres y con todo lo que esto
significa.
Cristo resucitado es la luz que disipa todas las tinieblas
El cirio Pascual nos recordará esta verdad: Cristo es Luz. Verdad que
tiene que hacerse carne en cada uno de nosotros para iluminar la
realidad argentina que nos rodea y nos entristece por muchas cosas que
suceden.
Debemos ponerle nombre a las tinieblas que nos quitan la alegría y
ponen obstáculos a la paz.
Las tinieblas que hoy tienen el rostros de mentiras e injusticias,
rostros de violencia y corrupción, rostros de prepotencia y
atropellos, rostros de propuestas fáciles, de creencias supersticiosas
o fundadas en “fábulas ingeniosamente inventadas” para manipular
voluntades. El pasado no debe desintegrar el presente y olvidar el
futuro de grandeza al que estamos llamados como nación. ¡Señor, que tu
Luz, disipe nuestras tinieblas! Las del corazón y las de la Patria.
Cristo resucitado es la vida plena que triunfa sobre la muerte
En el corazón de la Belleza de la Pascua nos encontramos con la
grandeza del amor de Dios y del anuncio más pleno del Evangelio de la
Vida.
Pero parece que se ha orquestado todo un proceso de desintegración de
nuestra sociedad para fomentar la incultura de la muerte que no tiene
en cuenta a todo el hombre y a todos los hombres y menos al bien común
de los más débiles.
Los errores no se deben solucionar con un crimen. Me refiero a una
mentalidad y campaña antinatalista y abortista de una argentina
despoblada.
El aborto es un crimen abominable y despenalizarlo es hacernos
cómplices del más terrible holocausto de inocentes y la más criminal
violación de los derechos humanos.
Siento mucho dolor, por declaraciones, solicitadas y actitudes que
fomentan en última instancia el menosprecio de la vida
¿Si Madre Teresa de Calcuta viniera hoy a la Argentina y dijera lo que
dijo en otra nación sobre la matanza de los niños inocentes,
pediríamos también su expulsión del País, por anunciar el Evangelio?
Que la Gracia de esta Pascua nos haga superar el proceso de muerte por
la luminosa cultura de la vida, en las leyes, en la educación, en la
salud y sobretodo en el corazón de cada familia y de cada mujer.
El Cristo pascual es el Pan Vivo para vida del mundo
En la Eucaristía nos encontramos con el Señor Resucitado, que no
abraza con su humanidad glorificada para que seamos hombres y mujeres
nuevos, fermentos de una nueva civilización la Civilización del Amor
que supera la del egoísmo, del odio y del resentimiento.
Cristo que hace nuevas todas las cosas y los corazones, nos invita a
ser instrumento de su Paz y de su Amor en una Argentina enferma por
falta de espiritualidad y traicionada por la apostasía y la
indiferencia de muchos bautizados.
María , Nuestra Señora del Sábado Santo, la que esperó contra toda
esperanza nos acompañe para que esta Pascua nos resucite a todos y
resucite todo lo que está muerto dentro de nosotros, de nuestra
familia y de nuestra sociedad Argentina.
Con todos los que desde su dolor se dejaron atraer por Cristo desde la
Cruz (Jn 12,32) los bendigo y los abrazo con mi amor de padre y
hermano.
¡DIOS ES AMOR!
Mons.
Baldomero Carlos Martini,
obispo de San Justo
¡JESÚS ES EL SEÑOR!, CON ALEGRÍA LO ANUNCIAMOS. |