Estos
días nos muestran lo más hondo de la persona y las decisiones de
Jesús: así nosotros estamos llamados a ahondar en nuestra persona
para considerar si y cómo nuestros sentimientos y vivencias estén
en sintonía con los de Él.
Así,
la Semana Santa será renovadora de nuestra vida personal y de
nuestra conducta social.
También
podremos ver también cómo las circunstancias en que Jesús vivió
y en las que realizó nuestra salvación tienen notables analogías
con lo que estamos hoy viviendo.
Así,
compartiendo con Él, tendremos su apoyo, su gracia, su estímulo
para completar nosotros en nuestra vida "lo que falta a la
Pasión de Cristo" según la audaz e iluminadora expresión
de San Pablo.
2.
Este año la Semana Santa desplaza, litúrgicamente, para después
de la Pascua, la celebración de la Anunciación a la Virgen y de la
Encarnación del Verbo. Pero toda la Semana Santa tiene como telón
de fondo las decisiones que se vivieron en el inicio mismo de la
Vida de Jesús: el Verbo Eterno le dice al Padre "Aquí
estoy para hacer tu voluntad" y la Virgen María le dice al
Angel de Dios: "que se cumpla en mi lo que Dios quiere".
Esas dos generosas obediencias dan comienzo a un camino que culmina
en lo que Jesús hace en la Semana Santa.
La
Palabra de Dios en este lunes nos trae aspectos de esa Semana. Isaías
acentúa parte de los sentimientos de Jesús. San Juan
destaca un hecho significativo de esa Semana.
3.
Isaías nos muestra al Servidor del Señor que es Salvador.
La Salvación de Dios y su protagonista recorren un camino
distinto del que los hombres pensamos y con el cual confiamos
alcanzar la salida de nuestros males. No grita, ni se hace sentir,
ni aturde a los demás. Es, más bien, sencillo, callado, humilde.
No soluciona los problemas aplastando la debilidad de personas
indefensas ni se aprovecha de los caidos. Más bien, es paciente en
la espera de la recuperación.
Busca
la recuperación no por la fuerza ni la prepotencia características
de los poderosos. Todo lo contrario: busca y trabaja por el derecho
y la justicia. No toma el camino de la violencia para la justicia:
sabe que la violencia desencadena violencia y la justicia nunca
llega cuando se elije este camino. Su camino, por eso, será mal
visto por muchos. Y, sobre todo, necesitará, además de audacia
ante una sociedad que se ilusiona con soluciones rápidas y
espectaculares, una dósis enorme de perseverancia. No desfallecerá
ni se desalentará.
4.
Implantar la justicia en la tierra es implantarla en
el corazón de los hombres, y para esto se requiere la fuerza de
Dios. Esta fuerza es la que anima al Servidor: "Yo lo
sostengo", dice el Señor.
En
este Servidor, que prefigura a Jesús, Dios reune al pueblo y lo
ilumina. Por Él se abren los ojos, se liberan los
cautivos y los oprimidos.
La
Salvación que trae no es primordialmente política o económica: va
mucho más adentro porque llega al corazón de quien lo acoje. La
liberación de las esclavitudes y dominaciones políticas
económicas y sociales no tienen consistencia ni futuro cuando los
corazones siguen esclavizados por el interés, la violencia, el
abuso o la mentira.
Cuando
en cambio, por la acción Salvadora del Servidor, los corazones se
convierten, es posible pensar que las demás esclavitudes vayan
desapareciendo.
5. El Evangelio de
San Juan nos muestra a Jesús pocos días antes de morir. Está en
una cena, con amigos – Marta, María y Lázaro – y con sus
Apóstoles. Sobre la escena, aparentemente serena y distendida, se
cierne la sombra y la cercanía de una muerte inminente.
Dos
personas intervienen con distintas miradas sobre el mismo Jesús.
María
(la hermana de Marta y de Lázaro) toma un perfume muy
caro (se calcula su precio en el salario diario de 300 personas) y
lo derrama para perfumar a Jesús: lo da generosamente. Esto puede
ser visto como un despilfarro inútil. No lo ven así ni María ni
Jesús. Es, más bien, un signo que manifiesta que Dios es el Señor
y todo lo que se da a Él muestra la entrega total del hombre al
Señor. Difícilmente entienden y admiten esto quienes buscan sólo
provecho e interés en su comportamiento.
6.
Este
signo es análogo a otros tantos gestos, gratuitos y aparentemente
inútiles, que se dan en la vida del auténtico creyente: ¿Para
qué la obediencia? ¿Para qué la castidad? ¿Para
qué la pobreza? ¿Para qué el perdón? ¿Para qué
la honestidad?
En
tal sentido la reflexión del otro personaje, Judas,
aparece como muy razonable: con semejante despilfarro inútil se
podría ayudar a tantos pobres necesitados. La argumentación parece
irrefutable y, sin embargo, la solidaria preocupación de Judas
esconde un interés no sólo mezquino sino sobre todo delictivo. La
aparente preocupación por los pobres es una bofetada para los
mismos pobres: en su nombre se requieren bienes y dineros que luego
se destinan al propio interés.
El
Evangelio, por todo su contexto, muestra que es Jesús quien se
ocupa de los pobres. Homenajearlo a Él, darle a Él todo lo de uno
como lo hace María, es querer tomar a Jesús como modelo: quien le
da todo al Señor, obrará como Jesús, y como Él servirá a los
pobres que siempre estarán en la historia humana. Con frecuencia
los pobres son el resultado del egoísmo, de la imprevisión o de la
corrupción humana. Servir totalmente a Dios es recorrer el mejor
camino de revertir las pobrezas y las injusticias.
7. El Evangelio concluye con una
expresión temible: las autoridades judías resolvieron
matar a Jesús y a Lázaro.
¿Por
qué motivo? Porque muchos se alejaban de ellos y creían en Jesús.
La decisión de eliminar a los que no piensan como uno no es muy
poco frecuente. Siempre es fatídica.
"Sin
justicia no hay paz y sin reconciliación no hay justicia"
nos dijo el Papa al comenzar el año 2002. Cuando el hombre decide
matar abre un camino que nunca terminará, salvo cuando el hombre se
abre al arrepentimiento y al perdón. La decisión de eliminar puede
estar presente como tentación. También hoy. Sólo la fuerza de
Dios puede hacer que no caigamos en ella. La Semana Santa nos
muestra las secuencias de esta decisión de eliminar que con
frecuencia alcanza a inocentes e indefensos.
8.
La
Virgen María vivió al lado de Jesús. Jesús aprendió de ella
cuando niño y adolescente.
Ella
aprendió de Jesús como Maestro, y como Él, fue silenciosa,
activa, no desfalleció, perseveró.
Ella
es Arca de la Alianza: con Jesús abre los ojos, libera a los
esclavizados.
Ella
se entregó totalmente al Señor. Por eso vivió la vida, decidiendo
hacer vivir.
Con
Ella, acompañamos a Jesús en esta Semana Santa.