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Homilía del Obispo de 
San Nicolás de los Arroyos


En el Campito, Santuario a Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás
Lunes Santo - 25 de marzo de 2002


1. En la Semana Santa, el seguimiento de Jesús, se ilumina y se profundiza, cuando queremos hacerlo con los sentimientos de Él, con sus vivencias y con el sentido que Él puso en todos sus actos.

Estos días nos muestran lo más hondo de la persona y las decisiones de Jesús: así nosotros estamos llamados a ahondar en nuestra persona para considerar si y cómo nuestros sentimientos y vivencias estén en sintonía con los de Él.

Así, la Semana Santa será renovadora de nuestra vida personal y de nuestra conducta social.

También podremos ver también cómo las circunstancias en que Jesús vivió y en las que realizó nuestra salvación tienen notables analogías con lo que estamos hoy viviendo.

Así, compartiendo con Él, tendremos su apoyo, su gracia, su estímulo para completar nosotros en nuestra vida "lo que falta a la Pasión de Cristo" según la audaz e iluminadora expresión de San Pablo.

2. Este año la Semana Santa desplaza, litúrgicamente, para después de la Pascua, la celebración de la Anunciación a la Virgen y de la Encarnación del Verbo. Pero toda la Semana Santa tiene como telón de fondo las decisiones que se vivieron en el inicio mismo de la Vida de Jesús: el Verbo Eterno le dice al Padre "Aquí estoy para hacer tu voluntad" y la Virgen María le dice al Angel de Dios: "que se cumpla en mi lo que Dios quiere". Esas dos generosas obediencias dan comienzo a un camino que culmina en lo que Jesús hace en la Semana Santa.

La Palabra de Dios en este lunes nos trae aspectos de esa Semana. Isaías acentúa parte de los sentimientos de Jesús. San Juan destaca un hecho significativo de esa Semana.

 

3. Isaías nos muestra al Servidor del Señor que es Salvador. La Salvación de Dios y su protagonista recorren un camino distinto del que los hombres pensamos y con el cual confiamos alcanzar la salida de nuestros males. No grita, ni se hace sentir, ni aturde a los demás. Es, más bien, sencillo, callado, humilde. No soluciona los problemas aplastando la debilidad de personas indefensas ni se aprovecha de los caidos. Más bien, es paciente en la espera de la recuperación.

Busca la recuperación no por la fuerza ni la prepotencia características de los poderosos. Todo lo contrario: busca y trabaja por el derecho y la justicia. No toma el camino de la violencia para la justicia: sabe que la violencia desencadena violencia y la justicia nunca llega cuando se elije este camino. Su camino, por eso, será mal visto por muchos. Y, sobre todo, necesitará, además de audacia ante una sociedad que se ilusiona con soluciones rápidas y espectaculares, una dósis enorme de perseverancia. No desfallecerá ni se desalentará.


4
. Implantar la justicia en la tierra es implantarla en el corazón de los hombres, y para esto se requiere la fuerza de Dios. Esta fuerza es la que anima al Servidor: "Yo lo sostengo", dice el Señor.

En este Servidor, que prefigura a Jesús, Dios reune al pueblo y lo ilumina. Por Él se abren los ojos, se liberan los cautivos y los oprimidos.

La Salvación que trae no es primordialmente política o económica: va mucho más adentro porque llega al corazón de quien lo acoje. La liberación de las esclavitudes y dominaciones políticas económicas y sociales no tienen consistencia ni futuro cuando los corazones siguen esclavizados por el interés, la violencia, el abuso o la mentira.

Cuando en cambio, por la acción Salvadora del Servidor, los corazones se convierten, es posible pensar que las demás esclavitudes vayan desapareciendo.


5
. El Evangelio de San Juan nos muestra a Jesús pocos días antes de morir. Está en una cena, con amigos – Marta, María y Lázaro – y con sus Apóstoles. Sobre la escena, aparentemente serena y distendida, se cierne la sombra y la cercanía de una muerte inminente.

Dos personas intervienen con distintas miradas sobre el mismo Jesús.

María (la hermana de Marta y de Lázaro) toma un perfume muy caro (se calcula su precio en el salario diario de 300 personas) y lo derrama para perfumar a Jesús: lo da generosamente. Esto puede ser visto como un despilfarro inútil. No lo ven así ni María ni Jesús. Es, más bien, un signo que manifiesta que Dios es el Señor y todo lo que se da a Él muestra la entrega total del hombre al Señor. Difícilmente entienden y admiten esto quienes buscan sólo provecho e interés en su comportamiento.


6.
Este signo es análogo a otros tantos gestos, gratuitos y aparentemente inútiles, que se dan en la vida del auténtico creyente: ¿Para qué la obediencia? ¿Para qué la castidad? ¿Para qué la pobreza? ¿Para qué el perdón? ¿Para qué la honestidad?

En tal sentido la reflexión del otro personaje, Judas, aparece como muy razonable: con semejante despilfarro inútil se podría ayudar a tantos pobres necesitados. La argumentación parece irrefutable y, sin embargo, la solidaria preocupación de Judas esconde un interés no sólo mezquino sino sobre todo delictivo. La aparente preocupación por los pobres es una bofetada para los mismos pobres: en su nombre se requieren bienes y dineros que luego se destinan al propio interés.

El Evangelio, por todo su contexto, muestra que es Jesús quien se ocupa de los pobres. Homenajearlo a Él, darle a Él todo lo de uno como lo hace María, es querer tomar a Jesús como modelo: quien le da todo al Señor, obrará como Jesús, y como Él servirá a los pobres que siempre estarán en la historia humana. Con frecuencia los pobres son el resultado del egoísmo, de la imprevisión o de la corrupción humana. Servir totalmente a Dios es recorrer el mejor camino de revertir las pobrezas y las injusticias.


7.
El Evangelio concluye con una expresión temible: las autoridades judías resolvieron matar a Jesús y a Lázaro.

¿Por qué motivo? Porque muchos se alejaban de ellos y creían en Jesús. La decisión de eliminar a los que no piensan como uno no es muy poco frecuente. Siempre es fatídica.

"Sin justicia no hay paz y sin reconciliación no hay justicia" nos dijo el Papa al comenzar el año 2002. Cuando el hombre decide matar abre un camino que nunca terminará, salvo cuando el hombre se abre al arrepentimiento y al perdón. La decisión de eliminar puede estar presente como tentación. También hoy. Sólo la fuerza de Dios puede hacer que no caigamos en ella. La Semana Santa nos muestra las secuencias de esta decisión de eliminar que con frecuencia alcanza a inocentes e indefensos.


8.
La Virgen María vivió al lado de Jesús. Jesús aprendió de ella cuando niño y adolescente.

Ella aprendió de Jesús como Maestro, y como Él, fue silenciosa, activa, no desfalleció, perseveró.

Ella es Arca de la Alianza: con Jesús abre los ojos, libera a los esclavizados.

Ella se entregó totalmente al Señor. Por eso vivió la vida, decidiendo hacer vivir.

Con Ella, acompañamos a Jesús en esta Semana Santa.


Mons. Mario Maulión,
obispo de San Nicolás de los Arroyos



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