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BEATIFICACIÓN
DE ARTÉMIDES ZATTI
Homilía pronunciada por Mons. Mario Maulión en la misa celebrada en el
hospital San Felipe de San Nicolás en ocasión de la beatificación del
enfermero coadjutor salesiano Artémides Zatti - 14 de abril de 2002
Mis queridos hermanos:
Hace
pocos instantes en Roma el Papa Juan Pablo II beatificó a 6
cristianos, entre ellos, ARTEMIDES ZATTI. En esta celebración nos
alegramos con toda la Iglesia porque es un acontecimiento eclesial y
porque muy cerca nuestro, tanto en el tiempo como en la geografía,
dos hermanos nuestros son declarados por el Papa para toda la
Iglesia como intercesores y como modelos: el Coadjutor Salesiano
ARTEMIDES ZATTI y la Madre TRANSITO CABANILLAS.
1.
Hace 68 años cuando el Papa Pío XI declaraba Santo a Juan
Bosco, entre los salesianos que fueron de todo el mundo a Roma, en
la delegación argentina, designado por sus Superiores, estaba
ARTEMIDES ZATTI. Era la primera e iba a ser la última vez que Don
Zatti iba a ir a su patria natal, Italia, después de haber venido
como inmigrante a nuestra Argentina. Seguramente no se imaginaría
que 68 años después, iban a hacer algo similar con él. ¿Por
qué? ¿Por qué la Iglesia está haciendo esto? Porque la Iglesia
ve en él un testigo eficaz de Jesús entre nosotros.
Hay
que conocer un poco su historia. Ustedes la van conociendo o la
vamos conociendo. Hasta hace un tiempo atrás ARTEMIDES ZATTI, para
mí, era un desconocido. Entre los Salesianos se lo conocía más.
Yo ahora lo estoy conociendo y creo que tenemos que conocerlos más
porque es nuestro amigo del Cielo, es nuestro hermano y nuestro
amigo. Los Salesianos, los que tienen la función y la misión de
curar, de ayudar, aliviando, sanando, sobre todo dando fuerzas al
enfermo, tenemos que ver su vida porque es un ejemplo para todos.
Por
eso me alegro que, en esta Misa, la comunidad hospitalaria y la
comunidad Salesiana estén bien representadas: la comunidad
hospitalaria desde sus autoridades hasta todo el personal y
diferentes miembros de la comunidad Salesiana. Alabamos a Dios
porque un Salesiano, un Laico Salesiano, un Coadjutor Salesiano, sea
puesto por la Iglesia como intercesor.
2.
¿Qué hizo este hombre? No quiero hacer una biografía de él. Pero
quiero rescatar algunas cosas que a mí me impresionaron; a Ustedes,
tal vez, les pueden impresionar otros hechos.
Lo
que me impresiona de ARTEMIDES es que es un hombre que nunca
tuvo facilidades en la vida, mas bien diría que tuvo muchas
dificultades. Se me ocurre que a él se aplica eso que algunas
veces hemos oído: cristiano no es el que encuentra dificultades en
las posibilidades, sino posibilidades en medio de las crisis de las
dificultades.
Desde
que vino de su tierra natal, cuando llego aquí con su familia,
entre las cosas que él quería era poder llegar a ser Sacerdote.
Por atender a una persona enferma contrajo una enfermedad que lo
obligó a dejar su proyecto y su decisión de ser Sacerdote. Pero no
obstante eso, seguía con la idea de consagrarse a Dios. Por eso
comenzó a valorar otro modo de entregarse a Dios y a los hombres.
No tenía muy en claro lo que iba a ser su vida. Invitado por un
Sacerdote, comenzó su tarea de colaborar en lo sanitario. Enfrentó
las dificultades, con esperanza, con alegría, con esperanza: sabía
que de algún modo Dios los iba a ayudar para llevar adelante lo que
tenía entre manos: cómo pagar las deudas, cómo atender, cómo
conseguir comida. Es uno de los pocos santos que conozco que andaba
en bicicleta. Su bicicleta. No es para él un simple medio de
transporte sino que llegaría a ser como su identidad: quería
llegar rápidamente a los que lo estaban necesitando.
3.
¿Que mas me impresiona? Que es un hombre de Dios. Con todas
las tareas que a diario realizaba y con las innumerables tareas que
realizaba, consideraba lo primario estar con Jesús. Por eso .se
levantaba muy temprano para orar, para hacer sus oraciones. Se lo ve
primariamente como un hombre de Dios. Si ARTEMIDES ayudaba y actuaba
incansablemente es porque se dejaba ayudar por Dios.
4.
Un laico. No sé cuantas
veces habrá hecho tareas que se pudiesen asimilar a una tarea
sacerdotal como las que soñaba cuando más joven. Toda su vida
laical fue un modelo, fue un hombre creativo para resolver
cuestiones muy prácticas. Y llegó a hacer una gran obra, como la
de consolidar un hospital y estar al frente prácticamente del
mismo. Además de ser un hombre muy dinámico, es un hombre que
sintió la necesidad de capacitarse profesionalmente. No se
conformó con lo que había aprendido por experiencia en su tierra
natal durante la guerra. Por el contrario se empeñó en formarse:
hizo los estudios y obtuvo los títulos. También encontró
contratiempos dolorosos: lo que había sido su obra en Viedma (por
razones que no vienen al caso considerar) tuvo que ser demolida y
tuvo que empezar de nuevo en otro lugar.
5.
Un hombre creyente, un hombre solidario, un laico que tuvo en sus
manos las cosas propias de los laicos creyentes, las cosas del
mundo. Las hizo con ganas, con optimismo, con solidaridad, sobre
todo las hizo con fe. En los detalles de su sonrisa, de su chaqueta,
de su bicicleta, de las cuentas, que no les cerraban y las cosas, de
las noches pasadas junto a enfermos solitarios o abandonados, se
percibía un hombre como uno de tantos (así define a Jesús
San Pablo). Porque era un hombre de Dios. Por eso nos estimula que
podamos sentir hoy en día que alguien como nosotros sea un
verdadero hombre de Dios y que, así, nos estimule y nos lleve a ser
fieles a Dios y a las necesidades cotidianas de los hermanos, como
él, para ser testigo de Jesús.
6.
En los textos que acabamos de escuchar, sobre todo en el Evangelio,
se pinta la vida y el proceso de fe de muchos creyentes. El camino
de los Discípulos de Emaús es el de muchos creyentes: Jesús, no
reconocido por los Discípulos, camina a su lado y busca reconstruir
su fe quebrada. Él quiere consolidar su fe integralmente. Jesús
los busca y llega a su mismo corazón. También es la historia de
ARTEMIDES: él no fue a buscar a Jesús. Es Jesús quien lo buscó
en su camino de cada día.
¿Adónde
lo va a buscar Jesús? Donde estaba, en el camino de su vida. Jesús
está a nuestro lado pero siempre no Lo reconocemos. Más aun,
muchas veces en el camino de nuestra vida nos podemos sentir solos,
defraudados, desorientados. Yo creía, pero… yo pensaba, pero…
Nos podemos sentir, por lo que nos pasa, desorientados y
desconcertados: tanto en lo invisible de nuestra fe como en lo
cotidiano de nuestra actividad. Yo creía y esperaba en Dios,
pero... Yo creía en los hombres, pero...
7.
Es Jesús, muy cercano a nosotros quien nos dice: ¿Qué te pasa?
¿Qué pasa contigo, con Ustedes? Es necesario que saquemos a flote
lo que pasa en nuestro corazón y es preciso que El nos vaya
enseñando lo que no queremos aprender: es necesario que
el Hijo del Hombre sufra, que el hombre sufra.
¿Por
qué es necesario que sufra? Generalmente no encuentro la respuesta
pero Jesús la dice y esos hombres comienzan a sentir un "ardor"
en su corazón. El repaso de su vida a la luz de la Palabra de Dios
va llenando de luz lo que antes era oscuridad agobiante. Habían
caído muy hondo en su fe pero comienzan a ver a las cosas de otra
manera. Ante la Palabra de Dios, el corazón, por la invisible
acción del Espíritu, comienza no sólo a "ver"
sino también a "arder".
8.
Mirando a ARTEMIDES y las dificultades que se entretejieron en su
vida (dificultades cotidianas pero fuertes) se puede pensar que
afrontándolas pudo haberse sentido caído muy hondo y muy solo.
Pero nunca se resistió, nunca se dejó abatir. Todo fue para él
ocasión de ayudar, siempre tenia fuerzas y dedicación para el que
sufría y lo necesitaba, en su hospital, en su barrio, en los menos
considerados por la sociedad. Todo era para él una oportunidad y
una ocasión para ayudar: visitarlo, curarlo, darle remedio (siempre
tan difíciles de conseguir para los más pobres) darle al enfermo,
sobre todo, tiempo y escucha, acompañándolo. Cualquier oportunidad
era propicia para brindar esperanza a la persona que ya estaba
abandonada y hasta desahuciada. Siempre, a costa de su tiempo, de su
descanso, de su salud, estaba ayudando al que sufre.
¿Cómo
se ve la vida de ARTEMIDES? Con Jesús en el camino, con Jesús que
lo encuentra.
¿Cómo
eran este encuentro con Jesús? Lo fue en la oración en la que él
se dejaba enseñar, en esas horas de madrugada en las que dedicaba
fielmente, cada día, a su Señor: Misa, Oración. El consuelo y la
dedicación que daba durante su infatigable actividad, él lo había
estado viviendo misteriosamente en su oración.
9. El camino de Emaús
muestra también la actitud de dos muchachos para con el
Desconocido: a Jesús no lo dejan ir y lo obligan a quedarse, a
compartir la cena y también el techo: se trataba de una persona que
no les iba a retribuir con nada. Era un desconocido, con el que
compartirían su comida. Era una actitud de solidaridad gratuita.
Eso también contribuyó a que en la posterior Eucaristía, "se
les abrieran los ojos".
ARTEMIDES
sintió como propias las necesidades de los otros y sirvió
totalmente a los que nos podían retribuirle. Por eso, en la
Eucaristía, ARTEMIDES veía al Señor no con los ojos corporales
sino con los del corazón. Así servia con alegría. ARTEMIDES con
sus cantos, silbando y sonriendo, con sus cuentos y sus sonrisas,
con su espíritu tan alegre, tan servicial, curaba mucho más que
con las medicinas que el daba con una profesionalidad adecuada
Hoy
nos alegramos por este hombre que el Señor ha suscitado entre
nosotros para darnos la lección de un laico que en lo cotidiano de
la vida realizó las simples ocupaciones y tareas de los hombres
pero con el corazón puesto en Dios.
Imagino
que si alguien, 60, 50 ó 40 años atrás, le hubiera dicho Don
Zatti que iban a hablar de esta manera y, sobre todo, cómo hoy el
Papa habló de él, se habría reído. Él no se sentía lo que
realmente era: un santo, un modelo. No al estilo como
a veces se imagina a los santos, solemnes y estereotipados como
estatuas. ¡No! Fue un santo en bicicleta, un santo preocupado y
ocupado de las cosas de cada día y de cada persona sufriente: cómo
conseguir remedios, alojamiento, comida que debía cubrir con un
dinero siempre, cómo llevar adelante los emprendimientos que
quería hacer, como la remodelación del hospital, de las mejoras. Y
junto a todo ello cómo encontrar tiempo para su capacitación
profesional.
Fue
un hombre de Dios y, por eso, al mismo tiempo, de la calle y de las
necesidades humanas.
Alabamos al Señor por este Santo que Él ha querido suscitar como
su testigo para que interceda por nosotros, por los Salesianos, por
los Enfermeros, por todos los que trabajan en ayudar a otros a
recuperar la salud.
¡Alabado sea el Señor!
¡Beato
Artémides Zatti, ruega por nosotros!
Mons. Mario Maulión,
obispo de San Nicolás de los Arroyos
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