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MISA EN EL "CAMPITO" DE SAN NICOLÁS
Homilía de Mons. Mario Maulión, obispo de San Nicolás de los
Arroyos, pronunciada en la misa celebrada en el "Campito" el 25 de
mayo de 2002
¡Queridos Hermanos Obispos, Sacerdotes, Diáconos, Religiosos, Laicos!
¡Peregrinos todos!
1.
La
habitual celebración de cada 25 en este Campito, la vivimos hoy con
acentos especiales. Es el 25 de Mayo, 192 Aniversario de la
Revolución de Mayo. Es la Solemnidad de la Santísima Trinidad: el
Misterio de Dios en nuestras vidas y nuestra historia y de la
alabanza a Él porque de Él brota todo y hacia Él todo se ha de
orientar. Y nos acompañan un considerable número de hermanos
uruguayos presididos por tres Obispos: el de Mercedes y Presidente
de la Conferencia Episcopal de Uruguay, Mons. Carlos Collazzi
Irázabal, el de Florida, Mons. Raúl Scarrone Carrero y el
de Canelones, Mons. Orlando Romero Cabrero.
Esta
presencia de Uruguay nos anima. Son frecuentes las peregrinaciones de
este país hermano y se vienen realizando desde hace ya varios años. La
de hoy es más que una de tantas. Aunque han llegado aquí varias
peregrinaciones presididas por sus respectivos Obispos, trayendo las
imágenes que son venerados en sus Santuarios, ésta es la primera que
viene con tres Obispos y de un país hermano. Nos alegra sentir de
cerca la hermandad eclesial bajo la protección materna de María.
2.
La “Virgen de los 33 Orientales” identifica la piedad
cristiana y mariana del pueblo católico uruguayo. Ella está
íntimamente unida al origen y la identidad de la Patria Uruguaya. Así
como Argentina se identifica con el rostro moreno de María en Luján,
así Uruguay se siente hermanado en la pequeña y espléndida imagen de
la Pura y Limpia Concepción “de los 33”. Con las vicisitudes de la
Historia, nuestros pueblos siempre se han sentido y se sienten, sobre
todo, hermanos. Lo somos por el origen, por la identidad
cristiana desde sus mismos comienzos y por el compromiso de
fraternidad en la actualidad.
Los
Uruguayos y los Argentinos, como creyentes, sabemos y proclamamos que
sólo en Dios
está la fuente de la solidez de la dignidad del hombre, y como
católicos uruguayos y argentinos creemos y confiamos en la maternal
intercesión de la misma Virgen María, la Madre de Jesús, que en sus
distintas imágenes y advocaciones acerca, consuela y acompaña a sus
hijos en el único camino, de Ella y de nosotros, que es Jesús.
3.
Nuestra Patria Argentina, hermanos peregrinos, pasa hoy momentos
difíciles, dramáticos. La oscuridad y el desconcierto, desorienta no
sólo nuestro futuro sino nuestro mismo presente. Estamos, como lo
decimos en la Oración por la Patria, agobiados. También sobresaltados
por una profunda crisis que no supimos, no pudimos, o no quisimos
siquiera vislumbrar a tiempo. Nos venimos empantanando en un deterioro
moral y en un resquebrajamiento de los vínculos sociales, sin
advertirlo o tal vez no queriendo percatarnos.
Sobre todo, el lento olvido de Dios, de su Presencia y de su Palabra
en muchos sectores y ámbitos de la sociedad (a los que no escapan los
responsables de la economía, de la política, de la comunicación, etc.)
ha venido erosionando no sólo el corazón de muchos sino la misma vida
social.
Nos
tenemos desconfianza, no nos creemos, no aprendemos las lecciones de
la historia. Con distintos y novedosos nombres, se están manteniendo
vigentes conductas sociales que debilitan el estilo de vida y seguimos
con vicios que nos han empobrecido económica y culturalmente.
4.
El aniversario del 25 de Mayo ha de ser la ocasión (lo quiero decir
con fuerza, como creyentes, a Ustedes y en nombre de Ustedes) de mirar
Dios y desde Él mirar nuestra realidad.
Es
hoy un día para orar por la patria, para orar por nuestra
responsabilidad hacia los hermanos, por esa responsabilidad que es,
junto con la fe en Dios, el único vínculo que hace fuerte a una
sociedad.
Invocar al Señor y reconstruir la patria en el diálogo, en la verdad y
en la abnegación.
La
conversión a Dios, la oración, y la recuperación de los valores
morales abrirán el camino de la recuperación.
Por
negro que sea el futuro, por difícil que parezca la recuperación, con
fe en Dios, con solidaria responsabilidad, con decisión de vivir
honestamente, es posible tener esperanza: en Dios, y, también, en el
hombre cuando se ha convertido a Dios.
5.
La Palabra de Dios que acabamos de escuchar nos ubica en el centro
de nuestra fe y de nuestra historia: Dios, Señor Nuestro, Dios,
Padre Nuestro, Dios, Salvador Nuestro.
Así
comenzamos nuestros días, nuestra vida y nuestras acciones: En el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
*La
Palabra de Dios nos ha presentado a Dios definiéndose como
bondadoso, compasivo, lento para el enojo, pródigo en amor y
fidelidad.
Dios quiere estar a nuestro alcance. Aunque muchas veces seamos
hombres obstinados en el mal, aunque destruyamos la vida, aunque nos
dividamos y nos enfrentemos, aunque seamos dañinos e envidiosos,
injustos y opresores. Aunque seamos así, Dios nos busca porque nos
ama: está dispuesto a perdonar y a hacernos de su familia. Nuevamente
resuenan entre nosotros las palabras claves de la vida según Jesús:
conversión a Dios y confianza en la misericordia del Padre.
*
Dios nos ama tanto –lo dice el mismo Jesús– que nos da a su Hijo. Los
hombres, cuando vemos el mal en los demás buscamos justicia y, por qué
no decirlo, desquite y venganza. Dios, ante el mal humano hace lo
propio de Dios: ama. Quiere salvar. Por eso envía a su Hijo
para qué descubramos el mal que está en nosotros, que nos destruye,
para sacarnos de ese mal y para mirar al mismo mal con el amor de
Dios. El envía a su Hijo ni para juzgar ni para condenar. Él quiere
recuperar, sanar, corregir. Es la enseñanza para nosotros: ni condenar
ni juzgar sino salvar, corregir, curar ahí dónde está en el mal. Como
lo hizo el Padre del Cielo, como lo hizo y lo hace Jesús, como lo hizo
y lo hace la Virgen: estamos llamados siempre a reaccionar amando.
*
Este estilo de vida, el del Padre, el de Jesús, el de la Virgen, es
trabajar con ganas, con alegría, es animarnos mutuamente, es vivir en
armonía.
Nos
lo decía el Apóstol en su Carta. Se trata de un estilo de vida que hoy
añoramos, (la armonía, la paz, estar unidos) y que nos parece a los
hombres, también aquí en Argentina, imposible. Sin la gracia de Dios
es realmente imposible. Pero con la gracia de Dios es posible. ¡Y
será realidad!
Es
el estilo de vida que necesitamos. Dios nos lo da en la oración y por
el amor de Jesús: con su perdón (que recibimos en la
Penitencia); con su luz (que recibimos cuando escuchamos la
Palabra de Dios), con su energía (que recibimos en los
Sacramentos y en la oración). Es un estilo de vida posible de
realizar.
6.
La Virgen María, Madre y Esposa creyente, Mujer Fuerte y Dulce vivió
ese estilo de vida: Fe en el Señor y lúcida responsabilidad en su
conducta diaria de mujer, de esposa, de madre, de protectora. Fue su
estilo de vida: la confianza en Dios, la laboriosidad, la fortaleza
ante las dificultades.
Fue
su ocupación ocuparse de los demás. De todos, ayudando, alentando,
acompañando. Lo sigue haciendo hoy.
En
Ella confiamos, a Ella acudimos, como Ella queremos ser:
-
fuertes en la Fe en Jesús,
-
alegres y resistentes en la Esperanza en Jesús,
-
creativos en la Caridad
A Ti, Señora, Madre del Cielo y Madre nuestra, a quien invocarnos
como Señora de Luján, Señora de los 33 Orientales, Señora del Rosario
de San Nicolás te decimos: ¡ruega por nosotros!
¡Santa Madre de Dios, ruega por nosotros!
¡Ave María Purísima! ¡Sin pecado concebida!
Mons. Mario Maulión,
obispo de San Nicolás de los Arroyos
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