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9 DE JULIO DE 2002


Homilía de Mons. Mario Maulión, obispo de San Nicolás,
en el tedéum celebrado en la catedral de San Nicolás de los Arroyos


Hemos escuchado la Palabra de Dios y estamos, precisamente, obedeciendo esta Palabra. El Apóstol Pablo nos decía: "hagan siempre oraciones". Las estamos haciendo en un nuevo aniversario de la Independencia de nuestra Patria. Nos sentimos deudores de los que nos precedieron y queremos ser sus continuadores afrontando las graves dificultades que tenemos.


1. Independencia es una palabra que usamos como sinónimo de libertad y  de soberanía. Libertad significa la plenitud de un ser. Soberanía es tener el señorío de toda la conducta. Hoy, al celebrar la Independencia Argentina, de la que tanto nos gloriamos y que tan hondamente  queremos, somos conscientes que lo hacemos en medio de una situación muy crítica y difícil. Aquí, en el templo, siguiendo esta tradición que arranca de 1816, de alabar a Dios por la independencia, creo que, ante Dios y ante nuestra propia conciencia, tenemos que volver a lo mas hondo del corazón para volver a ver con la serenidad que nos da la Palabra del Señor, cuál es el horizonte y cuál es el alcance de la libertad y de la independencia.

Independencia es ausencia de vínculos que atan. Estas palabras pueden resonar como buenas, lindas, hermosas pero tal vez sean equívocas. ¿Es la independencia la ausencia de toda dependencia? Siempre dependemos y siempre estamos vinculados. Dependemos del aire, del piso para caminar, del alimento, de la tierra. Dependemos. De otros, de cosas, de personas. Ser libre no es no depender de nadie. Ser libre es elegir de quien voy a depender. Es elegir a quien le voy a entregar mi vida, mi potencialidad. Ser libre no es sólo impedir que me arrastren. Ser libre es querer depender con amor y libertad, es querer entregarse abnegadamente. La madre, el padre, el profesional, el trabajador, el hombre responsable, no están sometidos, ni son esclavos del trabajo, ni de la tarea que hacen. Hacen todo porque lo eligieron. Si no lo eligieron libremente son en el fondo máquinas.


2. Cuando uno elige, elige someterse, elige dedicarse, elige entregarse. Una pretendida independencia de todo es imposible y además es absurda. La libertad es auténtica independencia cuando el amor que uno tiene se entrega a otro: sólo entonces uno es libre. Es la paradoja de la libertad. Porque entonces uno quiere lo que hace y porque uno lo hace por amor al otro.

Y un país es libre cuando sus ciudadanos lo son. Ni las instituciones, que son necesarias, ni los programas políticos, económicos, culturales, igualmente necesarios, son los que dan o quitan la libertad. Un país es libre e independiente cuando sus ciudadanos son libres. Las instituciones y los organismos sociales podrán bloquear, dificultar, facilitar o favorecer la libertad pero nunca la suplen. No es la sociedad la que hace libre al hombre, es el hombre libre el que hace libre a la sociedad. Por eso salvar y cultivar la independencia es salvar y cultivar la independencia de cada hombre para que sea consciente y vaya adquiriendo ese nivel de humanidad que es su libertad.

Este ir alcanzando la libertad es la gloria y la tarea de cada hombre. A mí no me hacen libre: yo soy libre. Y, tampoco a mí me quitan mi libertad si yo no lo quiero. Aunque me encierren en una cárcel o me tapen la boca; la libertad está dentro del corazón, allí solamente yo decido. Cuando los ciudadanos de un país, son y se sienten libres ese país es libre. Lo vigorizarán sus Fuerzas Armadas, lo harán robusto sus fuentes de trabajo, lo harán espléndido sus adelantos técnicos y culturales pero será un país independiente sólo cuando sus miembros, son libres.

Y la libertad de los hombres sólo se alcanza con la Verdad. La Verdad en el corazón de cada hombre lo hace libre: lo dijo Jesús, y la Verdad es Jesús.


3. Lo que escuchamos en la Palabra de Dios es orar. Lo primero para ser libre es la oración al Señor, levantar la mirada a Dios, dirigir la mirada de la conciencia al corazón para dejarnos encontrar por Dios. Éste es el camino de la libertad del hombre.

Nos decía Pablo: "oren por todos". No solamente por los que son como nosotros sino por todos. Pablo decía esto a sus cristianos que convivían con muchísimos paganos. Hoy nos lo dice a nosotros que tenemos muchas diferencias y desencuentros: oren por todos, sin excluir a nadie. Cuando uno no excluye a nadie en la oración, tampoco lo va a excluir en la libertad.

La comunidad que cada uno integra no es simplemente equilibrio de fuerzas distintas sino integración de fuerzas que se suman. Una comunidad así es esencial para la libertad.

Sólo la sociedad que tiene como estilo de vida la amistad social es independiente. Amistad social. Los ciudadanos, amigos. La amistad social es el culmen de la justicia social y de la paz social, es decir, sentir al ciudadano amigo y tratarlo como tal. Cuando lleguemos a nivel de una amistad social, la justicia social y la paz social van a estar aseguradas.


4. Pablo dice que oremos por las autoridades, por las autoridades que son necesarias y exigidas por la misma naturaleza social del hombre. No son un mal irremediable. Por el contrario, son necesarias y queridas por Dios para afianzar y cultivar la paz y la tranquilidad.

En el deterioro moral en que estamos cayendo, peligrosamente, nuestra sociedad que quiere ser libre, ha venido sufriendo un desgaste y un desprestigio de la autoridad.  No sólo en lo político: también en lo familiar, en la convivencia, en la misma comunidad cristiana, en la Iglesia. Hasta se ha convertido en un deporte y en una gimnasia el desprestigio y la desautorización, la desconfianza y la descalificación de la autoridad. Cuando la autoridad está desprestigiada, nos convertimos en huérfanos, desvinculados, desorientados y desconfiados.

La recuperación del valor de la autoridad como garante de la sociedad es una tarea de todos. En primer lugar de aquellos que causaron o permitieron ese desprestigio en aras de una mentirosa independencia o libertad; también es tarea de aquellos que hoy aspiran a llegar a ser autoridades. Y es tarea de todos y cada uno. Nunca la independencia de un país puede consolidarse está desestructurado y se está convirtiendo en anárquico.

La independencia no es un regalo gratuitamente  recibido. Es, por el contrario, un camino. Como el camino que recorre el tallo que va hacia la flor y de allí al fruto. Crece incansablemente, supera dificultades por la energía vital que tiene en su interior y lo lleva hacia la plenitud que es el fruto maduro.

La libertad del tallo consiste en el armonioso proceso que le viene de su misma interioridad. Lo mismo y mucho más hondamente ocurre en el hombre. En su interior está Dios. Seguir el impulso de Dios es llegar a ser libres. Lo reitero. Jesús lo afirmó: la Verdad los hará libres.


5. El Señor está en el corazón del hombre. En este momento de la  Independencia tenemos que saber mirar a nuestro interior para descubrir cómo Dios nos ama.

 En estos momentos de una crisis tan aguda, es preciso llegar a ver los signos por los que Dios se nos manifiesta  actuando. Uno de ellos son los muchos pobres que dan ejemplos. A muchos de ellos tal vez no los haya alcanzado la clamorosa crisis financiera que más sacude, golpea y sacude a otros sectores sociales. Cuando están más golpeados y desprotegidos surgen en ellos actos de solidaridad más espontáneos y más sólidos, como su estilo de vida. Los pobres nos señalan el camino de la independencia: fe en Dios, solidaridad con los hermanos.

También, aunque no tengan frecuentemente espacio en los medios de comunicación ni en la opinión pública, son muchos los que diariamente con frío, lluvia, calor, dificultades trabajan en la escuela, en el hospital, el negocio o en la iniciativa incluso desde su desocupación. Son muchos los que quieren superar todo esto y siguen eligiendo este territorio argentino como su patria.

Estos son los signos de que Dios está. Sepamos ver esa presencia de Dios y alabar al Señor porque en medio de las dificultades, Él nos sigue señalando el camino de la independencia: depender de Dios y depender libremente del hermano al que sirvo en la justicia y en la solidaridad.


6. Que el Señor nos haga entender este camino que tenemos que seguir recorriendo.  Que la Virgen, la que creyó en el Señor y a la que veneramos  como nuestra Madre desde Luján y desde tantas advocaciones, interceda por esta querida patria Argentina.

Somos nosotros los que estamos llamados a construir un futuro de independencia mejorando lo recibido y consolidándolo para las nuevas generaciones.


¡Alabado sea el Señor!

¡Ave María Purísima!


Mons. Mario Maulión, obispo de San Nicolás de los Arroyos



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