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¡ARGENTINA: CAMINA CON MARÍA!


Homilía de Mons. Mario Maulión, obispo de San Nicolás,
en la misa celebrada en el santuario de la Virgen el Rosario
el 25 de setiembre de 2002


Pido a todos que tengamos un recuerdo afectuoso y una oración confiada por el Padre Rafael Hernández: durante todos estos años, desde el mismo comienzo de las peregrinaciones a este lugar, su palabra encendida y su devoción mariana, acompañaron y dirigieron las procesiones y las Misas en este Campito. El Señor lo llamó hace pocos días. Pidámosle que lo tenga junto a Sí. La Virgen cuya devoción alimentó en su vida y divulgó en su ministerio lo lleve hacia su Hijo, Jesús.


MI ALMA CANTA LA GRANDEZA DEL SEÑOR


¡Querido Peregrino!
Bienvenido a la casa de la Madre.
Vienes con dolor, con esperanza, con alegría.
Que cada uno de ustedes sienta la cercanía de la protección de María


1. Estos momentos son difíciles. Pero, también son momentos de esperanza. La presencia de todos ustedes es para todos unos signos de la presencia del Señor que siempre busca salvar. Dios está en medio nuestro. Si lo que nos ocurre, duele y oprime, aquí, como en tantos otros momentos y circunstancias sentimos que el Señor nos sigue buscando para curarnos y restaurarnos

Son muchos los dolores que vienen agobiando nuestras personas, nuestras familias, nuestra sociedad. Tenemos presente, por lo cercanos los hechos que enlutaron a las familias de los chicos de Moreno que murieron en Chubut y la de los que murieron al volver desde Catamarca hacia Tucumán luego de haber participado en una peregrinación. Y junto a estos dolores, están esos otros, por desgracia, crecientes: la violencia gratuita, irracional y despiadada que destruye vidas desaprensivamente, la desconfianza y el recelo que ahogan la convivencia social, la mentira y el engaño que oscureciendo el presente hacen temer un futuro incierto.


2. Pero, junto a todo esto, está también la silenciosa e incansable acción del Señor que busca nuestra salvación y nuestra recuperación.

De todo esto nos habla la Palabra de Dios

El Profeta Isaías, en la 1ª Lectura nos describió a un pueblo que, caminando en tinieblas, vio una gran luz. A un pueblo que, dominado por yugos agobiantes, soportando la fuerza de los poderes que lo oprimían, se le anuncia la liberación y la curación gracias a la acción de un niño que será su esperanza. En definitiva, ese Niño será Jesús, nacido de María Virgen. Recibirlo por la Fe es dejar que Él sea “Consejero maravilloso” para nuestra vida, que sea el que “pone paz” en el corazón. “El celo del Señor hará todo esto


3. ¡Peregrino! Mirar e Jesús y convertirnos a Él es el camino de nuestra recuperación. ¡Sí! ¡Convertirnos a Jesús! Es lo que más necesitamos hoy. Es lo primero y fundamental: volver el corazón al Señor. Los hombres, sin Dios, rechazándolo o prescindiendo de Él, nos hundimos.

Y Dios, incansablemente, nos sigue buscando. Dejémonos encontrar por Él. Así comenzará nuestro camino de recuperación.


4. San Pablo, en la 2ª Lectura, nos indicó que la salvación se va realizando a través de un trayecto que desemboca en la “gloria futura”, incomparable con los padecimientos actuales.

Por la fe sabemos que el Señor está amando y salvando. Por la experiencia inmediata sabemos que el dolor nos aprieta, nos sacude y nos agobia. Para la liberación definitiva se necesita “esperanza”: es la seguridad en el poder y en el amor de Dios.

¡Esperanza y constancia! Pidámoslas al Señor. Son las energías para los momentos difíciles. Como los de hoy. Volver la mente al Señor y, así, confiando en Él, recorrer la vida con la decisión de obrar como Él nos pide.


5. Recorrer la vida con decisión, con constancia, con esperanza es lo que caracterizó a la Virgen María. El Evangelio nos trajo el relato de la visita a su prima Isabel. Nos la presentó resuelta y emprendedora. “Partió rápidamente”. “Fue sin demora” Para ir a lo de su prima emprende un viaje con distancias peligrosas. Y Ella lleva al Señor adonde va. Siempre “proclama al Señor”. . Por la presencia de maría, el Niño que lleva en su seno, comienza a hacer maravillas: Isabel siente en su seno que su niño, el futuro Juan, salta de gozo.

La fuerza de María es su Fe. Ella cree decididamente en lo que Dios dice. Y aunque las dificultades crezcan, sabe que Dios cumple lo que promete. Una decidida confianza en la Palabra de Dios es lo que define a la Virgen. Confianza y decisión.

La Virgen María nos enseña, entre otras más, estas cosas:

* Confiar en Dios, poniendo en Él nuestra mirada

* Ser responsables en las relaciones con los demás, en especial, los mas cercanos

* Caminar con esperanza y constancia


6. ¡Hermano! Volvámonos a Dios Pongamos en Él nuestra mirada. Muchos males que nos agobian tienen origen en el corazón del hombre que ha olvidado a Dios. Volvámonos a Él con una arrepentida conversión, sincera.

Y volviéndonos a Dios, pongamos nuestra mirada en el hermano, en especial, el necesitado. Porque somos responsables de los otros. Dejemos de mirar a los otros con egoísmo, con interés mezquino. Pensemos qué es lo que están necesitando de mí. Y qué es lo que puedo hacer por ellos.

Mirar por los demás es tener una conciencia social decidida y lúcida. Como dirigentes y como ciudadanos todos somos responsables de la sociedad que formamos. Guiándonos decididamente por los valores morales encontremos la superación de las injusticias que agobian.

Confianza en Dios y decidida vida moral honesta, justa, solidaria. Sí. Volvernos a Dios y volvernos a los hermanos son el único camino de recuperación. La confianza en Dios es confianza en Jesús, enviado por el Padre para salvarnos. Es confianza en María de la cual Él quiso nacer.


7. Al volver a nuestros hogares y a nuestras comunidades llevemos la experiencia vivida aquí: la cercanía con la misericordia de Dios y la voluntad de ajustar nuestra conducta a la palabra de Dios, es decir, para el cambio que Dios nos pide, para el cual Jesús nos da su fuerza y la Virgen intercede por nosotros.

Llevemos a nuestros lugares la convicción de que no estamos solos. Dios y su Amor están con nosotros.

Confiando en el Amor del Padre, en el de su Hijo Jesús, en el de María, queremos ayudar reconstruir nuestras familias, nuestra patria, nuestra  sociedad.

Como lo experimentamos aquí, sabemos que María sigue visitando a su pueblo. Y su visita es eficaz: trae a Dios con Ella.

Confiemos en Ella. Y, así, podremos confiar más en el Señor que continúa queriendo salvar a su pueblo.

En nuestras vidas, personal y social, hagamos realidad el lema de esta Jornada:

¡Argentina: camina de la mano de María!


¡Ave María Purísima!


Mons. Mario Maulión, obispo de San Nicolás de los Arroyos



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