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“¡CONVIÉRTANSE!
¡EL REINO DE DIOS ESTÁ CERCA!”
Homilía pronunciada por Mons. Mario Maulión,
obispo de San Nicolás
de los Arroyos,
en el "Campito" -
25
de enero
de 2003
Queridos peregrinos:
Desde
esta Eucaristía nos unimos al Encuentro Internacional de la Familia
que se está realizando en Manila, Capital de Filipinas. Con ellos y
por ellos queremos celebrar nuestra Eucaristía para la fortificación y
consolidación de nuestras familias.
1.
Hoy, 25 de enero, toda la Iglesia está celebrando la Conversión de San
Pablo. Ocurrió cuando él, celoso creyente judío, (por eso perseguía
ardorosamente a los primeros cristianos provenientes de su nación), se
encontró con el Señor Jesús que se le manifestó identificándose con
los perseguidos. De un modo muy personal y misterioso, Pablo
experimentó la cercanía de Jesús: "Soy Jesús, a quién tú persigues",
le dijo. Allí comenzó el cambio de su vida, su conversión.
2.
En
la Misa que estamos celebrando en estas vísperas del domingo, el tema
que domina, también, en la Palabra de Dios es la conversión que Dios
pide a su pueblo. Y la conversión es también lo que marcó el comienzo
y toda la acción de Jesús.
La
Palabra de Dios tiene una vigencia permanente.
Hoy, se manifiesta de un modo particularmente necesario la urgencia de
la conversión ante la crisis de moralidad que estamos viviendo tanto
en lo personal como en lo social.
Descuidando lo importante estamos cayendo en una vida humana cuyos
fundamentos se debilitan. Lo vemos en la familia, en la sociedad:
cuando se desdibujan horizontes moralmente sólidos, la convivencia
familiar y la social se tiñen de mentiras, de violencias, de
desconfianzas mutuas. Y mientras lo valioso, humanamente hablando, se
debilita, lo que es pasajero y fugaz adquiere un importancia
descontrolada. Por momentos parece que hacemos privilegiar lo
divertido, lo placentero y lo egoísta por sobre lo que hace sólida a
una persona, a una familia y a una sociedad: los valores morales que
son permanentes. Los evadimos, descuidamos nuestras responsabilidades,
las negamos, y nos refugiamos en las cosas fugaces y pasajeras.
3.
Nínive era, en su momento, la capital de una sociedad fuerte, poderosa
e inmensa pero sus valores morales eran descuidados y ridiculizados.
Su fin podía estar cercano. Dios para salvarla envía un profeta.
Aunque era una ciudad pagana, ante la palabra del profeta, esa
sociedad se convirtió.
El
hecho muestra que Dios busca la conversión, busca la salud de un
pueblo. Dios no quiere amargar al hombre: al contrario, el llamado a
la conversión es para despertarlo. Cuando el pueblo responde, la
misericordia de Dios es tan grande y amplia que hasta el mismo
profeta no termina de entenderla.
Porque la misericordia de Dios es infinita. Pero para que esa
misericordia se despliegue, Dios necesita que el hombre y la sociedad
vuelvan su mirada a Él. Necesita la conversión del hombre: por eso la
pide. Porque nos quiere, la pide siempre, también hoy.
4.
El Evangelio que acabamos de proclamar nos presenta a Jesús
comenzando su ministerio.
Destaquemos sus palabras:
"El
tiempo está cumplido". No hay que distraerse. A todos se nos requiere
mirar nuestras cosas. Pero con lucidez, con los ojos de Dios.
"El
Reino de Dios está cerca". Está cerca muy cerca de cada uno. Es
preciso ver el Reino de Dios: es una expresión tan rica y tan densa
que en cada Padre Nuestro pedimos que llegue a nosotros: "Que venga tú
Reino". Expresa a Dios reinando en el corazón del hombre y en la
sociedad. El Reino de Dios, fundamentalmente, es el mismo Jesús al que
acogemos por la fe. Es también el corazón y la persona del hombre con
la Paz y la Vida que Él da. El Reino de Dios, Jesús, está muy cerca de
ti.
"Conviértanse": es decir, vuelvan su mirada a Dios, déjense iluminar
por su Palabra. El pedido de conversión que hace Jesús, (¡es también
una orden o mandato!) es urgente: conviértanse
“Crean en la Buena Noticia”, es decir, tengan confianza en la Buena
Noticia que salva. La Buena Noticia es Jesús mismo en tu vida. Confíen
en Él y háganle caso.
5.
Dejemos que resuenen en esta tarde en nuestros oídos las palabras de
la Virgen en Caná: "Hagan lo que Jesús les diga”. Dirigidas a nosotros
estas palabras son la invitación y el pedido de la Virgen a la
conversión. A poner la mirada en Jesús que está cerca nuestro cuando
nuestra torpeza y nuestra conducta pueden oscurecer la visión y no
dejarnos ver que Dios está cerca. La Virgen siempre nos lleva a
confiar en Él, porque el Señor está cerca de nosotros: su misericordia
quiere abrazarnos y cambiarnos.
6.
San Pablo nos habló de lo fugaz que es nuestra vida. Todo pasa y a
medida que corren los años de nuestra vida, la velocidad del tiempo
parece aumentar. Ni el gozo, ni el placer, ni el poder, ni el tener
son permanentes ni duraderos. No es un llamado ni al pesimismo, ni a
la despreocupación, mucho menos al cinismo. Total, vamos a morir...
¿Qué mas da? No es esto lo que dice la Palabra de Dios.
Esta Palabra sobre lo fugaz de nuestra vida es un llamado a vivir
nuestra realidad diaria con intensidad. Aprovechando el tiempo pero
redimiéndolo. Dándole el sentido de Dios. Por eso hay que mirar todo
con los ojos de Dios.
7.
La solidez a toda realidad humana le viene cuando en ella está Dios:
el gozar, el placer, el dominio, el poder son consistentes pero no
porque sean permanentes (ni lo son ni lo serán), sino que son
consistentes cuando están en Dios: el matrimonio, el negocio, la vida,
aún el dolor, vividos en Dios tienen otra dimensión. Se los vive
intensamente y, viviéndolos en Dios, se los ve con otra perspectiva.
Cuando nos dejamos impregnar por Dios, hacer lo que Él nos indica,
vivimos intensamente nuestra vida diaria, que es hermosa, y es
dolorosa también. Es fugaz pero es el camino que Dios nos da para
encontrarnos con Él. No sólo al final porque ya lo estamos
encontrando aquí. Vivir el matrimonio, la economía, la política, la
convivencia social, la educación, la solidaridad, en Dios. Lo
hemos pedido en la oración de la Misa: Señor enséñanos a caminar en la
vida según sus mandatos. Eso hará que seamos felices.
8.
El Evangelio de hoy concluía con Jesús llamando a los primeros
Apóstoles.
Los
llamó para que estuvieran con Él, para que compartieran con Él su vida
y su destino. Y desde esa suerte compartida los envía para hacer, con
sus poderes, lo que Él hacía: anunciar a otros su Palabra.
Cada uno de nosotros está llamado por Jesús a vivir en Él y a
anunciarlo: el papá y la mamá en la casa, los adultos con los jóvenes,
los jóvenes con los adultos, los sacerdotes con los fieles, los fieles
con el sacerdote.
Anunciar la Palabra es
*
invitar a la conversión,
*
llamar a la confianza en Dios,
*
porque el Señor está muy cerca de nosotros y el tiempo está cumplido,
9.
Como María y con María dejemos que estas palabras nos impregnen:
* confianza en el
Señor,
* conversión a Él
* solidaridad con
los hermanos.
¡Ave María Purísima!
Mons. Mario Maulión, obispo de San Nicolás de los Arroyos
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