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HOMILÍA EN EL “CAMPITO”


Homilía de Mons. Mario Maulión,
arzobispo de Paraná
y administrador apostólico de
San Nicolás de los Arroyos,
25 de
mayo de 2003


Queridos Hermanos.
Bienvenidos Peregrinos:


Quiero dar la bienvenida a Mons. Héctor Cardelli, Obispo de Concordia, Sacerdotes y Consagrados, tanto de nuestra como de otras Diócesis, y a todos Ustedes, queridos Peregrinos venidos desde muy cerca, de san Nicolás y poblaciones cercanas y, sobre todo, de lugares muy distantes. Creo que también hay peregrinos que han venido de Uruguay y de otras partes. A todos Ustedes, bienvenidos venidos a celebrar a Jesús con Maroua, en este día de la Patria.


1.
En nuestra vida desde la fe cristiana sabemos que el amor viene de Dios y es uno solo: no hay amor que no venga de Dios. Aún los amores que aparecen como malos, son una degradación del único amor: todo amor viene de Dios. Y el amor, que viene de de Dios, se proyecta en varias direcciones: amamos a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestras familias, a nuestros amigos, a los pobres, a los hombres, amamos a la Patria. Hoy, siendo 25 de Mayo, de modo especial incluimos el amor a la Patria.

Rezamos por las Autoridades que hoy asumen los destinos de la Patria. San Pablo en su Primera Carta a Timoteo nos pide que así lo hagamos para “disfrutar de paz y llevar una vida piadosa” (I Tim, 2, 2). No hay que reducir esta palabra a lo religioso. No necesariamente piadoso es quien reza mucho a Dios sino originalmente designa a quien tiene un afecto y una actitud de cuidadoso respeto por el otro. Son piadosos el padre y la madre que cuidan a su hijo. Es piadoso el esposo (para con su mujer) cuando es fiel, responsable. Lo mismo la mujer hacia el esposo. Es piadoso el hijo que cordialmente vive la amorosa docilidad y respeto con sus padres. Y, también es piadoso el ciudadano que cultiva el respeto por la persona, la responsabilidad en su función, la palabra dada y mantenida, que defiende la vida y tiene la honestidad como horizonte permanente. Es piadoso quien cultiva el bien común.

Cuando el hombre tiene esta “piedad” para con Dios, siendo dócilmente amoroso y confiado hacia Él, es religiosamente piadoso.


2
. San Pablo nos pide que pidamos una vida así. En este día en que asumen nuevas autoridades para regir el destino de nuestra Patria, oremos por los gobernantes, por la paz, por la solidaridad y la justicia que son las dos caras de la piedad, tanto personal como social, que queremos que se arraigue en nuestra Patria.

Orar hoy por la Patria, por los gobernantes, por los hermanos, es comprometernos a superar enfrentamientos, a desterrar desentendimientos, a mirar al que sufre. Tengamos presentes en la oración a los hermanos castigados por desgracias climáticas o irresponsabilidades graves: los inundados de Santa Fe, los desnutridos que ocupan una gran parte de nuestra geografía argentina: es escándalo que haya imprevisión y desnutrición en nuestro país. Las víctimas y sus familiares de desgracias y de hechos delictivos, todos esos hermanos son los que tenemos que mirarlos porque sufren.

Orar por la Patria no es esperar soluciones mágicas: es rogar a Dios y pedirle fuerzas para comprometernos en formar nuestras conciencias con un sentido social, en formar conciencias sobre la verdad, en vivir moralmente y enseñar a vivir moralmente.


3.
La Palabra de Dios en la Liturgia que estamos celebrando nos pone de lleno en el centro de nuestro amor al hombre y a la Patria:

* El amor viene de Dios. No lo inventamos los hombres. Es Dios que, porque ama, nos pone en la vida para que seamos por Él y como Él. El amor lo recibimos. Hay que cuidarlo y cultivarlo. Olvidando a Dios, el amor se degrada y se desintegra.

* El amor que sale y brota de Dios es abnegado. Dios ama y se desprende de su Hijo para rescatarnos del egoísmo que nos hace duros y, a veces, hasta asesinos. Amamos cuando somos abnegados y cuando pensamos y obramos para el bien del otro.

* Amar es continuar el proceso divino: “Como mi Padre Me amó, así los amo Yo”. “Ámense como Yo los amé”.

* Jesús ama al Padre porque lo escucha y cumple lo que el Padre quiere. El creyente ama cuando escucha a Jesús y cuando cumple lo que Jesús quiere. Y lo único que Jesús quiere es que amemos “hasta dar la vida por los que se ama”, no aparatosamente sino silenciosa, perseverante, incansablemente.

* Amar es superar y trascender el nivel de buscar ser querido. Este nivel es necesario en nuestra vida humana porque somos limitados y frágiles. Pero nunca puede ser el nivel definitivo. Si sólo nos conformamos en buscar ser queridos, nunca alcanzaremos el nivel propiamente humano del amor: el amor es plenamente humano se alcanza cuando nos dejamos elevar por Jesús hasta llegar a “su” nivel que ama no porque Lo quieren sino para que otras vivan.

* Amar es salir de uno mismo, de ese círculo tan cómodo que termina por ser sofocante, que se llama egoísmo, mezquindad, y que luego se degrada en injusticia y hasta en corrupción. Amar es dar fruto, el fruto del Espíritu de Dios que es la paz, el dominio de sí mismo, la alegría serena, la generosidad, la suavidad en la firmeza. Como lo dice Jesús: “Yo los llamé para que Ustedes vayan (no se queden en el egoísmo) y den fruto”, los frutos del amor.

* Amar es tenerlo presente a Él: nos ama, nos elige, nos envía a ser como Él. Es decir a dejar lo propio hasta llegar a asumir el interés y el bien de los demás como propios. Es mucho más que hacer el gusto y la conveniencia propios: es trabajar por la real necesidad del hermano que sufre y necesita. Para esto tenemos que pedir al Señor un corazón como el de Él.

* Amar es ser como Él: humilde. La soberbia destruyó y destruye al hombre por capacitado que sea o por superdotado que aparezca. La humildad salva la grandeza del hombre. La humildad es un cultivo necesario, laborioso, porque la soberbia tiene una raíz muy vigorosa en el corazón humano. Son muchas las obras buenas, las empresas bien iniciadas, bien encaminadas, tanto personales como sociales, que terminaron por desintegrarse por la soberbia. La soberbia facilita el camino a la corrupción.

* Humilde como San Pedro que ante el militar romano que lo quería homenajear espléndidamente, le respondió: “No soy mas que un hombre”. Ojalá que a todos aquellos que pos distintas circunstancias tienen o tenemos autoridad, por el nivel que sea, nunca se nos caiga de la boca esta frase: “no soy más que un hombre”. Así, Pedro pudo sentir cómo el Espíritu lo conducía y actuaba a través de él. En este día para nuestros gobernantes, para nuestros dirigentes, para nosotros que de un modo u otro tenemos autoridad y responsabilidades, pidamos la humildad. Que seamos humildes, que nunca “nos creamos” que somos algo: si algo tenemos es siempre para los demás.


4.
Todo esto lo tenemos sintetizado en María:

* Escuchó a Dios.

* Recibió el amor que viene de Dios.

* Cumplió generosamente lo que Dios le pedía.

* Amó como Jesús: con abnegación.

* Ayudó a escuchar a Jesús y a cumplir lo que Jesús quería.

* Fue humilde y por eso su fruto es duradero: trasciende todas las generaciones.

La Virgen María es modelo para el amor personal, el amor familiar, el amor social.

Recurramos incansablemente a María para que Ella nos lleve a Jesús y Jesús nos lleve al Padre: como Jesús y María, tengamos ese amor que brota de Dios y se expresa en llegar hasta dar la vida por los que uno ama.


¡Ave María purísima!


Mons. Mario Maulión,
arzobispo de Paraná y administrador apostólico de San Nicolás de los Arroyos



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