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MISA DE LOS COMUNICADORES SOCIALES
Homilía de Mons. Mario Maulión,
arzobispo
de
Paraná
y administrador apostólico de
San Nicolás de los Arroyos,
en la misa celebrada en la catedral de Buenos Aires el 6 de junio de 2003
Queridos Hermanos:
En cada
Eucaristía, el Señor actualiza la entrega de su Cuerpo en favor
nuestro y el derramamiento de su Sangre para el perdón de los
pecados.
Cada
Eucaristía, en su voluntad, quiere impregnar nuestra vida para
limpiarla y para darle la vida y la proyección humanizadota que viene
de su Corazón.
Cada
Eucaristía es igual a todas porque Él es el mismo y es distinta porque
sus destinatarios concretos son siempre distintos en su ser, sus
intenciones y motivaciones. Su Voluntad de amor universal viene al
encuentro de nuestras realidades, con luces y sombras, con pecados y
con ganas y añoranzas de solidaridad, de salud, de paz.
Esta
Eucaristía reúne a comunicadores creyentes católicos en la cercanía de
la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Estamos acompañados
por hermanos comunicadores de otras confesiones. Deseo que esta
Palabra la sintamos dirigidas a cada uno, personalmente.
1. A todos, la Palabra de Dios nos ilumina, nos aconseja, nos
interpela, nos brinda la paz. Es Palabra que llega al corazón del
hombre porque sale del corazón e intimidad de Dios. De lo que acabamos
de oír y proclamar quiero destacar:
*
Finaliza proclamando y anunciando la felicidad: nuestro destino es la
felicidad, la plenitud. No es algo ni barato ni mágico. Es más bien el
acompañamiento y el final de una trayecto - la vida - maravilloso y
laboriosos. Por momentos, duro y penos.
* Ese
camino exige el cuidado de no dejarse engañar. Por las
apariencias seductoras, por las verdades postergadas y vendidas, por
los silencios ventajosos. El camino es el del bien y la verdad. Y el
bien y la verdad son dones que vienen de lo alto. Acogerlos,
cultivarlos, proponerlos son nuestra tarea y nuestra gloria.
* Dios da
estos bienes por la Palabra. Y la Palabra requiere, ante todo,
escucha. Cuidadosa y atenta escucha. Nuestra tendencia frecuente es
hablar mas de lo que escuchamos. Santiago nos recomendaba:
dispuestos a la escucha, lentos para hablar.
* Lentos
para el enojo: “La ira del hombre nunca realiza la justicia de Dios”.
Ni la del hombre. Y la propensión a la ira es fuerte, ante injusticias
o ante fracasos. Nadie de los aquí presentes está inmunizado contra
esta tendencia. La lentitud para el enojo abre el camino para la
verdad y el bien.
*
Escuchar la Palabra, requiere limpieza en el corazón: un
corazón manchado por el mal, mancha y oscurece todo.
*
Escuchar no basta: requiere llevarla a la práctica y conservarla:
Es engaño, a uno mismo y a los demás, afirmar que se escucha y se
proclama la verdad, sin cumplirla ni realizarla: no sólo se
descalifica uno. Lo peor, pretende descalificar a la verdad,
intentando hacer de ella un manipuleo para intereses no siempre
claros. Y para la frágil memoria, volver a oirla, continuamente, ayuda
a la conservarla. La Maestra en todo esto es María: Escuchaba,
conservaba, realizaba, trasmitía la Palabra.
*
Finalmente la Palabra pide dominar, ser dueño de nuestras expresiones:
el termómetro de este dominio es el ocuparse, en serio y sin
manipuleos, de los pobres, de los que no tienen, no saben o no pueden.
Este es
un programa de vida para todo creyente. Y, de modo especial, para
quienes, en distintos modos comunicadores. Comunicando palabras,
comuniquemos la Palabra.
2. El relato evangélico muestra la primera manifestación de
Jesús Resucitado a sus Amigos: tiene también enseñanzas para nosotros.
De entre ellas quiero destacar:
1.
Estaban encerrados por miedo. El miedo aisla y paraliza. Y puede
tener distintos orígenes. Pero sus consecuencias son casi siempre el
silencio y la parálisis mental o física.
2.
Desde afuera, Alguien proclama fuertemente la Paz. No es una paz
ilusoria, romántica o lejana. La prueba de que es Paz, es el
resultado: la Alegría porque ven al Señor.
3. La
Paz requiere ser trasmitida a todos, recorriendo el mismo camino
que llevó Jesús: Unido al Padre, unido, dando la vida por los
hermanos. Lo demás, puede ser buena intención pero ineficaz.
4. La
Paz, fruto del Espíritu. Su recorrido es la reconciliación, el
perdón recibido humildemente, ofrecido generosamente.
5. El
obstáculo para la Paz, es el recelo y la desconfianza hacia el
hermano o los hermanos. Como Tomás.
6. La
superación del recelo, disgregador y paralizador, viene también de
afuera, de Cristo, y sólo tiene fuerza cuando Tomás abre el corazón.
Su tozudez nos permite escuchar la proclamación de paz sin límites.
Dirigidas a todos. También a nosotros. Felices los que creen sin
haber.
7.
María, la creyente por excelencia así lo vivió: escucho, creyó,
concibió, dio a su Hijo, conservó su Palabra y trabajo por la
reconciliación y reunión de los hermanos para esperar la Promesa de
Jesús.
Esta
Palabra sea guía en nuestra vida y sea estímulo en nuestra
maravillosa, delicada, comprometida tarea de comunicar.
Mons. Mario Maulión, arzobispo de Paraná y administrador
apostólico de San Nicolás de los Arroyos
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