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MISA DE LOS COMUNICADORES SOCIALES


Homilía de Mons. Mario Maulión,
arzobispo de Paraná
y administrador apostólico de
San Nicolás de los Arroyos,
en la misa celebrada en la catedral de Buenos Aires el 6 de junio de 2
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Queridos Hermanos:

En cada Eucaristía, el Señor actualiza la entrega de su Cuerpo en favor nuestro y el derramamiento de su Sangre para el perdón de  los pecados.

Cada Eucaristía, en su voluntad, quiere impregnar nuestra vida para limpiarla y para darle la vida y la proyección humanizadota que viene de su Corazón.

Cada Eucaristía es igual a todas porque Él es el mismo y es distinta porque sus destinatarios concretos son siempre distintos en su ser, sus intenciones y motivaciones. Su Voluntad de amor universal viene al encuentro de nuestras realidades, con luces y sombras, con pecados y con ganas y añoranzas de solidaridad, de salud, de paz.

Esta Eucaristía reúne a comunicadores creyentes católicos en la cercanía de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Estamos acompañados por hermanos comunicadores de otras confesiones. Deseo que esta Palabra la sintamos dirigidas a cada uno, personalmente.


1. A todos, la Palabra de Dios nos ilumina, nos aconseja, nos interpela, nos brinda la paz. Es Palabra que llega al corazón del hombre porque sale del corazón e intimidad de Dios. De lo que acabamos de oír y proclamar quiero destacar:

* Finaliza proclamando y anunciando la felicidad: nuestro destino es la felicidad, la plenitud. No es algo ni barato ni mágico. Es más bien el acompañamiento y el final de una trayecto  - la vida -  maravilloso y laboriosos. Por momentos, duro y penos.

* Ese camino exige el cuidado de no dejarse engañar. Por las apariencias seductoras, por las verdades postergadas y vendidas, por los silencios ventajosos. El camino es el del bien y la verdad. Y el bien y la verdad son dones que vienen de lo alto. Acogerlos, cultivarlos, proponerlos son nuestra tarea y nuestra gloria.

* Dios da estos bienes por la Palabra. Y la Palabra requiere, ante todo, escucha. Cuidadosa y atenta escucha. Nuestra tendencia frecuente es hablar mas de lo que escuchamos. Santiago nos recomendaba: dispuestos a la escucha, lentos para hablar.

* Lentos para el enojo: “La ira del hombre nunca realiza la justicia de Dios”. Ni la del hombre. Y la propensión a la ira es fuerte, ante injusticias o ante fracasos. Nadie de los aquí presentes está inmunizado contra esta tendencia. La lentitud para el enojo abre el camino para la verdad y el bien.

* Escuchar la Palabra, requiere limpieza en el corazón: un corazón manchado por el mal, mancha y oscurece todo.

* Escuchar no basta: requiere llevarla a la práctica y conservarla: Es engaño, a uno mismo y a los demás, afirmar que se escucha y se proclama la verdad, sin cumplirla ni realizarla: no sólo se descalifica uno. Lo peor, pretende descalificar a la verdad, intentando hacer de ella un manipuleo para intereses no siempre claros. Y para la frágil memoria, volver a oirla, continuamente, ayuda a la conservarla. La Maestra en todo esto es María: Escuchaba, conservaba, realizaba, trasmitía la Palabra.

* Finalmente la Palabra pide dominar, ser dueño de nuestras expresiones: el termómetro de este dominio es el ocuparse, en serio y sin manipuleos, de los pobres, de los que no tienen, no saben o no pueden.

Este es un programa de vida para todo creyente. Y, de modo especial, para quienes, en distintos modos comunicadores. Comunicando palabras, comuniquemos la Palabra.


2. El relato evangélico muestra la primera manifestación de Jesús Resucitado a sus Amigos: tiene también enseñanzas para nosotros. De entre ellas quiero destacar:

1. Estaban encerrados por miedo. El miedo aisla y paraliza. Y puede tener distintos orígenes. Pero sus consecuencias son casi siempre el silencio y la parálisis mental o física.

2. Desde afuera, Alguien proclama fuertemente la Paz. No es una paz ilusoria, romántica o lejana. La prueba de que es Paz, es el resultado: la Alegría porque ven al Señor.

3. La Paz requiere ser trasmitida a todos, recorriendo el mismo camino que llevó Jesús: Unido al Padre, unido, dando la vida por los hermanos. Lo demás, puede ser buena intención pero ineficaz.

4. La Paz, fruto del Espíritu. Su recorrido es la reconciliación, el perdón recibido humildemente, ofrecido generosamente.

5. El obstáculo para la Paz, es el recelo y la desconfianza hacia el hermano o los hermanos. Como Tomás.

6. La superación del recelo, disgregador y paralizador, viene también de afuera, de Cristo, y sólo tiene fuerza cuando Tomás abre el corazón. Su tozudez nos permite escuchar la proclamación de paz sin límites. Dirigidas a todos. También a nosotros. Felices los que creen sin haber.

7. María, la creyente por excelencia así lo vivió: escucho, creyó, concibió, dio a su Hijo, conservó su Palabra y trabajo por la reconciliación y reunión de los hermanos para esperar la Promesa de Jesús.

Esta Palabra sea guía en nuestra vida y sea estímulo en nuestra maravillosa, delicada, comprometida tarea de comunicar.


Mons. Mario Maulión,
arzobispo de Paraná y administrador apostólico de San Nicolás de los Arroyos



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