Documentos  
 

MISA POR EL DÍA DEL PERIODISTA


Homilía de
monseñor Mario Maulión, arzobispo de Paraná y presidente de la Comisión Episcopal de Comunicación Social
Catedral de Buenos Aires, 4 de junio de 2004



1.
En esta Celebración queremos abrir el corazón a la Palabra de Dios y abrir los labios para alabarlo y pedirle por los Comunicadores y Periodistas

En esta Eucaristía, iluminados por la Palabra de Dios, los invito a mirar, más que la función del comunicador, a su persona, con toda su profundidad y en su núcleo más íntimo. Si en la vida humana todo es pasajero y cambiante, la función que tiene cada hombre lo es en gran medida: lo más permanente en él es su persona guiada, orientada, cuestionada, aprobada o reprobada por su propia conciencia personal.

Los creyentes creemos que esta conciencia, en cada hombre, es acompañada por la acción del Espíritu de Dios, que orienta, ilumina, consuela, recuerda, acusa, y sobre todo orienta hacia el bien.

Este momento religioso que estamos realizando en esta Catedral es una oportunidad especial para que dejemos resonar en nuestra conciencia esa voz delicada, incansable, salvadora, que proviene de Dios, procurando nosotros que otras voces o palabras no la oculten ni la desplacen ni la silencien.


2.
Estamos haciendo la Eucaristía. Uno de los primeros testimonios escritos que tenemos sobre la Eucaristía es una carta de Pablo a los cristianos de Corinto. Comienza así el relato: “Lo que he recibido, se los trasmito a Ustedes”.

Trasmite lo que ha recibido, en una serie que arranca con los protagonistas- testigos del Acontecimiento. Lo son porque lo vivieron: son los Apóstoles. Y se continúa en una serie de sucesivos testigos (ya no protagonistas del Acontecimiento inicial, pero si involucrados en el), que llega hasta nosotros. La Eucaristía que realizamos hoy supone toda esa serie ininterrumpida de testigos-transmisores.

La solidez de los testigos-transmisores fue preocupación y trabajo permanente de Jesús: Llamó a los Apóstoles para estar con El, y los envió, para transmitir su enseñanza, su vivencia, hasta los últimos rincones de la tierra.

Lo que transmitirían los testigos –comunicadores, era “lo que habían visto y oído”: el Acontecimiento, por una parte bien humano (Jesús de Nazareth, como dice Pablo “Uno de tantos”) y, por la otra, el Enviado del Padre (el Hijo de Dios hecho hombre, percibido como tal por la fe: así lo dijo Jesús a Pedro cuando este lo reconoció como Hijo de Dios: “El Padre te lo reveló”).


3.
El testigo-trasmisor experimenta que tiene una energía que lo impulsa pero que no le viene de su propia fuerza. Viene de lo Alto: por eso, con serena firmeza dirá: “No podemos callar”. Estos testigos no son fanáticos (más bien son frágiles pero gozan de un saludable sentido común) ni son poderosos ni impostores: transmiten su propia historia personal, afectada y alcanzada por el Acontecimiento de Jesús.

Sienten alegría cuando otros acogen su anuncio. Sienten la presión de aquellos de quienes su misión molesta. Sienten sabor amargo cuando hay quienes descreen, ridiculizan, no atienden o simplemente no atienden el mensaje. Sienten miedo ante la oposición de sectores o dirigentes poderosos.

La función y misión de los testigos-transmisores tiene riesgos y peligros.

a. La tergiversación o negación del hecho: los guardias que custodiaban el sepulcro de Cristo lo vieron vacío, como los apóstoles, fueron también ellos en cierto modo testigos. Pero, sobornados, mintieron tergiversando el hecho.

b. La modificación del hecho: es cambiarlo por fábulas, cuentos o amoldamientos al gusto del oyente o auditorio. El apóstol Pedro reacciona con fuerza ante esto: “No les trasmitimos lindas fábulas sino lo que hemos vivido”.

c. Ocultamiento del hecho por miedo a las consecuencias, máxime frente a los poderosos es la tentación del mimetismo o acomodamiento al gusto de otros.

Frente a tales riesgos, el Señor Jesús preparó a los suyos: “la Verdad es la que los hará libres”. Las mentiras esclavizan. Sólo vive la verdad quien ama de corazón. San Pablo lo dirá; “Haciendo la verdad en el amor”. El amor transforma el corazón haciéndolo fiel, audaz, valiente, veraz, creíble.  El amor sirve a la verdad.


4.
Mirando al testigo - anunciador, vemos rasgos muy afines a la persona del comunicador y del periodista. Vemos su gloria y sus riesgos que son, también,  los nuestros.

Su gloria, su tarea, su misión son transmitir la verdad. Son dar a conocer los hechos en toda su amplitud y su riqueza.

También su riesgo es el ocultamiento total o parcial del hecho. El soborno, el miedo a las consecuencias, el agradar al publico o al patrón de turno, son tentaciones permanentes en toda la historia, en los comunicadores, también hoy.

Son tentaciones que nos alcanzan a todos: no podemos mirar para otro lado diciendo que esto es para los demás, no para nosotros. Es para nosotros. También será para otros. Por eso, ante Dios y ante nuestra conciencia tenemos que examinarnos en nuestra fidelidad a la verdad,  es algo siempre necesario.


5.
Si los tiempos son malos, si el desconcierto y la desilusión abarcan a muchos, si crece la desconfianza y el recelo mutuos, si hay fracturas en la sociedad, en las familias o en las comunidades, la función del comunicador que quiere ser fiel a la verdad se ve enfrentada con dilemas, presiones, ataques o incomprensiones. También su fragilidad y sus limitaciones pueden jugarle en contra hasta el punto de no hacer el bien que ve y aprueba y hacer el mal que en su interior condena.

Para el comunicador que quiere ser fiel, la fuerza y el vigor le vienen de su interior. De su conciencia, abierta a la acción del Espíritu que ilumina, consuela, fortalece.

Queremos sentirnos cercanos a los comunicadores y periodistas, Queremos que nos sientan cercanos. Mutuamente acompañándonos.

Por eso queremos celebrar como Iglesia esta Jornada, queremos orar por los periodistas y comunicadores, por su fidelidad, por su trabajo, por su continuidad en el trabajo, por la alegría y la dedicación en la transmisión fiel de la verdad. La Virgen Maria que recibió el Acontecimiento en su corazón y en su persona, fue trasmisora fiel del mismo: lo dio a luz y lo mostró y lo entregó a los hombres. 

Ella sea nuestro modelo, nuestra intercesora.


Mons. Mario Maulión, arzobispo de Paraná y presidente de la Comisión episcopal de Comunicación Social.



Agencia Informativa Católica Argentina
Bolívar 218, 3er. piso, 1066 Buenos Aires,
Tel. (011) 4343-4397 (líneas rotativas) - Fax: (011) 4334-4202
E-mail: info@aica.org - Sitio en Internet: www.aica.org

Copyright © 1996 / 2006 AICA. Todos los derechos reservados.